Exupéry y la luz de la preprimavera
La espléndida mañana preprimaveral se cuela por las ventanas mientras dejo que el albornoz haga su trabajo con la piel mojada. El despertar después de una noche de acalorada discusión, como si fueran dilemas medievales, sobre si todos deberíamos tener acceso a las cáscaras de naranja confitada bañadas en chocolate que nuestra invitada nos trajo desde un punto de vista (de ahí la discusión) idealista o militante nos recordó aquello de las disputas de la izquierda frente al prietas las filas de la derecha. Curioso es este mundo, desde luego.
Pero sí, la mañana es insultantemente espléndida y estamos a punto de echarnos a las calles para celebrar esta orgía de luz enfundados, cual folclóricas, en nuestras gafas de sol, para comer, como buenos social demócratas, una pizza en una terraza del 2 de mayo, recordando que más nos valdría habernos afrancesado del todo visto lo visto, muy a nuestro pesar por las víctimas de aquella vieja atrocidad. ¿Deberíamos ser una cincunscripción más de Francia? A mí, al menos, no me hubiese importado, a pesar de Daoíz y Velarde, mártires de nuestra causa nacionalista (perdón, nacional). En fin, perdonadme el exabrupto.
Hoy nos hemos desayunado con el relato del aviador alemán (Horst Rippert su nombre) que ha confesado que fue él quien abatiera a uno de los más ilustres franceses, Antoine de Saint Exupéry, allá por julio de 1944 con su aparato. "Pueden dejar de buscar -ha dicho-. Fui yo quien abatió a Saint-Exupéry". Pero lo más terrible del caso, lo más desconcertante, después de décadas buscando el cuerpo del insigne aviador que aún no ha aparecido, es que su "verdugo" era un gran admirador de su obra (veintipico años más joven que él en aquella época), pues ha confesado que "fue después cuando supe que era Saint-Exupéry. Yo esperaba que no fuera él, porque en nuestra juventud todos habíamos leído sus libros y los adorábamos".

Ironías de la vida.
Nosotros celebraremos la vida en las calles. Así se escribe la historia.
[Actualización: Tantas discusiones políticas sobre la verdad de la izquierda, tanta veleidades y devaneos analíticos de las elecciones, tanto darle vueltas al papel de IU, de la izquierda unida y esta vez no vencida, aunque no se considere izquierda de verdad; tanta, en fin, dialéctica, para que nos sorprendan subiendo desde la Plaza de las Descalzas escuchando a la altura de Preciados una musiquilla que me resultó familiar. Allí, un saltarín perroflauta con flauta (perroflauta al cuadrado, o pf2) estaba interpretando nada más y nada menos que "A las barricadas" con la flautilla. Un euro fue a parar a su desaseada mano y un "por lo que estás tocando" que él dudo que entendiera. Subíamos después hacia Callao con un buen rollo innegable.]

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