La Coctelera

Las manos en los bolsillos

La Biblioteca de Babel

Siento haber robado el título de este post al gran Borges, pero supongo que esa "biblioteca de bibliotecas" encierra, en sí misma y en su concepto, la esencia de todas las bibliotecas, y me viene como anillo al dedo para explicar lo que quiero explicar, valga la rebuznancia.

Un gran amigo suele decirme que los occidentales estamos demasiado acostumbrados a almacenar cosas, y llenamos estanterías con libros, discos, películas y objetos de todo tipo y condición. Cuando hacemos mudanzas movemos una cantidad ingente de enseres y pequeños bienes que asustarían a cualquier ciudadano de un país del tercer mundo. Y si dicen que tres mudanzas equivalen a un incendio, en esto puedo deciros que soy un verdadero gurú de las mudanzas, porque al margen de todas en las que he participado de mis amigos y familia, llevo en mi barriga la nada desdeñable cantidad de once mudanzas (aunque tres de ellas fueron "de vuelta" al hogar paternal, pero también cuentan como mudanzas, os lo aseguro) en unos trece años. Y en todas ellas he hecho cajas y cajas con, sobre todo, montones de libros, discos y películas, amén de otras cosas.

Seguro que mi amigo tiene razón, pero si hay algo "orgasmante" por encima de todas las cosas (bueno, salvo lo que todos os podéis imaginar) es encontrar ESE pasaje, escuchar ESA vieja canción o volver a ver ESA vieja película. Y sí, ya sé que los formatos están cambiando, todo es más pequeño y recogido, y ahora es muchísimo más cómodo tirar de mp3 y divx, pero siempre miro de reojillo a mi fonoteca y mi videoteca, como un niño en el escaparate de una pastelería.

Pero sobre todo miro de reojillo a mi biblioteca. Bueno, no es precisamente la más grande, ni la más poblada, pero es "nuestra biblioteca", y en ella están todos los libros que poco a poco y pacientemente han ido engrosando este mamotreto literario que ocupa muchas y muchas cajas. Y más ahora, que las aportaciones recientes (no hay nada como unir dos bibliotecas para hacer un "bibliotecón") la han hecho ser más que digna.

Esos volúmenes desparejos, esos lomos multicolor, multiforma, saben a gloria para la vista, para el tacto y para el olfato. Bueno, y para el oído, al pasar sus hojas. Y no me atrevo a lamerlos, pero seguro que en muchos casos el gusto se sentiría también satisfecho.

Recuerdo que mi madre me hablaba de que, en el pueblo de Jaén donde creció (y si conoces un poco de literatura del XX sabrás pronto de cuál se trata), vivió en una casa que había sido alquilada durante una buena temporada al bueno de Machado (Antonio, claro), y en la que llegó a juntar una buena biblioteca. Mi madre no conserva ningún volumen, pero saber que alguna vez entró en el santa santorum de la casa, la habitación donde reposaban los libros que había leído, tocado y olido Machado, me la pone dura, intelectualmente hablando.

Bueno, vaya pues este homenaje a todos esos libros que han pasado y pasan por mis manos, y que mejor que unas fotografías, aunque no sean especialmente buenas, para ilustrar nuestra modesta biblioteca. Ni que decir tiene que este fin de semana de recopilación y recolocación ha sido un verdadero placer.

Aquí una panorámica general.

Aquí el apartado de poesía.

Y, para terminar, los libros de consulta.

Obvio decir que ese infierno llamado Ikea tiene mucho que ver en estas fotos, pero es un mal menor por el que debemos pasar todos los urbanitas, ¿verdad?

Y a modo de postdata, para todos aquellos a los que le asalten la famosa frase "¿y todos esos libros te los has leído?", vaya una ilustrativa cita de Canetti que rubrico con satisfacción y hago mía, por ser tan cierta como que giramos alrededor del Sol:

No me arrepiento de esas orgías de libros. Me siento como en la época de la expansión para Masa y poder. También entonces todo sucedió por aventuras con libros. En Viena, cuando no tenía dinero, gastaba todo lo que no tenía en libros. En Londres, en los peores momentos, conseguía, contra viento y marea, comprar de vez en cuando libros. Nunca he aprendido nada sistemáticamente, como otra gente, sino por excitaciones súbitas. Siempre empezaban con que mi mirada caía sobre algo que tenía que poseer fuera como fuera. El gesto de coger, la alegría de tirar el dinero por la ventana, el transportarlo a casa o al local más próximo, el contemplar, acariciar, hojear, guardarlo durante años, el momento de un nuevo descubrimiento cuando las cosas se ponían serias -todo esto es parte de un proceso creativo cuyos detalles secretos desconozco. Pero en mi caso nada sucede de otro modo, y por lo tanto tendré que comprar libros hasta el último instante de mi vida, sobre todo cuando sé con seguridad que nunca los leeré.

Creo que es también parte de la rebeldía contra la muerte. Nunca quiero saber qué libros entre esos se quedarán sin leer. Hasta el final no está determinado cuáles van a ser. Tengo libertad de elección, puedo elegir en cualquier momento entre todos los libros a mi alrededor, y por ello tengo en mi mano el curso de la vida.

4 comentarios

  1. Suscribo igual que tú la cita de Canetti.
    Yo creo que nací con un libro debajo del brazo, en vez de un pan, aunque tengo que reconocer que mi estatus de ratoncillo de biblioteca está cada vez más dañado...tanto leer en la pantalla del ordenador en el trabajo, me deja exahusta.
    Aún así, uno de mis "sueños" sigue siendo el de tener una biblioteca en mi casa (ejem...mi hipotéticamente futuro minipiso, quiero decir).
    Es frustrante saber que hay tanto escrito que nunca podrás leer y para mi, es igualmente frustrante olvidar poco a poco los pequeños detalles leídos...aún así, siempre me queda el consuelo de recordar cuánto disfruté con aquellas lecturas.

    Un saludo.

  2. Por cierto, olvidaba decir que yo también tengo previsto pasarme por el infierno sueco para comprar unas baldas al aire, como las tuyas, para colocar (por fin) todos los libros que tengo guardaditos en cajas y que poco a poco me voy trayendo de la casa familiar bajo la mirada reprobadora de mi madre que me amenaza asustándome con una posible vuelta al nido paterno y la consiguiente mudanza que, claro, ya a estas alturas no entraría ni de coña en mi Polo. Yo hago oídos sordos, claro...y me sigo trayendo mis libros poquito a poquito...no me gusta tenerlos tan lejos ;-D

  3. Hay que ver qué favor le han hecho a la humanidad los estantes Lack, las estanterías Billy y Expedit, etc etc... Yo diría que tenemos las mismas.

  4. Eh, no son Billy, son Killby.

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