La Coctelera

Las manos en los bolsillos

Zeitgeist

Las vacaciones y una semana un poco complicada me sirven de excusas. Blandas, lo sé, pero así ha sido. Mucho que leer, mucho que hacer y poco tiempo para todo lo demás. Y poco tiempo para publicar, desde luego. Espero poder hablar de algunas cosas interesantes de mi último viaje, pero hoy, con la misma actitud que Fray Luis (odiosa comparación, lo sé) diré "como decíamos ayer...".

Mentiría si no dijera que una cuestión ha hecho también que parara en seco con muchas de las cosas que tenía pendientes de escribir. Pesa también el hecho de que tengo que ser más eficiente con alguno de mis posts, habida cuenta de algo que me he demostrado a mí mismo: soy el primero que paso por encima de los posts más largos que leo de otros. Cuando tenga cosas que decir que necesiten una larga explicación procuraré extenderme, pero cuando no sea así debería controlar mi verborrea. Claro, que esa verborrea obedece en demasiado casos a lo que puede llamarse "mi estilo". Vanidad, lo sé, pero así somos.

En cualquier caso, ando, como suele decirse, con el estómago entrecortado, y la causa no es mi dieta, sino la visión de un reportaje que sólo circula por la Red (pues no se ha estrenado en ningún otro sitio) y que está causando desazón en mucha gente. Y el problema es que sabía que también la iba a causar en mí, por aquello de indagar en esas cosas que "es mejor que no sepas", pero si algo soy es curioso, como gato ocioso, y así es que me dispuse el sábado de madrugada (hora en que, como los felinos, ando más despierto, y mi otra mitad anda durmiendo el sueño de los justos) a ver Zeitgeist, expresión alemana que viene a definir al llamado "espíritu guardían" de cada generación, y que sirve de nombre a un documental firmado por Peter Joseph (del que desconozco cualquier dato, y que creo incluso que se trate de un pseudónimo) en el que aborda como tema central los mecanismos de dominación absoluta que se han ido sucediendo a lo largo de los siglos para tener controlado por unos pocos al resto, y que hoy día, y desde los albores del siglo XX, se han demostrado demoledores.

No sé si lo que voy a contar puede ser un SPOILER, pero creo que tampoco tiene demasiada importancia. El visionado del filme no responde a ninguna trama, ni el hilo argumental debe seguirse al pie de la letra. La película pretende no sólo denunciar, sino también movilizar, espabilar, y creo que mi humilde papel puede ser ese: escribir sobre ello, denunciar lo denunciable y servir de cauce de información, aunque sea desde la modestia de este blog. Otra cosa es el poso que pueda quedar de todo ello, y que se basa en la simple y rancia afirmación de lupus est homo homini de Plauto. Para mí ha sido muy amargo, y no por inesperado, sino por corroborado.

La peli se divide en tres partes, que pueden resumirse de la siguiente manera:

  • No existe una religión verdadera porque todas las religiones son la misma. Lo que dice cada una de ellas obedece a una secular manera de entender el mundo basada en mitos ancestrales y cábalas astrológicas. Eso ya se sabía, o se intuía, peor el documental, sin meterse en demasiadas honduras, pone de manifiesto las coincidencias (tremendas) entre las grandes religiones, especialmente la cristiana, con los ritos y creencias de civilizaciones tan antiguas como la egipcia. En resumidas cuentas, que la religión, que puede o no creerse y sentirse (cada uno es libre de hacerlo), siempre se ha basado en las mismas cosas, y ha estado acompañada desde siempre por una obscena orgía de poder por parte de sus fuerzas vivas. El panorama sigue sin cambiar, así que es bueno recordarlo, pues no es lo mismo creencia que militancia. Que se lo digan a Rouco.
  • Todo lo que no se haya visto con nuestros propios ojos y que rodee al 11-S es mentira. Los muertos que caían de las torres y la destrucción de ese emblema de la civilización son, por desgracia, ciertos, pero todo lo demás es una absoluta mentira. Las fuerzas que controlan el mundo, con el Gobierno estadounidense como fiel títere, han conseguido que nos traguemos una a una el resto de mentiras, con poca o nula capacidad de arrepentimiento por las víctimas. Los aviones se estrellaron, sí, pero las gemelas cayeron en tan sólo diez segundos de caída libre por una descarada demolición controlada, que arrastró a cientos de cadáveres. El ataque al Pentágono fue ocasionado por un misil enviado por las propias fuerzas estadounidenses (todo atisbo de posibilidad de que fuera un avión pilotado por un inexperto y fosfatinado al estrellarse contra el complejo es una mera patraña). El avión supuestamente abatido y caído en Pensilvania tiene todos los visos de ser un bulo, pues las fotos no muestran absolutamente nada que pueda parecerse a un avión despedazado contra el suelo. Para corroborar todo esto es bueno que veáis también el documental Lost Change, que podéis verlo a través de la Red en el siguiente enlace.
  • Es realmente pavoroso acercarse a la realidad supranacional que mueve el mundo. Y todo ese tinglado se sustenta, sobre todo, en la banca internacional. Gobernantes y dirigentes hacen de su capa un sayo con el mundo y son los responsables primeros y últimos de las grandes debacles de la historia reciente, al menos desde el punto de vista, según el documental, estadounidense (pero mucho nos tememos que no difieren mucho del resto de países). Lo que uno llega a intuir de, por ejemplo, la familia Rockefeller produce escalofríos.

Lo dicho, y en conclusión, a uno se le queda el cuerpo cortado viendo estas cosas. Recomiendo, pues, su visionado, y si lo hacéis, ya me diréis qué os ha parecido. Prometo dedicarme a cosas más livianas en breve. Mientras, os dejo un enlace con la versión con subtítulos en castellano (también podéis tirar, evidentemente, de la mula).

Disfrutad de la vida y desconfiad de lo que os cuentan. Es la mejor manera de luchar.

[Aprovecho para recordaros la conexión entre el 11-S y Radiohead. Esto de autoreferenciarse me lo voy a tener que mirar...].

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