La Coctelera

Las manos en los bolsillos

Crónicas del fin del mundo

Ya lo decía yo: eso de arrasar con las viandas del supermercado era una idiotez. Bueno, pero todos sabemos que vivimos en un mundo donde la estulticia campa a sus anchas. Ahora, me encantaría haber estado cerca de alguno de los que habían llenado hasta los topes el depósito de gasolina de su vehículo para decirles que ya les vale, que me río yo ahora de ellos por tener que volver a llenarlo en una gasolinera vacía. Pero son muy libres de hacerlo, claro está. Si de algo gozamos en este primer mundo es de libertad para hacer lo que nos dé la gana, ¿verdad?

Como muy libre fui yo de tirar el dinero en unas entradas para ver El incidente, que maldita la hora. Innes y yo reíamos pensando en cómo íbamos a titular la crítica de esta película... "Mira que si pasa algo", o mejor, "Si llega a pasar algo". Pero mejor lo dijo un mariquita (con perdón) muy gracioso que estaba sentado justo detrás de nosotros y que espetó, cuando estaban los créditos finales "y han tenido que matar a media humanidad para que ésta se quede preñada". Nos hubiese gustado pedir que nos devolvieran el dinero de las entradas, pero eso por desgracia no se lleva, qué le vamos a hacer. En fin, un bodrio de padre y muy señor mío, hay que joderse. A veces se pierde, es lo que tiene eso del cine.

Y encima hoy Madrid estaba imposible, y como no era para menos, nos fuimos a cerrar la Feria del Libro, intentando comprender por qué en esto de la literatura lo que más llenan (de colas, se entiende) son los presentadores y demás farándula de la televisión. Y no había uno ni dos, sino que eran, al menos, media docena. Ya ni siquiera es el bueno de Antonio Gala el favorito de la masa "lectora", sino el tipo ese que se gana la vida haciendo de borde impostado en un programa que dicen que la gente, los jovencitos, van a cantar. Vivir para ver.

Intentaba no pensar en eso que han llamado "El día del deporte" en la capital del reino mientras nos encontramos con Panero, medio muerto, firmando libros. Incluso dejamos que nos dejara un garabato en uno de ellos, flipando con ver a uno de los protagonistas (a su pesar) de El desencanto fumando un cigarrillo tras otro y bebiendo coca-cola en un vaso de plástico con la mirada perdida. Ved, si no, un documento gráfico:

El gran JJ me dio, después de una cuantas copas en La Fábrica de Pan el sábado por la noche, la solución al gran enigma, después de que le dijera que el mundo se está acabando: "mi mundo, nuestro mundo, hace tiempo ya que se acabó".

Pues va a ser eso.

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