La Coctelera

Las manos en los bolsillos

Burnand y el asombro

Es lo que tiene el mundo moderno. Personalizas tu página de google y eliges entre toda esa retahíla de posibilidades una que te acerca una obra de arte al día (bueno, más o menos) y que tiene el curioso nombre de "Art of the day". Y hombre, uno no ha hecho la carrera de Bellas Artes, pero unos cuantos cuadros ha visto, e incluso ha vendido sus reproducciones, y conoce una buena lista de pintores de todo tipo y condición. Pero, claro está, no conoce todos los del mundo, y alguno se le escapa. Sobre todo esos pintores figurativos a caballo entre el siglo XIX y el XX, y uno tiene predilección por la figuración, mire usted por dónde, a pesar de todos los movimientos impresionistas y demás pseudoabstractos de comienzos del XX. Que sí, que son importantísimos, pero a uno se le caen los palos del sombrajo con manos como éstas...

o como éstas...

Y, por qué no, rostros como éste...

o como éste...

Y descubres además, con perdón por la ignorancia, que es un pintor francés, don Eugene Burnand, que realizó sobre todo obras de temática religiosa, y que tan sólo tiene un cuadro conocido, mire usted por dónde, en el que aparecen san Pedro y san Juan corriendo al sepulcro del recién resucitado Jesucristo. Qué novedad.

O sí que es novedad. Porque si dejamos de lado toda connotación religiosa, si atendemos a que dos amigos corren con el rostro demudado hacia el sepulcro en el que han dejado sin vida a su compañero de andanzas, que sí, que vale, que se supone que es el hijo de Dios, al que le han visto hacer milagros, pero que, al fin y al cabo eso de que sea capaz de resucitarse a sí mismo es un pelín fuerte hasta para un dios, trino y hecho de la carne de su madre, un tipo con rostro y manos, y pies y orejas al que han visto recorrer medio orbe y que le han visto agonizar en la cruz y morir con estertores casi casi sacrílegos, encarándose ante su divino padre por haberle abandonado. No es que me haya vuelto de repente pío y justo, pero debe ser tan atractivo para un artista reflejar sus rostros que, aprovechando los nuevos rumbos que está tomando la pintura de la época, se atreve a pintar un cuadro tan impactante como éste, tan alejado de la ortodoxia como éste, mostrando a dos amigos sorprendidos y a la carrera en una actitud más asombrada que sumisa. Juzgad vosotros mismos...

Es fascinante. Y hermoso.

Así que de algo iba a servir esto de la Internés. Para presentarme una obra que ya nunca se va a alejar de mis retinas.

Y espero que tampoco de las vuestras.

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