La Coctelera

Las manos en los bolsillos

Me gusta el olor del napalm por la mañana

Ya sabéis que huele a victoria.

No sé por qué (bueno, sí lo sé, pero ya me entendéis), pero ayer por la mañana ha resonado en mi mente (y sigue resonando ahora) la famosa cabalgata de las walkirias, y me he acordado del coronel Kilgore oliendo el napalm mañanero. ¿Qué por qué? Porque éste era el panorama que podía contemplarse ayer por la mañana desde nuestra ventana:

Sí, no es que me encontrara en Vietnam, sino en mi casa, pero el estruendo de los helicópteros y demás aeronaves ha sido notable. Y claro, dadme algo que fotografiar y allí estaba yo, tirando fotos como un loco.

Es lo que tiene el cielo de Madrid, que le sientan bien hasta los aviones en formación. Era una mañana espléndida, a fe mía. Y allí estaba mi cámara...

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Un inciso necesario. El día de la Fiesta Nacional, con su parada militar, no deja de ser una conmemoración suficientemente rancia como para añadirle más componentes anacrónicos. Toda la movida suscitada por algunos, y apoyada por quien todos sabemos, ha resultado ser un bochornoso espectáculo en algo que no tenía que ser nada más que eso: una exaltación propia de otros tiempos pero necesaria a ojos de la situación política internacional de un país "moderno" (ejemplificado en nuestros cascos azules, de los que nos sentimos plenamente orgullosos). Era curioso ver toda la parafernalia que se montó a la hora de hacer traer la bandera desde los cielos, paracaidistas incluidos, cuando a unos pocos cientos de metros subsiste un banderón descomunal que sigue plantado en mitad de la plaza de Colón, como una especie de colofón del barrio más rancio de la capital (y os lo puedo decir con conocimiento de causa, pues he vivido allí una buena temporada de mi vida), y plantificada allí por los deseos de un ministro hortera y estrambótico (aún recuerdo su ridícula descripción de la "toma de Perejil") y mantenida por un consistorio metido en un lamentable pulso con el Gobierno central que no para de gastar el dinero de todos los madrileños en manifestaciones bochornosas y estentóreas. Para algunos la esencia nacional es portar ridículas banderitas importadas de lo más casposo y lo más hortera de los Estados Unidos, cuando para otros, entre los que me encuentro, sentirse de un país no es precisamente eso. Ser español no es ser hortera, ni anacrónico, ni perro ladrador de una injusta crispación; ser español es sentirse vivo, satisfecho de vivir en democracia y mirando al futuro sacudiendo las penas del pasado (y por eso aplaudimos la ley de memoria histórica). Lo siento sobre todo por las familias de los que murieron defendiendo esa bandera que algunos quieren apropiarse, que vieron como su momento de emotivo recuerdo se vio salpicado por los gritos de unos energúmenos (pocos, pero que sabían cuando debían hacerse notar) que no tienen educación, ni respeto, ni saber estar, ni inteligencia ni puta delicadeza que las valga. Espero que ellos mismos se hayan dado cuenta de su estupidez y se lo piensen antes otra vez; ellos y los que les auspician. Ni el Estado, ni el Gobierno, ni las instituciones les pertenecen; son, simplemente, de todos.

Perdonadme, pero las teclas me quemaban.

5 comentarios

  1. Mi querido Polidori:

    No estoy nada de acuerdo contigo en cuanto a las calificaciones que haces con respecto al Sr. Trillo. Desde Chiquito de la Calzada no ha habido humorista con más ingenio, gracejo y oportunidad que él. Yo, cada vez que escucho el "!Viva Honduras!", lo siento, pero es que no puedo dejar de reirme a mandíbula oscilo-batiente.

    Un saludo.

  2. DB

    Y no nos olvidemos de que no hay mayor muestra de patriotismo que pagar los impuestos, que algunos enarbolan la bandera para pegarle largas cambiadas al fisco...

    ¡Qué hermoso es siempre el cielo de Madrid!

  3. pitry

    Después de leer este artículo he recordado porque entro aquí cada día... porque expresas con las palabras precisas lo que muchos pensamos... cuanta razón llevas Polidori, cuanta...

    Saludos.

    P.D: Ya veo que Madrid sigue tan bonito como siempre, habrá que hacer una visita a la capi antes de que se cuele el frío

  4. Ay, sí, el cielo de Madrid... Qué deciros.

    Saludos y gracias, que me pesa la falta de tiempo para escribir todo lo que quisiera.

  5. K

    No seáis injustos con el bueno del ex Ministro, aquello de "Al alba, y con un tiempo duro con viento de levante de 35 nudos..." tiene un regusto poético que tira de espaldas, vamos, a mí me recuerda, y no sé porqué, a aquella otra de: "En el día de hoy, cautivo y desarmado..." ¡Manda huevos! que también diría el ínclito.

    Pero ya sabéis, Dios los cría y ellos se suceden...

    Salud

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