¿Por qué nos gusta tanto Blade Runner? (A modo de decálogo)
[Esta historia debió publicarse el miércoles pasado, pero una gripe furibunda, en la que he llegado a tener 39,4 de fiebre, me ha dejado para el arrastre varios días. Así que, ahora que tengo más fuerzas, y no se me nubla la vista delante de la pantalla, puedo publicarlo. Sea, pues.]

Acabo de regresar a casa después de ver, por tercera vez en mi vida, Blade runner en pantalla grande (en la pequeña hace ya años que perdí la cuenta). Anonadado por el espectáculo visual y sonoro, y no menos anonadado por la caterva de friquis de todos los tipos y calañas que, a pesar de lo escueto del aforo de esas horas, las cinco y media de la tarde de un miércoles (como es lógico, la sesión golfa del sábado estaba llena; es de rigor en esta película), apenas sí respirábamos ante el paso de las imágenes digitales, me he hecho la misma pregunta de siempre… ¿por qué me gusta tanto, tanto, esta puñetera película?
De sus detractores siempre escucho lo mismo: es aburrida. Bueno, supongo que si alguien me ve contemplando embobado un cuadro de Friedrich, o de Schielle, o escuchando una tras otra las piezas de Satie, o un concierto entero de Sylvian, o babeando ante Santa María del Mar (antes, mucho antes del puto best-seller), pensará exactamente a los dos minutos que soy un tipo muy aburrido. Hay por ahí una famosa frase que dice que “si queréis divertiros iros al circo”. Quien quiera entender que entienda.
Sí, a Blade Runner se le puede achacar que es lenta, pero bendita lentitud. El argumento de que está pasada de moda no se lo traga nadie, porque lo único que chirría de verdad son algunas maquinitas (muy pocas, no os creáis). Además, el tema central no deja de ser aquel que defendiera Cela como principio de (casi) todas las historias: dos que se quieren. Y el que digas que no te gustan las películas de ciencia-ficción me parece baladí, porque a mí, a priori, me gustan tanto o más, o menos, que el resto de géneros.
Así que, una vez dicho todo esto, creo que no hace falta incidir en aquello de que al que no le guste esta película puede parar de leer en este mismo punto. No se lo vamos a tener en cuenta.
Lo que sigue, pues, es un decálogo de esos que les gusta tanto a los de Microsiervos: las diez (principales) razones por las que me gusta Blade runner. Sean:
• La trama central: cómo saber convertir una historia de policías asesinos en un alegato a la vida, a la vida de cada uno, que tiene un principio y un fin. Las famosísimas últimas frases de Roy encierran toda la angustia existencial que hayan aportado los miles de tomos filosóficos sobre el tema, las puñeteras tres preguntas que todos tenemos en nuestra cabeza: quiénes somos; de dónde venimos; pero sobre todo adónde vamos, ante todo para qué vivir, si todos nuestros momentos se perderán “como lágrimas en la lluvia”.
• El futuro que se nos muestra, a pesar de que se les están acabando los años al bueno de Ridley, es más que plausible. La videoconferencia es ya un hecho (sólo faltan las cabinas), y la mayoría de los gadgets podrían estar perfectamente en nuestras vidas en el 2019. Los coches vuelan, sí, pero sólo los de la policía, es decir, los de algunos privilegiados. La proliferación de asiáticos en las calles de Los Ángeles es ya casi un hecho, y la desaparición de las especies, si no lo remediamos, puede ser también una realidad. Ya, sí, lo sé… ¿qué pasa con los robots? En 2019 a lo mejor no hay replicantes, pero si llegamos, ¿qué nos quedará por ver? Esperad, que busco la bola mágica. Y la vida fuera de la Tierra… ¿no hay ya planificados viajes estelares para ricachones? Pues eso.
• La claustrofóbica ambientación. Ni un solo rayo de sol, ni un solo momento para la esperanza. Las ciudades son vertederos bulliciosos, y la gente que queda en ella malvive como puede. Eso sí, los ricos son aún más ricos, pero ese vuelo rasante por la ciudad de noche, y esas calles son ya tan recurrentes que no sé cuántas veces habré dicho de algún lugar que “parece que está sacado de Blade Runner”.
• La lluvia. No hay película que tenga tan presente la lluvia como ésta. Es una protagonista más, mojando el periódico de Deckard, pegando contra los cristales de los spinners o rebotando sobre el cadáver de Roy. La lluvia… y su sonido.
• La muerte de Zhora. El pasillo de cristales hecho añicos; la fragilidad de un cuerpo inerte cayendo en la nieve artificial, a pesar de adivinarse fibroso y acostumbrado al esfuerzo; la sangre chorreando en el anorak de plástico; y el asesino por la espalda resoplando tras haber realizado su cometido. Un blade runner en plena faena en el más vil de los asesinatos por la espalda. Una de las imágenes más poderosas de la peli.
• El enfrentamiento entre el creador y su criatura; y no es Frankestein, precisamente, es una criatura inteligente, quizá más inteligente incluso que su hacedor, lo que da aún mayor valor a que acabe asesinándolo después de ese memorable duelo de especulaciones científicas sobre la genética y la decrepitud. Al fin y al cabo, qué puede haber más inquietante que ser capaz de crear una criatura de aspecto humano mejor que los propios humanos, más fuerte, capaz e inteligente. Inquietante y hermoso, aunque pueda producir pavor.
• Ráchael, personaje que ha ganado enteros en mi cabeza de la misma manera que los iba perdiendo Deckard. No a todo el mundo se le dice todos los días que es una replicante, y menos todavía te enamoras de tu probable asesino. La maldición de Blade runner cae sobre Sean Young, como del resto de actores, pero su aparición en escena es tan apabullante (sobre todo en la escena en la que declara “I’m the business”) que difícilmente saldrá de nuestras cabezas.
• Los sonidos. Y no me refiero, o al menos no me refiero sólo a la tan traída y llevada música de Vangelis, un autor sobrevalorado que supo vivir su época de esplendor, pero nadie mejor que él y su “sonido etéreo” podría encargarse de la música, sutilmente irreal y lo suficientemente “futurista”. Pero a ello debemos unir el sonido, como no, de la lluvia y de los elementos de pura ciencia ficción tan presentes en toda la película, como los semáforos, los chorros de los spinners o las naves surcando el cielo de la gran ciudad. Pero hay mucho más que hace que la película suene a “Blade Runner”, esa peculiar presencia de la ciudad futurista que resulta aún más claustrofóbica cuando nos adentramos en las transitadísimas calles. Ya sabéis que el sonido es difícil de describir, pero ya me entendéis.
• La muerte de Roy, el óbito más digno, lírico y apabullante que pueda haberse rodado, pero protagonizado por un robot. Ante el último instante, esa inusitada muestra de piedad ante el cazador cazado da aún más fuerza a la idea de que “ya es demasiado tarde para esto”. Roy, la criatura perfecta, necesita un testigo que vea su deceso, para que el mismo comprenda, con sus sentimientos humanos aprendidos en tan sólo cuatro años de existencia, que ese final es su final, y nada, a pesar de lo luchado, puede cambiarlo. Sé que os parecerá que esta razón es la misma que la primera, pero una cosa es la angustia existencial, y otro el momento mismo de esa muerte, el momento mágico sólo roto por las luces del coche patrulla que marca lo inevitable: la vida, la de todos, sigue a pesar de haberse perdido una estrella que ha brillado como ninguna. ¿Poesía? Sí, rotundamente, es un poema visual.
• La leyenda. Porque sí. Blade runner pertenece ya a nuestro acervo, con más y más fuerza según pasan los años, los lustros, las décadas. Volver a verla es como asistir a un ritual, más aún cuando tenemos la inmensa dicha de verla en el cine. Su estética, sus personajes, su historia es ya parte de nuestras vidas, de los devotos, claro. Y eso, al menos para nosotros, es importante.
Y sí, ya lo habíais adivinado: en lo concerniente a Blade Runner soy, rotunda y absolutamente, un friqui.
A mucha honra.
P.D.: Con esto termino ya de hablar de ella. Siento ser tan pesado, pero esto es mi blog, y…

4 comentarios
La mejor película de la historia del cine, para mí o sea que puedo entender que te guste.
Sólo espero ese maletín con los cinco DVD´s para revisitarla como nínimo una vez al año. Un saludo.
26 nov 2007 | 01:26 AM
Plas plas plas. Estupendo post. Homérico!!! Se ve que no bromeabas con lo de tu obsesión por esta película. Yo no llego a cientos de visionados, pero como Manurhill espero ese maletín (que ya tengo reservado) como Batty encontrarse con su creador. Y una vez más, gracias por referenciarnos. Un saludo.
Flanagan
28 nov 2007 | 08:00 PM
Acojonante tu decálogo, camarada. Cuando leí que iban a estrenar Blade Runner en toda su gloria en Madrid, por obra y gracia de la restauración digital, tentado estuve de coger un avión para poder disfrutarla. Al final el bolsillo me pudo, pero quién sabe. Algún día, algún día...
Un abrazo, tío.
3 dic 2007 | 03:54 PM
Totalmente de acuerdo con que es buena película, pero no olvides que esas ideas que tanto te gustan vienen del autor del libro en que se basa.
También es una de mis películas favoritas, en general, porque eso de "no me gustan las de ciencia-ficción o las de amor o las de acción" es no apreciar el cine por su calidad, si no por el género lo cual no dice mucho del espectador que así opina. Es como decir al ver pintura que no te gustan los bodegones o los paisajes o al oír musica expresar que no te gustan las baladas o los nocturnos...
Otro film de los últimos años donde la lluvia es importante desde un punto de vista psicológico y ambiental es "Seven". En la primera versión que vi en el cine de Blade Runner, sí que había, al final, en últimos planos, un día despejado y con rayos de sol. Con tantas versiones, ya no sé cual se proyecta ahora en cines.
En cuanto a lo del aburrimiento: la cinta no es lenta, hay películas norteamericanas más lentas, con mayor o menor éxito y comparada con films europeos, incluso famosos, esm muy rápida en cuanto a trama, secuencias y planos... Que tu seas aburrido no me parece cierto. Muchos somos los que babeamos delante de la Catedral de Burgos, disfrutamos con Bach y Satie o gozamos con Fellini... quizás los aburridos son los que no saben apreciar lo bueno de la vida.
Salu2 de tu amigo.
4 dic 2007 | 09:46 AM
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