Tormentas en la noche, durante el día
La credibilidad de un escritor se mide a menudo por el rasero de la cercanía de sus historias, del mismo modo que la credibilidad de un columnista, como pueda ser Javier Marías (y sé que no es la primera vez que aparece su nombre en este blog, pero creo que últimamente, como suele decirse, está sembrado) se mide con el rasero de encontrar en una publicación aquellas palabras que tú mismo quisieras haber escrito. Ahora que los faraones se mezclan con las “dame commander” y los sociatas de papel couche arremeten también (sic) en la vida privada de otros candidatos, tiene más sentido leer (os recomiendo mientras el artículo entero) cosas como ésta:
“Se tiene la sensación de que unos individuos transitorios, elegidos para solventar durante cuatro años los problemas de cada lugar, se creen autorizados a transformar de arriba abajo esos lugares, las más de las veces irreversible, irreparable y catastróficamente. ¿No es este un desmedido poder? La gente suele estar contenta con sus ciudades, o por lo menos acostumbrada. Les desea mejoras, y reparaciones donde hagan falta, y adecentamiento, pero no mucho más. Lo que desde luego no quiere es que se las hagan irreconocibles? Recoletos-Prado desarbolado, por ejemplo?, y menos aún padecer, todos los días del año, las infinitas obras innecesarias con que nos torturan nuestros alcaldes, casi siempre para peor.”
Mientras, desde mi ventana, desde una altura que todavía se escapa de las ambiciones de los próceres, puede ver el cielo de mi ciudad en una hermosa tarde de primavera, en la que el cielo tuesta las paredes con una luz dorada.

O tener la suerte de ver una lluvia fallida que pinta un famélico arco iris.

Y la noche, la noche a la que siempre acompaña paseantes sin rumbo.

Y las nubes que poco a poco se van acercando…
Mecidas por un viento que hace que un hábito del convento cercano parezca un fantasma sombrío.

Y las nubes crecen, y crecen, y amenazan…


Hasta que se desata la tormenta nocturna.



Mi barrio se está convirtiendo, con permiso de Chueca, en el rincón más trendy de la ciudad. A los escaparates me remito (ojo al espantajo vestido con un bikini de punto rosa, esas gafas y esa gorra, las botas altas y el acompañante, que hoy estaba hasta discreto; juro por el demiurgo que es el escaparate de una tienda cercana, en la que puedes adquirir las gafas de plástico del maniquí de atrás por el módico precio de 140 euros).


Es tan trendy que hasta León de Aranoa está rodando en sus calles su nueva película, poblada de nuevo de meretrices y travestis (esperemos que con el mismo saber hacer que las anteriores). Literalmente he tenido que tener cuidado para no meterme en algún plano rodado en el incomprensiblemente famoso bar El Palentino.

Bueno, pues que mejor que Björk para cerrar este post tan cool. Eso sí, la cabrona sabe de nuevo rodearse de lo mejorcito de cada casa de la más rabiosa actualidad, entre ellos Timbaland o nada menos que el señor Anthony, con el que canta esta vibrante y apoteósica “The dull flame of desire”.
Disco éste, llamado Volta, que contiene la portada más fea que he visto en los últimos años (acoqui).

Pero que hará que de nuevo tenga a la islandesa en mi aparato reproductor favorito durante una temporada. Ya sabéis que es la más .
Tormentas, rodajes, columnas y discos nuevos. Y yo con estos pelos, luchando con la puta astenia primaveral...



2 comentarios
Curioso blog.
Saludos del Doctor, Crítico insolente de Blogs
http://elburladordemitos.blogspot.com/
21 may 2007 | 10:50 AM
Querido Doctor:
Después de tantos meses, a estas alturas y con el debido respeto, me trae bastante sin cuidado que me descubran o no. Gracias, de todos modos, por pasarte por aquí.
21 may 2007 | 11:27 PM
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