Sevilla, por llanto y por nervio (paseos con La Mala)
En las últimas jornadas parece que la ciudad del Guadalquivir se asoma insistentemente a mi alféizar de la única forma que tiene ella de hacerlo: a partes iguales entre la dicha y la pena (y no ciertamente por cierto equipo de fútbol que ha ganado cierta competición; eso lo dejo para otros foros). La muerte y la vida, el llanto y el nervio, se entremezclan enroscados entre jirones de memoria que siempre se asoman a mis recuerdos de una ciudad a la que conozco sino en profundidad, sí lo suficiente como para haber mordido con deleite los tiernos brotes de vida que sabe ofrecer al forastero, probablemente cansado de la sempiterna adulación de los naturales, que llevan hasta el extremo cansino su amor por la ciudad. Sevilla es vieja, y es sabia, y es hermosa como ninguna otra, pero es también recelosa y huraña, pues ofrece a regañadientes las mieles de su panal a quien quiera acercarse, siempre acechante el peligro de que, por ello, te arriesgues a llevarte un aguijonazo. En cualquier caso, pasear de madrugada por el barrio de Santa Cruz siempre tendrá algo de mágico, en esa famosa esquina que separa la calle de la Vida con la calle del Agua.
Pero no es de la vieja Betis de la que quiera hablar, sino de dos ilustres hijos que llevan su impronta desde dos mundos tan dispares y tan hermosamente distantes como puedan ser la socarrona sabiduría de los tabernáculos y el nervio insolente del rap. Así que, como no quedaba más remedio, partí este largo por necesidad post en dos caras muy distintas de la misma moneda. Una es un panegírico por un gran hombre que se nos ha ido: don José Antonio Garmendia; y la otra por una artista marginal que ha dejado de serlo y ya se codea con los artistas menos marginales del hispano orbe: La Mala Rodríguez. Y perdón por la disparidad, pero este es mi blog, y ya sabéis (verbigracia de Adastra) lo que puedo o no hacer con él. Esta será la primera parte, y será protagonista ella. Porque ya iba siendo hora.
Supongo que la propia Mala despreciaría lo que ahora voy a escribir. Es una de esas rara avis que traspasa el terreno de lo minoritario para, sin salirse de su propio tiesto, conseguir estar no sólo en la tierra sino en el cielo de aquello que (nos tememos que incluso ya demasiado) todos conocemos como "lo famoso". La autenticidad de un artista siempre debería medirse con un rasero alejado de la popularidad y la consecución de éxito, pero la ingenuidad es tan absurda como no tener presente que, parafraseando a la propia Mala, "quién no quiere, dime, quién no quiere dinero para gastarlo en la ciudad". Así que asumo el "¡y tú a que vienes!" que a buen seguro me espetaría, y me adentro en el piélago de hablar de la que probablemente sea la artista española más fascinante de los últimos años.
Y evidentemente, el ser merecedor de semejante improperio pasa por algo básico y capital: no soy un escuchante del rap. Es más, casi siempre me suele ocurrir que no puedo soportarlo, simplemente. Llevo encima demasiada música como para saber cuál es mi sonido, o cuáles son mis sonidos, y desde luego el rap no está entre ellos. Y ni siquiera es un problema de no ser capaz de descifrar lo que dicen, algo no sólo asumible a la jerga propia de este estilo, sino porque ni siquiera los raperos españoles pueden captar mi atención. Como casi todas las manifestaciones musicales auténticas, respeto mucho su cultura, pero simplemente no me llega, no me traspasa esa delgada línea que separa el oír música con el escuchar los sentimientos musicales. Eso es tan cierto como respiro, y por eso el reconocer ante cualquier tribunal que soy un fan de La Mala tiene para mí mucho más valor. Y como suele ser la costumbre, me vanaglorio de conocerla y amarla mucho antes de que comenzaran a desfilar personajes (de esperpento, en muchos casos) por su vida y su carrera. Es el precio de la fama, el precio que tiene que pagar cualquier artista que empieza, y que sabe consolidarse.
No voy a desarrollar aquí la carrera de la jerezana, porque no es el momento ni es el lugar. Ni siquiera tendré por qué explicar que, a pesar de su origen, se sienta y ejerza como sevillana (entre otras cosas porque se mudó a Híspalis con tan sólo cuatro años). Tan sólo diré que no conozco a ninguna otra artista con más mordiente a la hora de hacer letras en español que ella. Firmo y rubrico. Aquel “Tengo un trato” que escuché por primera vez en el año 2000 no me pasó desapercibido, aunque bien es cierto que el “formato” no fuera precisamente el más adecuado para que yo me parara a escucharlo. La Mala, desde siempre, se ha sentido rapera, y como tal ha ejercido a uno y otro lado del Atlántico. Su primer elepé, después de alguna que otra disputa con las discográficas, fue Lujo ibérico, editado por Superego (con la participación de Universal, lo que reafirma el que los listos se la tomaran en serio desde el primer momento) y consiguió la nada despreciable cantidad de 50.000 copias, que son muchas copias para un disco de rap. Una imagen puede valer más que mil palabras, pero un sonido… ¡cuánto puede costar! Acá os dejo con “En mi oscuridad hace frío”, y no tengo nada más que decir.
Y también algunas perlas que hacen de La Mala un animal de la palabra (creo que lo mejor que puede decirse de un rapero).
Búscate un trabajo que hacer, algo sano.
Sepa, que sólo tengo el mapa. y el olfato de una perra...
Por el camino loco se pasan calores.
A ti te huele rico a mi me huele tema.
Traíste la penita a mi castillo / caíste tú, se cayeron los ladrillos.
En cualquier caso, esos “aledaños” bien sabían como distanciar a nosotros, fans de La Mala, pero no escuchantes de rap, con el resto de verdaderos amantes de esta música. Bueno, no tengo nada que decir. A mí me puede gustar el quejío flamenco, o ver a una gorda soprano romper el silencio con su garganta, o escuchar a un buen guitarrista de blues rasgar la noche con su guitarra, pero no por ello llevo zarcillos en el pelo, pajarita a los conciertos ni melena al viento. La música es tan universal que por mucho que te miren mal en algunos lugares, tienes el mismo derecho que ellos para apreciar lo que ellos aprecian. Pero también entiendo que lo que hace distinto y marginal (por propia experiencia) jode compartirlo. Así es y así será siempre.
Claro, que la propia Mala sabía que cuando su “Yo marco el minuto” apareció en el strip-tease de Paz Vega (qué raro que esta chica haga un strip-tease) en Lucía y el sexo había dejado de ser una artista marginal para convertirse en un fenómeno trendy. Estaba cantado. Así, su magnífico Alevosía incluía dos primeros cortes que no tenían nada que ver con la marginalidad rapera, sobre todo su “En la hoguera”, maravilloso, tema exquisitamente producido, en el que La Mala abandonaba el rugido por el más suave de los susurros.
Uno de los temas más “comprometidos” del álbum, más allá del famoso “La niña” que seguro que ya conocéis, lleva por título “Jugadoras, jugadores”, y fue utilizado como parte de la banda sonora de la película Yo puta de María Lidón. Algunos de los pasajes, como éste que aquí reproduzco, me siguen pareciendo brillantes.
Por una cerveza por un cigarro, por un paseo en carro por recibir atenciones, por salir en la tele, por miles de millones, por gusto, porque no quedan mas cojones, por ningun motivo, por muchas razones.
Pero no es lo mismo leerlo en frío que escucharlo. Y no es lo mismo escucharlo que incluso vérselo decir a La Mala. Y no es lo mismo mezclar imágenes de la peli y ser suficientemente atrevido como para ser sórdido. Allá va el vídeo, y juzgáis vosotros mismos.
La Mala, La Mala Rodríguez. Como una patá en to la boca. La entrevistó hasta Millás. Y salió en El País como una de las estrellas de la última hornada de músicos españoles. Y fue madre. Y se mudó a Madrid. Y anunció un nuevo disco. Y muchos temblamos, cuando supimos que había colaborado con el ketamita, y que Raimundo Amador también se había pasado por el estudio, y hasta la ahora archifamosa Julieta Venegas había hecho un dúo con ella. Y cuando se había ido a Miami a grabar, y vimos esta foto con el gran artista (sic) cebado como una oca temblamos de los pies a la cabeza.

Y con esa portada incomprensible no quisimos casi ni acercarnos al disco, temiendo lo peor, pero La Mala estaba en todas las esquinas de mi barrio en forma de pegatinas.

Pero el disco es bueno, el disco engancha, y contiene tiros léxico que no pasan desapercibidos, como:
Ser gay está de moda.
Trabajar cuesta mucho trabajo.
Se te va a pasar la vida limpiando el salón.
Yo ya estoy mayor para que me echen freno.
Hacéis buena pareja. Tú la pegas y ella se deja.
Tiro porque no hay otra.
Soy una patá en to la boca.
Me regalo, pero me vendo cara.
Estoy descrita en algún manual, seguro.
Terrorismo es dejar en paro un padre de familia.
Existe un precio, bájate las bragas.
Haz un hoyo y mete el cuello, o pide la baja.
Enciéndeme tú, si crees que sabes.
La Mala ha dado el gran salto. El salto al vacío. En el último disco ella, y sus estrellas, son los protagonistas. Ya no hay segundas voces que rapeen y tomen la inicitiva. Sólo está ella, y convence. Eso sí, YA es una gran estrella, pese a quien pese. Así que, como en esos escasos conciertos que dio en las salas más cool, ya está colocada en los mejores puestos, con casa en el centro Madrid y miles de admiradores. Y mira con desdén por encima de los focos, y te espeta, si no eres de los suyos, con un dedo corazón apuntando hacia el cielo:
¡Que sus den por culo!
Gira sobre sus talones y abandona el escenario.
Gran tipa, La Mala.

3 comentarios
Hola , pertenezco al staff de una pagina sevillista , estamos empezando y agradeceriamos mucho que nos colocaran en paginas amigas , para poder empezar con buen pie.
Muchas Gracias
La direccion de la pagina es http://WWW.GUARDIANESDENERVION.COM
Gracias una vez más.
27 may 2007 | 10:41 PM
Que entrada más currada/documentada. Me ha gustado mucho.
Me pasa como a ti : no me gusta el rap, hip hop y similares.
Pero "la mala"...mmm hace otra cosa,ella es su propio estilo. Flexible y versátil.Rapea, canta, se arranca...
Enganchan esas letras contundentes qeu te habría gustado escribir a ti por que te sientes identificado con ellas y, encima ,se permite el lujo de jugar con las palabras, de hacer juegos malabares...definitivamente tiene duende, talento e inteligencia.
En el directo ha ganado en presencia, en sensibilidad,en contundencia.
No me gusta que se convierta en fenómeno de masas, pero indudablemente será un "must" esta temporada. Se ha convertido en Diva divina.
Entré a saludarla tras el concierto el sábado pasado y lamento decepcionarte(g g ) pero no es nada "mala", la vi muy serena, cariñosa y tierna con los que allí acudimos(esto qeu quede entre nosotros).Ya no odia, como ella dice y le va mejor...yo diría, mucho mejor.Y se le nota.
Hoy descubrí tú blog y me ha gustado, me pasaré más por aquí.
Gracias por la entrada y saludos
16 jun 2007 | 01:19 AM
muy buena crónica! yo llevo escuchando rap casi toda mi vida, entre otras músicas, y sobretodo, no estoy dentro de la categorizacñión "raper" ya que me dedico al reggae más que nada. Sscuche a la Mala allá cuando se conocía como Mala María y cantaba con La Gota Que Colma, un gran tema llamado "a jierro" me llegó y supe que era otro rollo allá por el 99 y a dónde iba a llegar esta artista se olía pero no se imaginaba. Tiene una gran lírica y una voz que esta en intentos de otras personajas pero que solo se quedan en imitaciones.. Su ego lo dice todo y lo demuestra, quien vale vale.
Tirando yo más hacia la musica reggae y dancehall os recomiendo el tema : "Muerte en vida" de la Mala en un recopilatorio de reggae nacional llamado "Bien Sobre Mal vol. 3"
Un saludo Polidori!
3 jul 2009 | 04:03 PM
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