Mierdísimo (o como cagarnos en el arte con Manzoni)
El bueno de Piero Manzoni se retuerce divertido en su tumba.

Desde que vio la exposición en Italia de Yves Klein, compuesta por once cuadros momocromos de azul ultramar, perfectamente iguales, pero de precios distintos por “estar impregnados de una diferente sensibilidad pictórica”, ya nada fue lo mismo (éste no sé lo que costó, pero así debían lucir en su momento).

Así, no es de extrañar que Manzoni fuera uno de los responsables del Manifiesto para una pintura orgánica. Con su serie de ácromos, con la idea de un espacio "privado de toda imagen, o sea, puro color, signo o materia, un espacio primario que se identifica con el grado cero del cuadro" empezó en esto de reírse del personal con “eso que llaman arte”. Y a sacar pasta por donde fuera (que es al fin y al cabo para lo que quieren dedicarse todos los artistas que ahora son, a forrarse, pero a éste no le iba el tema ese de los escrúpulos), como con su “esculturas neumáticas”, cuarenta y cinco cuerpos de aire, con un diámetro máximo de 80 cm, fabricadas en serie y vendidas en un principio por tres mil liras.
Manzoni era un puñetero loco y un maravilloso provocador. Tuvo hasta la idea de hacer una línea de longitud infinita, nada menos que ideando un proyecto de trazar una línea blanca a lo largo de todo el meridiano de Greenwich (¡con dos!). Y le molaba aquello de traspasar, transgredir aquello que se conoce como “espacio artístico” con, por ejemplo, sus “esculturas en el espacio”, esferas mantenidas en suspensión por un chorro de aire circular; o sus “cuerpos de aire de luz absoluta”, que giran vertiginosamente creando un volumen virtual.
Antes de morir dejó algunas de sus mejores perlas: un cubo de bronce situado en el Herning Kunstmuseum que, con el título de “Base del mundo, base mágica nº 3” quiso incluir “el mundo entero”.

Y lo más conocido de su “producción”, noventa latas de conservas con su propia “mierda de artista” en la que, con una etiqueta realizada por él mismo, aseguraba que ésta se encontraba “frescamente preservada”.

Un perfecto contenido para el continente más famoso del vanguardista Duchamp, su celebérrima Fuente de 1917, un urinario, lo que se llamó “ready-made”, o mejor dicho, “esto es arte porque me sale a mí de las gónadas”.

Manzoni, como Duchamp y tantos otros (en una hermosa tradición que comenzó en el propio Goya), gustaba de sacudir los cimientos del arte académico, pero lo cachondo es que lo sigue sacudiendo después de muerto: la casa de subasta Sotheby´s acaba de vender una de esas latas por algo más de 120.000 euros. Esto supone que el gramo de mierda del artista sale por 4.113 euros, pues cada una de ellas tiene, aproximadamente, treinta gramos.
El bueno de Manzoni está representado en la Tate (también con una de sus latas “enmarronadas”, comprada, no sin la esperada polémica, con dinero público), e incluso en el Reina Sofía. Pero eso del arte conceptual es tanto más divertido cuanto mayor sea la cantidad que un pringao puede pagar por mierda (como es el caso) o por un res muerta (en el caso de Damien Hirst) o “aliento de artista” metido en un globo (como en el caso de Ron Jones).
En este mundo de mierda es bueno que el arte haga estas cosas. El que un artista haya sido capaz de vender sus excrementos, y que por su inmundicia se haya pagada semejante cantidad de dinero, es un síntoma de que aún quedan esperanzas. Todavía hay gente que no nos toma demasiado en serio.
Me encantaría saber lo que daría Piero por vender sus huesos...
P.D.: Y en otro orden de cosas. A pesar de que la industria del disco iba a desaparecer con la piratería, y de que los grupos tienen que pasar por el aro de la convencionalidad para vender (que diría Ramoncín y Tedy Bautista, digo yo), hay unos tipos que se llaman !!! que hacen cosas como éstas. Tened cuidado de no romper algo cuando la pongáis a todo meter en vuestros reproductores.



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