Bye, fucking Christmas, bye
O Adiós, jodidas Navidades, adiós, en román paladino, para los que no estén versados (o incluso menos que yo) en la lengua de la pérfida Albión.
Al fin se fueron. Y lo siento por los navideños adictos. Cada año que pasa las soporto menos. Qué le vamos a hacer. Si a esto le unes el vivir en el centro, no es plato de gusto tener que acercarse al Corte Inglés para comprar cuando el resto de establecimientos están cerrados, y tener que hacer un esfuerzo para andar por la calle. No es nada nuevo, así que ya sabéis a qué me refiero.
Eso sí, salvo dos días de la semana pasada, llevo sin trabajar desde el día 21, lo que no está nada mal. Y si algo he hecho es aprovechar las vacaciones para varias cosas: descansar, salir, dormir y vaguear. No me puedo quejar.
Pero no os aburro, estimados lectores, con mis cosas. La nueva temporada anual (si nos regimos por el calendario oficial, porque yo sigo teniendo en la cabeza el lectivo) traerá muchas cosas, espero. Mientras, algunos apuntes de lo vivido estos días.
Como comprobar lo hermosa que está Barcelona, y lo tristemente vacía. Las calles apenas tenían gente (casi ni Las Ramblas), y aunque en los sitios no sé cabía, a veces parecía una ciudad fantasma. Así que lo ideal era echarse al Gótico, y disfrutar de esos rincones ensoñadores donde supura la vida pasada. Algún día me llevaré el trípode y la paciencia. Mientras, lo que me ha permitido el pulso y el foco fijo de mi 50 mm.


Los agujeros de los disparos en plena plaza de San Felipe Neri siguen estremeciendo como siempre. Aún se escuchan los gritos de las ejecuciones.

Buenos paseos nocturnos por la ciudad con excelente (única, diría yo) compañía. De todo tipo y condición, lo que es siempre excitante y enriquecedor.
También un momento para admirar el espectáculo de las columnas del transepto de Santa María del Mar (siempre recordando que la admiración por este templo fue muy anterior a la publicación de cierto libro de cuyo nombre me parece ahora más piadoso no acordarme).

También Innes me enseñó su facultad, y mis dientes chirriaron contra el suelo de la envidia que me corroyó. Y lo peor de todo es que está en el centro de la ciudad. Valga un ejemplo, cago en...

Y, bueno, Las Ramblas, como siempre. Me fascina fotografiar su marabunta. A primera hora de la noche...

y a altas horas...

Y ya de vuelta a Madrid, sorprendido con la diferencia de gentío en las calles del centro. Y nuestro barrio como siempre, con esa forma tan peculiar de entender el trendismo y lo que tiene que ser un vestido de noche. Bueno, o lo que sea esto que aparece en las modelos en postura casi casi de peli porno (sigo pensando que ésta es una más de las tapaderas que pueblan las calles de mi barrio).



Tengo ganas de contar muchas sensaciones, conversaciones y otras cosas vividas estos días. Veamos si me deja el poco tiempo. También algún comentario cinéfilo. Todo se andará.
P.D.: No sabría cómo explicarlo, pero la visión de un peluche de ET, abandonado y lleno de porquería, me hizo sentir lástima. Quizá debería mirármelo. Bueno, o quizá sea que la regresión a la infancia es cada vez más evidente. Será el presíndrome de los cuarenta, o qué se yo. El caso es que ahora sujeta uno de los cacharros portavelas del hogar. ¡Qué pasa!

P:D. 2: Por mucho que se imaginen aquellos que ya sabemos, y aunque nos siguen vendiendo fantasmas anticatalanistas infumables en el foro, los catalanoparlantes son muy respetuosos con los que no lo son, y lo primero que hacen es preguntar si lo eres al primer signo de duda. Pero bueno, haciendo un pequeño esfuerzo se les entiende estupendamente. Eso sí, teniendo en cuenta que para muchos, un catalanohablante es un ente inexistente, porque pudiendo hablar español, ¡para qué hablar catalán! El nacionalismo se cura viajando, pero no sólo desde la masía al resto del mundo, sino del resto del mundo a la masía. Pero esa es otra historia.



1 comentario
Pues sí. Finalmente se fueron...gracias al cielo o lo que sea....lo peor...que volverán en doce meses...uffff....
Por cierto, este año he tenido el (dis)gusto de ver el "espectáculo" de Cortilandia. Casi me muefo: del susto, del agobio, de lo horrendo que me parece, de los destellos cegadores de tal despilfarro de luces, de la coletilla final, animando a los niños a que "llevasen" a sus padres (no se supone que es al revés?) a la exposición de juguetes del Corte Inglés.
Una experiencia horrible.
Nunca más volveré a aparcar en el parking de las descalzas en navidad...al salir a la calle, Cortilandia está acechándote.
Un saludo.
22 ene 2008 | 01:02 PM
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