La Coctelera

Las manos en los bolsillos

Florecerán las academias de español en Los Ángeles

El Seis Naciones está en el ecuador, con Inglaterra y Gales como máximos favoritos. Mientras, un titiritero orgulloso de serlo, ex jugador de rugby y gran aficionado a este hermoso deporte, dedica a su madre y a todos los cómicos que en España han sido un premio, considerado (ya sabemos cómo es el marketing) el mejor del gremio, y que nos ha sabido a todos a gloria bendita. Nuestro primer Oscar de interpretación... ¡quién lo iba a decir!


Porque nos gusta Bardem, por muchas razones. Porque es un buen tipo, porque incomoda a la prensa del corazón mofándose de sus sempiternos intentos de abordaje emocional y fotográfico, porque se la refanfinfla que se sepa nada de su vida personal, porque incomoda también a otro tipo de prensa aún más crispada, porque tiene ese pellizco de los grandes actores y porque su presencia (bien lo saben lo directores, sobre todo los que su apellido empieza por A) sirve de motor para la rotundidad del éxito de una película. Y porque nos gustan los Cohen, que carajo, y nos encanta cómo han adaptado el libro, como han sabido meter a Bardem en la piel de un asesino indolente, casi anodino, que en su aparente ensimismamiento es capaz de lo más atroz... ¡con esos pelos!

Y mientras, en Los Ángeles triunfa otro español, catalán, aunque a alguno eso les joda, capaz de dar una dimensión especial a lo que se entiende por un ala-pivot en España, cuya principal virtud es la humildad, pero que ésta no le impide poseer un espíritu competitivo dentro de una cancha envidiable. Es Pau, el gran Pau, al que nos parece mentira que le siente tan bien tan mítica camiseta. Porque señores, somos tan pazguatos en España que asumimos como algo normal, corriente, un hito impensable en otro tiempo. Un español está en la elite del baloncesto estadounidense. Y aunque es evidente que el basket ha cambiado mucho, y que la NBA ya no es lo que era, que sea un español el máximo anotador, partido sí, partido no, de nada más y nada menos que los Lakers es muy gratificante. Y haciéndolo tan bien como Pau, tan fácil.

En fin, permitidme la licencia, pero hoy se habla español en Los Ángeles. ¡Qué maravilla! ¿Florecerán, pues, las academias para aprender la lengua de Cervantes? Yo ya no lo dudo.

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