La Coctelera

Las manos en los bolsillos

Somos (casi, casi) excepción, queridos míos

Hoy se celebra el Día Internacional de la Lengua Materna, y hay dos cuestiones que me han llamado singularmente la atención después de haber leído varias noticias al respecto: la cantidad de lenguas que según los expertos van a desaparecer y el peculiar reparto de las lenguas en internet.

Antes de entrar en valoraciones de cualquier tipo, cabe decir que la humanidad camina sin solución a la univocidad lingüística, o al menos de un uso generalizado de muy pocas lenguas. El fenómeno del sustrato lingüístico ha sido implacable con el paso de los siglos, pero desde unas décadas a esta parte, desde que estamos inmersos en la llamada (el término es mío, por cierto) Edad de las Comunicaciones, cada vez son menos las lenguas que se usan para comunicarnos en nuestro planeta. A pesar de los movimientos conservacionistas de los últimos tiempos (principalmente desde el comienzo del presente siglo), cada vez más gente utiliza los siete u ocho idiomas principales de comunicación, a saber, el chino (1.200 millones de hablantes), el inglés (500 millones), el hindú (450), el español (400), el ruso (290), el árabe (230), el portugués (190) y el francés (125). Es este un fenómeno imparable, y probablemente sólo podamos, con el paso del tiempo, ver cómo aumentan estas cifras (con las pertinentes medallas puestas en el pecho de los políticos de turno, claro).

Lo cierto es que hoy día existen nada menos que unas seis mil setecientas lenguas, pero todo indica, o así al menos lo dicen los expertos, que más de la mitad, probablemente unas cuatro mil, desaparezcan de aquí a dos generaciones. Tened en cuenta que una lengua “en peligro de extinción” es aquella en la que el 30% de los niños que pudieran hablarla no la aprende. Y una lengua “fuera de peligro” se considera aquella que la hablan al menos cien mil personas. Me da vértigo pensar que, a este ritmo estadístico, cada quince días se extingue una forma de hablar, de entender el mundo que nos rodea, pues al fin y al cabo eso son las lenguas: vehículos con los que el ser humano desentraña lo vasto que es el mundo.

El mareo de cifras es descomunal. En algunas zonas la cantidad de lenguas es ingente: en México son 297, 280 en Papúa-Nueva Guinea, 737 en Indonesia, 536 en Nigeria, 427 en la India, e incluso Estados Unidos cuenta aún con 300 (casi todas de indios de las praderas). Brasil, que tendría que estar también en esa lista, ha visto desaparecer nada menos que 235 lenguas en el siglo XX. Y en todas y cada una de ellas existe una historia detrás de aprendizaje de un vocabulario, una gramática y una sintaxis, aunque puedan ser rudimentarias. Es fascinante, ¿no os parece? Cuántas formas de decir “casa”, “madre” (o “mamá”), “no” o “te deseo”. A uno le gustaría ser C3-PO para conocer (no recuerdo la frase exacta) millones de formas de comunicación de todo el universo, pero después de treinta y ocho años (casi treinta y nueve) a lo más que puedo llegar es a dominar el castellano (a mucha honra), a mal hablar el inglés, entender algunas nociones de francés y algunas cositas del catalán. Lamentable, lo sé. Y sé que en mi caso esto ocurre porque, como suele decirse, “no se me dan bien los idiomas” (triste eufemismo que se traduce en que soy, a partes iguales, un poco zote para aprender y un poco vago para estudiar, además de una incapacidad manifiesta para superar los escollos que ponen las lenguas al aprenderse en forma de, por ejemplo, phrasal verbs), pero aún en el caso de los grandes políglotas... ¿cuántos idiomas pueden llegar a aprender estos listillos en su vida? Cuatro, cinco, seis, diez, quince... ¡veinte! Pues son una mierda en la inmensidad del océano de idiomas que pueblan el mundo. Para que luego digan.

Si uno quiere ser políticamente incorrecto puede meterse en un océano proceloso, defendiendo que el caso del vasco, el catalán, el gallego e incluso el bable o el mallorquín (por poner algunos ejemplos, pero sobre todo los tres primeros) es privilegiado, por mucho que se empeñen los políticos y demás cantamañanas en anunciar catastróficos futuros de sustrato apocalíptico. Desde que las mesnadas autoritarias desaparecieron del mapa peninsular, los idiomas “autonómicos” gozan de una excelente salud, y todos brindamos porque así sea. El catalán, el euskara, el gallego y el resto de lenguas peninsulares gozan de una situación privilegiada con respecto a otros idiomas del mundo, y lo que debe hacerse, simplemente, es velar porque así continúe, favoreciendo algo tan hermoso como pueda ser el bilingüismo, y desterrando de una vez por todas las manías persecutorias que muchos políticos se empeñan en mantener por mor del voto, y que sólo causan desconfianza en la población anexa a estas zonas que asocia los problemas presupuestarios con los lingüísticos, y subrepticiamente se cuelan cuestiones de convivencia (o de ausencia de ella) que no tienen nada que ver con la lógica rivalidad de dos grandes ciudades o culturas, como pueda ser el caso de Madrid y de Barcelona. Que cualquier cromañón de los que pueblan la meseta diga que, por ejemplo, que ”todos los catalanes son unos hijos de puta, y habría que matarlos” tiene la misma connotación que si cambiara el adjetivo “catalán” por el sintagma “del Real Madrid”. Las relaciones de la gente con cierta cordura catalanoparlante y madrileña suele ser excelente, pues yo puedo dar fe de ello. A ver si el carísimo nuevo AVE contribuye a ello (aunque sólo sea por eso, que sea bienvenido).

Y dicho todo esto llegamos a otro tema mucho más peliagudo: las cifras de usuarios de internet y de páginas web. Aquí sí que la cosa se pone mucho más cruda. El inglés es el idioma usado por prácticamente la tercera parte de los internautas, es decir, por uno de cada tres que se conecta al día a la Red. El chino, a pesar de las censuras, sube al 14,7%, y el español se sitúa en la tercera posición, con un 9%. El japonés se queda en casi el 7%, mientras que el francés (5,1%), el alemán (4,9%), el portugués (4%), el árabe (3,7%), el coreano (2,7%) y el italiano (2,6%) cierran los diez idiomas más hablados en internet.

Fuente: internetworldstats.

Entre todas estas cifras llama poderosamente la atención dos cuestiones fundamentales: el chino, pese a ser, de manera aplastante, el idioma más hablado del mundo, aún es poco usado en internet, absorbido por el monstruo que supone el inglés; y, sobre todo, que el hindú, a pesar de sus cuatrocientos cincuenta millones de hablantes, apenas se usa en la Red, lo que es dramático. Y, bueno, el que los cuatrocientos millones de hispanohablantes (sólo cien menos que el inglés) se queden sólo con una cuota del 9%, algo que se me antoja escasísimo.

En definitiva, lo de siempre: que donde hay pasta hay cultura, e internet no iba a ser una excepción. El español es sólo la lengua que usamos unos 113 millones de internautas, una mierda comparado con los 379 que utilizan el inglés. Casi, casi podría decirse que nosotros (vosotros lectores y yo blogger) somos una excepción. Quién lo iba a decir.

Yo seguiré en mi empeño de intentar hablar y escribir cada vez mejor en mi idioma, y en hacerlo a través de este medio. Esa es mi cruzada. Espero que la compartáis y me acompañéis en ella. Y que otros hagan lo mismo con la suya, sea cual sea su lengua entre las seis mil y pico que existen.

Polidori (en román paladino) dixit.

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