La Coctelera

Las manos en los bolsillos

Summercase 2007: vibraciones en el puto pedregal. Jornada segunda

El sábado pudimos ir algo más temprano, después de haber dormido en casa (es lo bueno que tiene tener el festival cerca) y descansado convenientemente. Así que pudimos llegar a tiempo de ver a uno de los grupos de la tarde a los que teníamos más ganas, Editors. Antes de hablar de ellos, vaya una foto de día del puto pedregal, para que os hagáis una idea de la tortura a la que estábamos sometidos.

A poco que comenzaron los primeros acordes, parecía que un sobrino de Ian Curtis se hubiera subido al escenario con unos colegas y estuviese dando un repasito musical a los frustrantes Interpol, a los que sufrí en directo tiempo atrás en La Riviera madrileña. Editors sonaban como sonarían en su tiempo mis añorados The Chameleons, con riffs de guitarras que recuerdan mucho a Big Country, y que recuerdan a veces también a los iniciadores de todo esto, Joy Division. El único problema que el buen sonido y las mejores intenciones no siempre bastan para suplir la falta de carisma, y aunque dieron un concierto digno (teniendo en cuenta lo temprano de la hora y el handicap que siempre supone tocar de día), a la cuarta o quinta canción las buenas vibraciones se fueron apagando y dejaron un simple buen sabor de boca. Para comenzar no estaba nada mal, después del fiasco del final del día anterior. Allá van el testimonio gráfico, tomado muy de lejos (lo sé), pero así captáis mejor el ambiente.

De la supuesta nueva sensación británica Lilly Allen, sólo puedo decir que no me interesó nada. Si me hubiese pillado en 1988, cuando la onda jazzy campeaba a sus anchas a lo mejor le hubiese hecho algo más de caso, pero esa mezcla de soul a medio gas, reggae manidito y buenrollismo vespertino no me pareció lo más adecuado para pasar el rato, así que me acerqué, hice alguna fotos y me fui. Y el personaje principal de ellas fue una tipa vestida de novia que, gracias al Ep3 (o no) me he enterado de su nombre (Loren), de su nacionalidad (británica) y de su historia (con lo poco que me interesaba, la verdad), pues era innegable que resultaba curioso ver a una tipa en mitad del pedregal de esa guisa... Bueno, allá va una foto, bolsito incluido, para que la veáis vosotros mismos y comprobéis lo que se puede ser capaz de hacer para llamar la atención.

Lo cierto es que, antes del concierto de laputaama no teníamos gran cosa que hacer, así que nos pasamos un rato para ver al rey de los ingenieros enrollaos, el Sr. Chinarro, para comprobar cómo puede tocarse rock dentro de un bonito Lacoste. Lo siento por los fans, pero no es precisamente un artista muy apreciado por éste que os escribe, básicamente porque no me gustan los perdonavidas encima de un escenario, a no ser que tengan tal calidad que realmente te perdonen la vida desde allá arriba. Y eso que era una de las escasas aportaciones hispanas al festival, pero el caso es que aprovechamos para dar una vuelta por la zona de las tiendas, recoger utilísima (sic) información sobre las drogas y comprar una camiseta graciosa a la par que "elegante" que me trajo a la memoria a cierto grupo efímero y cachondo, llamado Chicks on Speed, que fue el protagonista de nuestro grito de guerra del Primavera Sound barcelonés de 2004: ¡We don't play guitars!

Bueno, requiebros aparte, se iba acercando la hora de verLA y nos fuimos acercando a la carpa para intentar ir cogiendo sitio. En ese momento no sabíamos qué hacer, porque el calor era asfixiante y la carpa estaba comenzando a llenarse de gente. Y de hecho, no me extraña que en Barna tuvieran problemas de espacio, porque la gente prefirió tomar el camino migratorio y volar hacia las carpas y dejar a los Phoenix me imagino que bastantes solo porque la mismísima Polly Jean estaba a punto e aparecer en un escenario eminentemente intimista y que anticipaba el espectáculo que estábamos a punto de contemplar.

Mirad, sé que se me ve el plumero con esta mujer, pero, después de verla tres veces creo que estoy en situación de poder afirmar que, hoy día, nadie sabe mejor que ella llenar un escenario y quedarse con el público en el bolsillo. Pero es que esta vez estaba ella sola, y embutida en un vestido de dudoso empaque (y que una asistente definió como atrezzo perfecto para cantar La verbena de la Paloma). Pero cuando la cosa comenzó, una vez que los jaleos de los incondicionales (¡presentes!) dejaron que la putaama comenzara su actuación, P.J. Harvey comenzó a deleitarnos con un buen puñado de canciones de aquellas que, o bien no suelen aparecer en los conciertos "enchufados" o bien tuvieron un giro peculiar que, por ejemplo, en el caso de "Send his love to me" o "Angelene", fueron especialmente emocionantes. Los problemas de sonido y el gentío excesivo hizo que lamentáramos no poder haber visto el espectáculo en una sala mejor acondicionada, pero estaba claro que el Summer Case 2007 ya tenía un hueco en nuestra memoria y en nuestro corazón, después de habernos deleitado con una artista que, sólo con una guitarra, un piano o un pedal distorsionador fue capaz de mantenernos en vilo durante una hora aullando, por momentos, de placer. Y no estamos hablando precisamente de un concierto acústico, ni de un puñetero umplagged, sino de un intenso concierto que, por momentos, resultó ciertamente atronador. Creo que va a pasar bastante tiempo para que vea algo parecido. Y siento no poder ofreceros una foto mejor. Sólo conseguí una en condiciones, ésta:

Tiraremos, pues, de otras fuentes, en este caso de Informativos Tele5.

Una vez pasada la euforia... ¡qué hacer! A los Flaming Lips ya los he visto en otros festivales, así que preferí ir a ver que hacía una de las bandas que más ganas le tenía, los noruegos The Whitest Boy Alive, banda paralela a Kings of Convenience y liderara por el "feo" del grupo, el simpático y pelín histriónico Erlend Øye, que con su nueva banda nos hizo pasar un buen rato con el buen hacer de los grupos de estos lares y un pop fresquito y bailongo, que hizo las delicias de todos los que estábamos en la carpa pequeña.

Tras esto, no era mal momento para reponer fuerzas y ver mientras como Astrud volvía a dar una buena lección a aquellos que ven en ellos un simple grupo "gamberro" y flojito; lo cierto es que volvieron a dar un buen y contundente espectáculo, pero no difería demasiado del que dieron el año anterior, por lo que sólo les vi un rato, pero suficiente para poder dejaos una nueva foto.

Al poco me dispuse (al final solo, por el típico despiste festivalero con el resto de acompañantes) a ver a otro de los grupos al que tenía bastante ganas, Arcade Fire. Bien, veamos; posiblemente los canadienses tenían demasiado que demostrar, como ya os conté en el post que escribí sobre su segundo disco, y además tienen el problema de que sus canciones, en general, son verdaderos himnos que en directo adquieren aún mayor condición de tales, por lo que no era de extrañar que el "grupo del año" pasado hiciera que el puto pedregal se llenara de gente expectante y que éstos corearan uno a uno todos los temas al grito de "ohh ohh, ohh", lo cual no es precisamente demasiado glamuroso. Pero, en fin, creo que es justo decir que estuvieron muy bien, dieron un concierto más que correcto, cumplieron las expectativas y nos hicieron pasar un buen rato con sus canciones y las evoluciones de un grupo de los clasificados como "piara", por la cantidad de músicos que hay en escena (creo que conté doce); ved sino la foto, un poco lejana pero elocuente de cómo lucía el escenario.

Y vayamos al segundo gran momento de la noche y del festival. Pero grande, grande. Desde aquí puedo ya decir que ¡viva la madre que le parió!, la madre que parió al más grande vampiro musical de los últimos tiempos, el señor James Murphy, líder de la banda más contundente, vibrante, apasionante y divertida en directo de los últimos tiempos, y que dejaron por los suelos a los esperados !!!, los magníficos e increíbles LCD Soundsystem. He dicho.

Ya los disfruté hace unos años en Madrid, pero la noche del sábado dieron un espectáculo magnífico que nos hizo botar, saltar, gritar y quitarnos unos cuantos años de encima. Y todo ello a pesar del antiglamour de un grupo que no necesita grandes puestas en escena ni parafernalia, sino un puñado de impresionantes músicos, una teclista nipona más que solvente y la cabeza espléndidamente amueblada de un Murphy en estado de gracia que sabe meter en la coctelera lo mejor de todos los grupos que llevamos escuchando durante décadas y presentarlos ante el espectador con un apetitoso y nutritivo aspecto. En concreto, hubo un momento en el transcurso de "All my friends" que sonaron como a New Order siempre le hubiese gustado sonar, y a algunos se nos dibujó una enorme sonrisa de agradecimiento en nuestras caras. No me extraña que tipos como Mark Smith, líder de los añejos The Fall, le tilden directamente de gilipollas, porque debe joder, y mucho, que un tipo como éste, al que se la pela el aspecto externo y el formato de su música saque, en los tiempos que corren, lo mejorcito de cada casa y con un directo estremecedor. En fin, junto con laputaama, los vencedores, sin paliativos y por goleada, del festival. Palabrita de Niño Jesús. Y si no, os recomiendo que volváis a escuchar esa joyita que es su último disco, The sound of silver. Me lo agradeceréis.

Y ahora, sique sique, qué más. Estábamos con la misma sensación que tuvimos cuando salimos del tan recordado concierto (quizá el mejor de mi vida, y eso es mucho decir) de Kraftwerk de hace unos años. Pues sólo pudimos gastar nuestro último ticquet de bebida, comprobar cómo estaba el percal a esas horas ya de la madrugada, echar un vistazo al concierto de Scissor Sisters que a ratos parecían una versión cutre de Fleetwood Mac y a ratos eran hasta divertidos, agradecer que J no había bebido y me iba a llevar a casa y desandar el camino con el bueno de Murphy sonando en el equipo camino del hogar con una sonrisa en los labios y la sensación de que, a pesar de los pesares, a pesar de que pesan más los años que los kilos y de la marabunta agotadora, el Summer Case 2007 había terminado muy bien. Había terminado de puta madre.

En fin, como reza esta sección, recuerdo la máxima Morriseyana de "remember the songs that save your life" y os recuerdo que la música es lo único que, en muchas ocasiones, nos salva.

Bueno, y unas buenas vacaciones, y las duchas estentóreas, y tu piel. Pero eso es otra historia. Y la del festival termina aquí.

Espero que la hayáis disfrutado.

2 comentarios

  1. Nuestras crónicas coinciden bastante, PJ Harvey fue la puta ama del festival y para serlo tan sólo necesitó una guitarra y su brutal garra. Arcade fire ganaron mucho en directo, sus discos ya no me molan tanto y LCD Soundsystem son una apuesta perfecta para bailar.

    Saludos

  2. Bueno, entonces a pesar del pedregal y del gentío, mereció la pena, ¿no?

    Que conste que me has dejado intrigado con esos noruegos a los que no conozco y que po lo que dices prometen, además de con esos chicos que recuerdan a los Cahmeleons y a Big Country.

    Yo me hubiera ido directo a ver a los Flaming Lips. Que le vamos a hacer, viejas debilidades de un servidor.

    Saludos !

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