La Coctelera

Las manos en los bolsillos

Un año más, y ya son tres

La cotidianeidad, el terrible acumular de días, el implacable paso del tiempo y, por qué no, mi despiste congénito han hecho que se me haya pasado una de esas fechas que ya quedarán marcadas para siempre en mi calendario. El 25 de febrero hizo tres años que murió mi padre. Quiero pensar que ese despiste, ese casi olvido supone algo así como una especie de “normalización”, una interiorización de sentimientos que hace que la ausencia de mi padre en mi vida de todos los días sea asumida, esté inmersa ya en mis recuerdos y mis vivencias, y que esa “normalización” haya mitigado el dolor y lo haya sustituido por una intangible compañía que, de una forma o de otra, esté presente en todo lo que hago, en todo lo que mis manos, mi cabeza o mi corazón son capaces de realizar.

Quizá sea la lectura de un emotivo post de mi querido Adastra, que ha compartido con nosotros (incluso en forma de roadcast) sus amargas experiencias hospitalarias que, gracias al demiurgo, han sido (rezamos por ello) pasajeras. No lo sé, será por simple asociación de ideas, pero me he acordado de nuevo de mi padre, y le he echado mucho de menos.

Hace dos años escribí un post, y aunque está feo (en esa ley no escrita del buen bloguero) autocitarse, permitidme que haga un enlace a aquello que escribí sobre él, ya que no me sale, o no soy capaz, añadirle ni una sola coma.

Mi padre.

Brindo por ti, padre. Sigo intentando aprender de ti en tu ausencia. Te sigo teniendo presente, te echo muchísimo de menos, y te quiero aún más cada año que pasa.

[Perdonadme por la ausencia de pudor. Sé que, por motivos evidentes, no me prodigo en estas páginas con asuntos personales, pero este blog me sirve también de personal baúl de recuerdos.]

2 comentarios

  1. K

    Una gran astilla, evidentemente de un gran palo.

    Me uno a tu brindis.

    Salud

Escribe un comentario