La Coctelera

Las manos en los bolsillos

Los días difíciles

Hoy ha sido un día difícil, por muchas circunstancias que no vienen al caso. Pero ha sido también un día de reencuentro con un buen amigo, y la sensación al arrancar la moto para volver a casa era mucho mejor de lo que cabría esperar, a tenor del resto del día.

Pero hoy ha sido también un día con una de esas anécdotas que cambian el curso de la propia existencia. Cuando terminaba de hablar con ese buen amigo de las perspectivas de futuro, e incluso de una bomba en la investigación literaria de nuestra Edad Media, una chica que estaba pululando a nuestro alrededor permanecía curiosamente expectante, hasta el punto que no se percataba incluso de nuestra conversación. De repente, cuando la moto ya había soltado el típico rugido al accionar el arranque, saltó como alma que lleva el diablo y se escondió detrás de una furgoneta que estaba aparcada en las inmediaciones. Yo me acababa de convertir en un inesperado espectador de una cándida escena amatoria. Un tipo que salía del recinto deportivo, con una mochila al hombro y ademanes de acabar de hacer un intenso ejercicio, ha tomado la calle hacia abajo, buscando evidentemente el camino de su hogar. La chica ha iniciado una divertida persecución entre los coches detrás de él, y yo he visto perplejo y divertido la escena mientras me colocaba los guantes y el casco.

Sin saber muy bien por qué he presionado el botón del claxon, lo suficiente para que el tipo se diera la vuelta y se percatara de la presencia de su amante persecutoria.

El abrazo y el beso en el que se han fundido me ha parecido demasiado hermosos para olvidarlos. Vosotros sois ahora, queridos lectores, mudos espectadores que, como yo, siguen asombrándose de las hermosas historias que a veces culminan para bien uno de esos días difíciles.

A esto le llaman ternura. Yo simplemente sonreí, y tomé satisfecho el camino de vuelta a casa.

2 comentarios

  1. Como también satisfechos quedamos los lectores sabiendo que el mundo aún sigue siendo mundo.

    Un abrazo.

  2. No sabemos cuánto le queda, querida Antares, pero te aseguro que fue muy emocionante.

    Flojo que es uno...

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