¿Recuerdas aquel Eurobasket?
Resultaría del todo punto estéril y pueril que yo me dedicara aquí, aprovechando la coyuntura, a hacer una especie de "menosprecio de fútbol y alabanza de basket", como si fuera un moderno Guevara metido a oportunista crítico deportivo, pero es que siempre he tenido claro que, por las razones que sean, que son muchas, el basket, el baloncesto ha sido mi deporte favorito no sólo para practicarlo, sino para verlo en la pequeña pantalla y (mejor aún) en la cancha. Tampoco pretendo aquí ganar adeptos para la causa, y conseguir que los empecinados antideportistas dejen de desgañitarse poniendo verde a cualquier manifestación cultural que tenga que ver con seres humanos, no importa el género, en prendas menores haciendo cualquier actividad competitiva y que necesite un esfuerzo físico, pero hay varios deportes que, desde mi punto de vista, y al margen de prejuicios antiprofesionales muy comprensibles, deben ser ensalzados y elevados a la categoría de (rásgense las vestiduras) "arte", a saber, el atletismo, el rugby, el balonmano y el basket. Hay también deportes, como el tiro con arco o, qué sé yo, el billar que por minoritarios no pueden tener la dimensión que tienen los anteriores, y otros, como el ciclismo, que están heridos de muerte, pero eso es harina de otro costal y no pretendo meterme de lleno en analizarlos en esta breve reflexión. Dicho queda.
El deporte es embrutecedor, zafio y propio de gente con escasa intelectualidad. Bueno, podría parecer eso, pero no siempre ocurre así. Si hay un deporte universitario (al margen del mencionado rugby) por excelencia es el baloncesto, y eso ya es decir mucho. Casi todos los grandes aficionados que conozco al deporte de la canasta son gente de carrera. Y con esto no quiero decir que sea una categoría excluyente, pero sí que tiene mucho que decir en cuanto al concepto de espectáculo deportivo que supone el baloncesto. Como dice un amigo mío, la cosa no deja de ser meter la pelotita por el cestito, pero el devenir brillante de los equipos en la cancha, el estilo y la técnica que atesoran los grandes jugadores, y lo que es capaz de hacer un buen equipo bien coordinado y bien dirigido sólo lo saben aquellos que saben apreciar el baloncesto no sólo como simple manifestación deportiva, sino como el referente cultural que considero que es. Y cuando digo esto recuerdo los partidos en blanco y negro que solía ver cuando era un adolescente. El baloncesto es algo más, y eso es lo que realmente importa. Y para criticar ya tenéis los comentarios...
Pero cuando el colectivo se confunde con la masa, y cuando el equipo lleva unos "colores" que lo identifican con una nación (un estado, ya me entendéis) la cosa se sublima, y aparece el "hinchismo" en toda su extensión. Al fin y al cabo el deporte es también el sustituto del honor patrio que antaño teñía de sangre el campo de batalla. Las indumentaria de los jugadores no deja de ser un remero de los colores que llevaban los grandes ejércitos nacionales en las contiendas. Es por ello lógico que todo un país se vuelque cuando la ocasión lo merece para animar a un combinado nacional, pero debéis entender que a los que solemos seguir el basket se nos queda una cara de decir "ahora sí, ¿verdad?" en contra de los futboleros advenedizos, pero así es la cosa.
Claro, que todo esto carece completamente de importancia cuando lo que tenemos enfrente es un equipo como el de España. Debemos tener claro que lo que estamos viendo es algo histórico. Ojalá no sea así, pero este grupo de jugadores va a ser muy añorado cuando pase el tiempo, y espero que aún nos dé muchas alegrías. Estoy escribiendo esto cuando "sólo" acaban de barrer a la Alemania de Nowitzki en cuartos de final, pues mañana es el partido definitivo que abre las puertas de la gloria merecida, pero por eso quiero romper esta lanza antes de aprovechar la hora de la (esperemos, pues se lo merecen) victoria.
Por ello disfrutemos. Disfrutemos del saber hacer y del desparpajo de unos jugadores de ensueño que se dejan las entrañas en cada partido, pero que encima se divierten (y hacen que nos divirtamos). Es un verdadero placer verles en pista, y aunque el espíritu patrio, salvo para trasnochados fanáticos, es más ya una cosa del azaroso pasado que del inminente futuro sin fronteras (como plural son las nacionalidades es nuestro combinado, mal que pese a algunos), sigue siendo un subidón adrenalínico sentirse el brazo ejecutor (aunque sean otros los que jueguen, pero todos, de alguna forma, estamos
en la pista) de la pérfida Albión, la chobinista Francia o la prepotente Alemania. Se oye el rugir de las tropas ante la batalla, y por ello ese ruido tan hermoso que hace la red al traspasarla el balón nos suena (como el napal del loco aquel) a victoria.
Gracias, pues, Pau, gracias Jorge, y gracias José Manuel, Juan Carlos, Marc, ambos Carlos, Rudy, Felipe, Sergio, Alex y Berni. Y gracias, muchas gracias, Pepu. Gracias porque podremos contar a nuestros nietos que nosotros os vimos jugar.
Y suerte para mañana, y para el domingo.



6 comentarios
Ooooooooole!!! di que si. Y si no lo dices tu porque eres muy educado o por lo que sea ya estoy yo para soltar lo siguiente.
El equipo nacional de futbol tiene mucho que aprender del de basket, y ya no solo por las victorias tan merecidas de los mas altos, si no por la imagen de verdadero equipo que les veo a esos chavales, porque esas cosas se notan a leguas aunque no sigas el basket solo hace falta ver algun partido para darte cuenta que la ''magia'' que corre entre ellos proviene de un gran sentido de equipo de compañerismo y mil cosas mas. Y claro que los echaremos de menos cuando pase el tiempo, porque para que un equipo confluya tanto talento y tantos elementos que esta ensalzando a este equipo en lo que es actualmente sera muy dificil... es como una especie de conjugacion estelar.
Ea pues queda dicho.
14 sep 2007 | 11:55 PM
A mí también me ha parecido siempre un deporte mucho más civilizado y elegante. Y, por cierto, el único con el que he disfrutado jugando. De todas formas, no suelo estar muy informada en temas deportivos, no conozco a los jugadores, ni al entrenador, en fin, nada. Así que el otro día, cuando vi en la tele al seleccionador comentando el partido, no me lo podía creer. Es decir, sus frases eran gramaticalmente correctas, el vocabulario era preciso, rico, y su tono estaba totalmente libre de fanfarronería, de ese desprecio chulesco al que me tienen acostumbrada casi todos los que salen en la tele, sobre todo, los políticos del PP. Pero eso es otro tema. No sé, había algo en sus ojos que me pareció inteligencia
En definitiva, que sí, que si yo siguiera algún deporte sería el basket, que yo también he trasnochado alguna vez para ver el All Stars, y que no tengo ni idea de lo que está consiguiendo o dejando de conseguir el equipo este, pero vaya, felicidades.
Bisses.
P.S. Por cierto, yo creo que hay otros deportes que merecen más la categoría de arte: la gimnasia, por ejemplo.
P.S. 2. También me lo pasé muy bien durante un tiempo jugando a rugby (risas), pero eso también es otro tema.
16 sep 2007 | 08:38 PM
Venga, hombre. Resignación, resignación.
17 sep 2007 | 10:02 PM
Resignación, querida Danae, resignación, mecagoensusmuelas...
18 sep 2007 | 12:02 AM
Sin duda el basket es más elegante que el fútbol, ya no digamos nada del atletismo o la gimnasia; el rugby siempre tendrá ese toque aristocrático-decadente del Cinco Naciones, por mucho que se vayan incorporando nuevos advenedizos... Todo es cierto y, a su modo, todos representan una forma de entender la vida diferente (es como aquella historia entre los Rolling y los Beatles).
No obstante, creo que al baloncesto le falta un no se qué, un algo que lo haga más cercano... ¡No empecéis a matarme todavía! No cabe duda de que ahora mismo todo el mundo es fan del baloncesto, como de la fórmula 1, desde la más tierna infancia; el país está lleno de especialistas miles en tácticas, jugadas antológicas y jugadores míticos. A día de hoy, una retransmisión de la selección bate records de audiencia (aunque ni Dios vea la liga). Todo ello no es más que una moda, cuando esta generación privilegiada deje de ganarlo todo la moda desaparecerá y el baloncesto volverá a ser el deporte de minorías que mira de reojo al Gran Hermano futbolero.
Y eso, diréis los aficionados, no estará nada mal. Y tendréis razón, seguramente, pero eso es precisamente por lo que yo le encuentro lejano, casi ajeno. El rugby es un deporte minoritario también, pero tiene un algo especial, como que está más enraizado en la cultura de aquellos lugares en los que se juega, ¡qué se han tirado décadas sin interpretar los himnos de unas y otras selecciones para tratar de no matarse entre ellos a golpes! Eso tiene que imprimir un cierto aura, por narices.
El fútbol, por su parte, es el deporte de masas por excelencia. Sus mejores jugadores van más allá del deporte. ¡Maradona tiene hasta una religión!
Pero el baloncesto, esta cosa a la que se juega en Europa, ¡qué los USA se dedican a otro deporte! pues como que se queda un poco huérfano.
O a mi, que no me gusta el deporte en general, me lo parece.
Saludos
18 sep 2007 | 10:14 AM
Hermoso alegato probaloncestístico. Como enamorado de este deporte no puedo estar más de acuerdo con esa frase dedicada a los reenganchados "ahora sí ¿verdad?". Mis primeros recuerdos se remontan a las Olimpiadas de Moscú, las del osito Misha, cuando la selección alcanzó las semis. Luego vendrían el Mundial de Colombia, las platas en el Europeo del 83 y Los Angeles 84... y muchos años de travesía por el desierto hasta que la "generación de oro" (qué final la del Campeonato del Mundo Junior del 99, madre mía) nos ha redescubierto el inmenso placer que proporciona este deporte al ser ejecutado primorosamente. Qué viva el baloncesto, por siempre.
18 sep 2007 | 12:38 PM
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