La Coctelera

Las manos en los bolsillos

Impúdico mundo cibernético

Perogrullada de turno: internet está lleno de sorpresas. Esto ya no sorprende a nadie, y no hay nada más hermoso en el "nuevo orden" de las cosas que un anciano que claudica con eso de internet y pasa de huir de ello como de la bicha a engancharse por sus efluvios tentadores, usando herramientas que ponen en su boca un vocabulario inaudito hasta hace dos días. "Chat", "messanger", "google", "mail" y demás vocablos anglosajones se aprestan a salir de su boca; y uno, que al fin y al cabo es tan inmigrante digital como él, se regocija ante el evento. Es verdaderamente tierno.

Pero, a pesar de mi condición migratoria, uno tiene ya demasiadas horas de vuelo como para sentirse anonadado por algo que salga de una pantalla enganchada a la Red. Pero siempre, siempre se descubre algo nuevo, algo inaudito que te deja boquiabierto ante la nueva caja tonta (pero mucho más lista que su émula, nos os penséis).

Bien, pues hace poco tiempo, cuando buscaba información para realizar lo que llamamos un "tema principal" o TP de un libro de texto que versaba sobre el imperio bizantino, el imperio carolingio y el islam, tiré de fuentes para conocer algo más de La Meca y de la famosa Kaaba. Uno, por su profesión, lleva ya casi más de diez años escudriñando en cualquier entresijo de internet para encontrar información suficientemente fiable para completar algún texto (máxime cuando he trabajado más de ocho años alimentando una enciclopedia digital). Por eso, soy un husmeador nato de la Red, pero algo me hizo mirar con una perfecta mezcla de pudor y estupefacción la pantalla de mi ordenador (en este caso el del trabajo).

La Meca, la "digna", es el lugar sagrado por antonomasia del islam, ciudad ancestral y cuna de Mahoma. Verdadera encrucijada de caminos, la mezquita de Masjid al-Haram ocupa un lugar prominente dentro de su trazado urbano. No en vano se considera la mezquita más grande del mundo, y su importancia es tal que, como ya sabréis, todo buen musulmán debe peregrinar a ella al menos una vez en su vida. Ésta es una fotografía aérea tomada por el indiscreto google.maps:

Su interior es capaz de albergar a cientos de miles de peregrinos que efectúan sus oraciones girando hasta siete veces (y siempre hacia la izquierda) alrededor de la Kaaba, una construcción de piedra antiquísima que alberga en una de sus esquinas la Piedra Negra que todos intentan tocar entre esa impresionante marea humana. Todos caminan en la misma dirección, llamada alquibla, en una hipnótica danza que ya habréis visto alguna vez fotografiada, e incluso grabada en vídeo. Vaya una imagen, de las muchas que pueblan la Red como ilustración.

Es evidente que a la mezquita sólo pueden acceder los musulmanes, y no conozco las reglas, pero no creo que ninguno de ellos, en su fervor, lleve encima una cámara de fotos con la que inmortalizar su peregrinación (es más, sospecho que debe estar terminantemente prohibido). Imagino que las fotos que vemos son más o menos "oficiales", pues es un lugar sagrado y celosamente resguardado.

Bien, y pensaréis que por qué os cuento todo esto. Pues porque, buscando información, sentí mucha curiosidad por saber qué había dentro de la Kaaba. Y a pesar de que lo más importante se halla en el exterior (pues más que un receptáculo de reliquias, la mezquita de Masjid al-Haram es un centro de oración sagrado, un lugar donde juntarse con otros hermanos musulmanes para rezar), suponía que el interior debía albergar algo celosamente resguardado. La iconografía cristiana, con sus altares, sus sagrarios y sus relicarios me tienen acostumbrado desde chico a pensar en los "tesoros" que esconden todos esos receptáculos. Y sé que en las mezquitas, como en las sinagogas pasa con la Torá, hay una hornacina donde se guarda el Corán, pero ¿qué hay con el interior de la Kaaba?

Bueno, pues parece que está vacía. En su interior sólo hay tres columnas de madera que parten de un suelo de mármol, como de mármol son también sus paredes. En época preislámica albergaba imágenes de distintas divinidades de las tribus árabes, pero en la actualidad está vacía, y sólo es abierta un par de veces al año para que algunos miembros de la tribu Banī Shaybat la limpien con esmero con la única ayuda de cepillos, agua del cercano y sagrado pozo de Zamzam y agua de rosas.

Bien, esa es toda la información. Y aquí es donde empieza el pudor. Ningún hombre que no sea musulmán traspasa los muros de la mezquita, y tan sólo unos poquísimos elegidos pueden pasar al interior del recinto. Pero, ¿qué pensaríais si os dijera que cualquier usuario de internet que teclee en la WIkipedia la palabra Kaaba puede ver una foto del interior? Pues así es. Ved y asombraos:

Yo me quedé de piedra. Me pareció como si fuera (y lo soy, realmente) un intruso que está viendo algo prohibido, pero que una vez logrado no puede apartar la vista de lo que no debe ver.

Vaya por delante que la reproduzco aquí porque es un documento creative commons que aparece en la wikipedia (en este enlace podéis verlos, y aquí en castellano) y que puede usarse a discreción. Vamos, que cualquiera puede verlo. Pero yo he tenido que vencer antes una buena dosis de pudor. Al margen de lo celosos que son los musulmanes con sus símbolos, y de que respeto aquello que pueda resultar sagrado para otros, me pudo la fascinación y no podía por menos que compartirlo con mis lectores.

¿Qué por qué? Porque así es internet: nuestra memoria colectiva, nuestro tesoro de información donde cabe lo más sublime y lo más perverso. Todo a tiro de tecla.

¿Verdad que sí, abuelo?

Actualización crítica: Se veía venir, pues la foto ha sido eliminada de la wikipedia, aunque una simple búsqueda en imágenes de google llevan exactamente a la misma foto que os adjunto, así como a alguna aproximación a la estructura interna de la Kaaba como ésta. Ahora sí que me parece ser, aún más, un vouyeur, qué cosas.

1 comentario

  1. Yo me planteo algo más allá... ¿Qué pasará cuando los abuelos seamos nosotros? A mí ya me parece "raro" lo de enseñar los calzoncillos...

    No sé adónde vamos a llegar... Jaja.

    Aunque dicen que si no apareces en Google no existes. Ya ves, que yo debo ser una aparición, porque no aparezco por ninguna parte...

    Un ciber abrazo, amigo Polidori.

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