La Coctelera

Las manos en los bolsillos

Cosas veredes...

Uno nunca se acostumbra a ver cosas extrañas por las calles de Madrid. Vayan algunos ejemplos:

  • Un tipo dentro del bar El Palentino sentado en la barra con un casco en la cabeza, puesto.
  • Otro tipo vestido con recio abrigo y ropa de invierno con chanclas (de las de meter los dedos, ya me entendéis).
  • Una ex yonqui metadónica volviendo loco al chino de la calle Pez pidiendo una caja de salva slips para tanga de más de doce unidades (vamos, que la de doce no le valía ni por el forro, vaya usted a saber por qué).
  • Un vecino con maletín que buscaba su casa y no la encontraba por haberse confundido de salida de metro.
  • Los sempiternos pasteles de mentira del Beauty Bar (sic) sobre la mesa en la que siempre descansa algún Baio que aprovecha el wifi con muho (y supuesto) glamour.
  • La bata de guatiné de la vecina del portalón también de la calle Pez, la cual sorprendentemente continúa de moda según la tienda de nuestra esquina.
  • Un perroflauta mendigo que llama a Innes paisana y siempre le pide un cigarrillo o un billete de cincuenta euros con una sonrisa de oreja a oreja en la cara (parece el ex leproso de La vida de Brian, por los botes que da y lo dicharachero que es).
  • Una discusión racista entre prostitutas en la que la meretriz de raza blanca llamaba "puta" a la meretriz de raza negra.
  • Una conversación comercial trivial entre un comerciante chino y un paisano español, entrado en años y con pinta de llevar mucho tiempo de representante "al detall"... ¡en chino! (el hijo del dueño, al ver que nos sonreíamos, nos miró como diciendo "sí, sabe chino").
  • Y como no, nuestro querido afroeuropeo alcohólico que se pasa el día deambulando por las calles con un vaso de mini con muchas monedas que acaba llenando de cerveza desde muy temprano por la mañana, entonando melodías con voz cavernosa, hasta que le vence el sueño y se deja caer en cualquier rincón... en cualquiera, roncando cual bisonte.

De alguna más me acordaré, seguro.

Vaya, mientras, estas fotos de nuestro vecino favorito como homenaje a todos ellos, pobladores de un universo paralelo y lleno de sorpresas.


Supongo que para muchos esta fauna es el motivo por el que no serían capaces de vivir en el centro, pero es precisamente esa fauna la que nos permite vivir en él.

Actualización:

Esta foto acabo de tomarla ahora mismo. Una vecina ha decidido que eso de pintar en su casa no le mola nada. Ha cogido al perro, se ha sacado el panel a la calle, lo ha apoyado contra la tapia del convento y, mientras da una manita de pintura al susodicho, aprovecha para hacer esa llamada que no podía esperar.

Cosas del barrio...

2 comentarios

  1. UN barrio que me resulta mucho más que familiar, amigo Polidori... Para que luego digan que el mundo no es un pañuelo...

    A mí me gustaría añadir aquel alcohólico y-no-sé-de-qué-más-me-meto que se queda dormido en el portal y no puedes entrar porque si abres la puerta se cae para atrás, y lo tienes que dejar echado pa'lante para que no se abra la cabeza...

    No sé si eso es raro, particular, triste o patético...

  2. K

    Es la vida, que o late o revienta pero que desde luego no es aséptica, como en los anuncios de salva slips.

    Salud

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