La Coctelera

Las manos en los bolsillos

Todos somos Edwin Moses

Los que me leéis (y no me comentáis) sabéis de mi inevitable querencia hacia la nostalgia. Porque sí, porque ya tengo unos años y porque es inevitable que las señas de identidad que han pasado por tu vida se vayan apagando y tú seas el más adecuado para sacarlas brillo y ponerlas en un rinconcito de tu chimenea (si la tuviera).

Pero si hay algo en lo que uno nota que se van pasando los años (teniendo en cuenta que, gracias al demiurgo, sustituí la mili por la objeción) es en cómo cuenta las viejérrimas batallitas deportivas. Obviando que las hazañas en paños menores (deportivos, se entiende) ahora sólo pasan por un mantenimiento de una forma mínima para que no pueda considerarse patética, uno tiene sus recuerdos deportivos más o menos destacables. Y a pesar de que ahora juego al baloncesto y al tenis, mis deportes "de verdad", en los que he estado federado han sido el balonmano y el atletismo. En el primero, como juego colectivo, no he dejado de ser uno más de un equipo que se mantenía, con cierta facilidad, en la parte alta de la parte media de la primera división cadete de Madrid; pero en el atletismo, y más en concreto, en el lanzamiento de disco, sí que puedo decir con orgullo que una vez fui campeón de la Comunidad de Madrid en categoría infantil, con doce años, como puede comprobarse en un viejo y amarillento periódico de 1981 (que conservo, por supuesto), donde aparece mi apellido y una marca de 31,56m. Sé que es una chorrada, pero me sigue haciendo una ilusión tremenda hojearlo y acariciar las viejas medallas como si fueran monedas antiguas o condecoraciones de honor. Así somos los humanos, basurillas por naturaleza.

Todo esto viene porque el estadio donde viví aquellas viejas y modestas glorias, el Vallehermoso, va a ser demolido. En este caso para hacer un gran parque y un nuevo y remozado estadio de atletismo, mucho más grande y mejor acondicionado. O sea, no es una mala noticia, pero, al igual que os contara en el parking de la plaza de Santo Domingo hace unos meses, siempre que algunos de los signos de aquel Madrid en el que viví se pierden no dejo de sentir una punzada en el estómago. Eso es lo que me pasó hoy al leerlo en el periódico.

Ésta es la foto "oficial" que aún puede verse en la página de las instalaciones municipales...

Y éste es el aspecto que tenía desde el aire, gracias a google maps y Google Earth:

En los últimos tiempos era un estadio reservado únicamente a las competiciones de las categorías inferiores, pero también vivió un pasado de cierto esplendor, donde las grandes, las enormes figuras del atletismo del momento compitieron en sus pistas. Y en ellas tuvieron lugar algunos hitos deportivos de enorme calado en su momento, como en 1987, donde nada menos que Carl Lewis corrió los 200 en 19,92, o donde el gran Edwin Moses perdiera, por primera vez en diez años, una carrera de su especialidad, los 400 vallas. Ricardo Gutiérrez dejó constancia del paso del grandísimo Moses en una foto rescatada hoy por en enlutado El País (al fin y al cabo España debe mucho, para bien y para mal, a Polanco).

Pues sí, llamadme nostálgico empedernido, que no me ofenderéis. El nuevo estadio será mucho mejor y más moderno, pero para mí siempre quedará en la memoria aquella mañana de sábado en la que los altavoces dijeron mi nombre y yo me subí, con mucha timidez, a un podio improvisado en medio del estadio esperando que un tipo se acercara con nuestras medallas ante la desidia reinante durante mi momento de gloria. No hubo cámaras ni más recuerdos, pero emociona ver fotos como éstas, robadas de la red y que son de hace muy poco, en la que puede verse a varios menores haciendo lo mismo que hacíamos nosotros en su época: competir por nuestra minúscula gloria en el viejo estadio de Vallehermoso.

La vida sigue. Impepinablemente. Así que, como el viejo Moses, seguiremos viendo las viejas fotos de otros tiempos que nos recuerdan lo grandes que fuimos. Aunque fuéramos unos niños, y fuera sólo por unos momentos.

1 comentario

  1. Qué bonito... Entiendo esa sensación perfectamente, y me he ido a la época en la que yo empecé a jugar al tenis de mesa. Duré sólo 5 años en competición y jamás gané nada. Éramos muy malos, pero le poníamos empeño. Lo más parecido a tu podio fue una camiseta por haber participado en unos juegos especiales, y sí, me nombraron. Y recogí la camiseta que aún conservo. Tenía 10 años y era 1990.

    Cuando ya fui un poco más mayor me dio por el voleibol, y ganamos tres ligas: una juvenil y dos seniors. Grandes momentos en equipo.

    Gracias por hacerme recordar esos momentos, Poli.

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