La Coctelera

Las manos en los bolsillos

Estivo quejido

Éste, casi con toda probabilidad (a no ser que tenga tiempo de subir algunas fotos que he hecho últimamente), va a ser mi único post de agosto. No es que sea, precisamente, una noticia que me llene de orgullo y satisfacción (sic), pero es la realidad, qué le vamos a hacer. Al fin y al cabo es una prueba fehaciente de varios hechos que vienen repitiéndose en los últimos tiempos: que apenas tengo tiempo de escribir en este espacio, que me he convertido (muy a mi pesar) más en un lector de blogs que en un blogger (algo que, en definitiva, nos está ocurriendo a casi todos) y que tengo cierta sensación de frustración que me lleva irremisiblemente a la desidia “bloguera” porque, a pesar de las estadísticas (sobre todo por el número de visitas), no me siento muy acompañado. Sé que yo soy el primero que lee diariamente muchos blogs y es raro en el que dejo algún comentario, pero creo que esta aventura necesita un cambio de rumbo, y creo que voy a aprovechar el asueto estival para intentar encontrarlo.

Sé también que este texto es una especie de examen de conciencia que hago conmigo mismo. Y también sé que aquellos que me leen no les interesa para nada los motivos que tenga para ello. Pero es evidente también que necesitaba hacerlo. Esto nació por una razón que ya quedó obsoleta hace tiempo, y nunca supe dónde estaba la frontera entre lo que salía simplemente de mis meninges en este espacio y lo que tenía de “informativo”. Supongo que precisamente lo que pueda ser interesante (o no, claro) para aquellos que me leen es mezclar la simple información que llega a mis manos con lo achacable puramente a mi propia experiencia. Así ha sido desde el principio de los tiempos (allá por octubre de 2005), y hasta ahora sigue siendo el motor que mueve este espacio (al margen de mi pasión, pura y simple, por escribir).

Pero ese motor funcionaba bien cuando estaba bien engrasado, e imagino que respondía más a la situación en la que me hallaba hace ahora más de un año. No era sólo ilusionante, sino que mi blog era algo vivo que necesitaba alimento continuo, un “más madera” marxiano que ocupaba una parte importante de aquello que eufemísticamente llamamos “tiempo de ocio”, y que yo más veo “tiempo de vida”. Ahora mi existencia es muy distinta, y me siento muy afortunado por ello. Y si la obligación que antaño quería ver en esta página era “devocionaria”, ahora es simple obligación, por no claudicar, por no abandonar la nave ni decir que yo tenía un blog. Me sigue asaltando la pulsión de tener cosas que contar, y siento parecido placer en verlas plasmadas en este espacio coctelero. Pero creedme si os digo que son escasas las ocasiones en las que esto se hace realidad, y más en las que las historias, por muy jugosas que sean, se quedan en el limbo del papel apuntado, la idea en la agenda o el simple asalto emocional registrado en los vericuetos del cerebro. Y eso ciertamente sí que es frustrante.

Ha habido ya demasiados cadáveres blogueros (algunos muy exquisitos) desde que comencé a interesarme por las también llamadas bitácoras. Algunos autores que leía con deleite han desaparecido del mapa hace ya mucho tiempo, y otros que a duras penas aguantan tan sólo nos regalan con sus cosas muy de vez en cuando. Salvo insignes excepciones, y algunos que se han convertido en verdaderos “profesionales” de esto, el fenómeno de los blogs está ahora más tranquilo que antes, más asentado. Es ley de vida. Pero, claro, como nos pasará a todos, mi lista del Reader es cada día mayor, y ya no puedo pasar de leer (de leeros) a todos como no puedo pasar de leer los periódicos, o de ver las noticias. Me sigue pareciendo fascinante este pequeño y a la vez inmenso universo, como me sigue pareciendo fascinante todo lo que he aprendido y disfrutado con el simple placer de la lectura. Y me resisto a convertirme yo mismo en un cadáver.

Es hora, pues, de reflexión. Algo tengo que hacer, y pronto. Ya ni siquiera espero palabras de ánimo, porque no es algo deprimente o depresivo. Nosotros, todos, somos siempre que estemos en los demás, porque lo que experimentamos en nuestras propias carnes, en cada poro de nuestra piel, sólo lo sabemos nosotros mismos. Puede que todo quede como está, o puede que todo cambie. En cualquier caso, parece que el rincón de Polidori aún se resiste a desaparecer, pero digamos también que está tocado. Tocado, que no hundido. Quizá dé tiempo a encontrar la solución antes de que alguien encuentre la maldita combinación de número y letra que dé con todo al traste. Mientras, intentaremos saltar de casilla, al solaz de una buena cerveza en algún rincón costero.

En cualquier caso, feliz verano a todos. Se os quiere.

5 comentarios

  1. "Todo blog de más de un año de antigüedad tiende a desaparecer".

    Todos hemos caido en esta falta de ganas de escribir (por unos u otros motivos), o de publicar, o de actualizar, todos hemos tenido ganas de aumentar lectores y recibir comentarios... Es una cadena como una "Mini-vida". De alguna manera, que no me gusta y no me expico,( o no quiero explicarme) nos sentimos en cierto modo obligados a publicar, por esos lectores, por esos amigos que se van haciendo.

    Y lo que me duele (y tampoco me explico) es ver que no caen (desaparecen de mi entorno) blogs, ni bloggers, sino personas, historias, vidas que sigo, que aprecio, y a las que cojo cariño, nada incexplicable, a las que en muchas ocasiones pienso que sería interesante conocer, charlar, intercambiar impresiones...

    Leyendo determinados blogs, como este -todo sea dicho-, uno se ve menos solo en su mundo de inquietudes, y se siente menos loco, o loco del todo, por fortuna.

    No diré que tengas suerte,ni que no te vayas, nique blablabla, pero sí admito que quedará un hueco hondo entre mis lecturas cotidianas.

    Un abrazo, Poli.

  2. Mañana se cumple mi primer aniversario como autor de una bitácora. Y las mismas reflexiones que has tenido, me las planteo yo. Casi suscribo letra por letra lo que has escrito.

    Son muchos los que empiezan y pocos los que continúan. Animo.

  3. Gracias a ambos.

    A Antares porque... ¡qué decir! Y a Bateman, por seguirme, que sé que lo haces.

    Un abrazo.

  4. Bueno, como podrás ver, éste es mi segundo comentario del día...se nota que estoy de vacaciones también, no?
    El tiempo. Ese es en mi caso el culpable de que hayan caido en picado mis post y los comentarios en las páginas de la gente que no he dejado de leer, pero con menos asiduidad, todo hay que decirlo.
    También es cierto que en estos últimos diez meses mi vida ha cambiado tanto y me han sucedido tantas cosas que el poco tiempo libre que he tenido se me ha ido entre adaptarme a los cambios y en digerirlos. Más de una vez me he sentado con intención de escribir sobre ello. Pero desgraciadamente, no he sido capaz de escribir nada coherente....esa es una de las consecuencias de dejar de darle a la tecla en este querido espacio...cada día escribo peor!!!
    En fin chico, coincido con Antares....haga su merced lo que más le plazca, pero si se va...se le echará de menos.
    Un beso y felices vacaciones!

  5. albanta

    Aquí una de las blogueras desaparecidas... ¡Qué decirte! A veces me da pena ya no tener un blog, ya no poder decir: esto va al blog. Y a veces me da pereza pensar en volver a tener uno. Para explicar qué, para decir qué que no haya dicho alguien antes... La incertidumbre siempre acompaña, pero tu blog sigue gustándome.

    Un beso, mi querido amigo :)

    Mònica

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