La Coctelera

Las manos en los bolsillos

Summercase vs. FIbercoisa: jornada segunda

He tardado nada menos que una semana en publicar este post, así que me temo que ya es más un recordatorio de lo vivido hace ya ocho días que una crónica. Sé que sabréis perdonarme, pues he tenido una semana un poco complicada… Allá va.


Tras las penurias pasadas en el puto pedregal, nos aprestamos a vivir una jornada muy especial en el Parque de las Naciones. Sí, sé que esto suena a predisposición, y puede que sea cierto, pero tras lo vivido el día anterior teníamos ganas de vivir cosas más emocionantes, a pesar de que el cartel era, evidentemente, mucho más cargadito en años, y que una de la estrellas de la noche, Mika, nos traía sin cuidado. Veamos la cosa por partes. Y lo primero, el recinto:

Es evidente que no puede compararse de ninguna forma el puto pedregal donde se instala el Summer Case de Boadilla del Monte con el auditorio del Campo de las Naciones. La superficie es mucho menor, y el que se limite la posibilidad de ver conciertos a un solo escenario varía evidentemente el concepto de uno y otro festival. Pero, por el amor de dios, la cerveza estaba fría y bien tirada, lo que ayudaba y mucho a soportar las penalidades propias de este tipo de eventos, la principal de todas ellas conseguir comida. La pobre muchacha que despachaba perritos (excelentes, por cierto) sin mirar ni de reojo la kilométrica cola debería haber sido puesta en un pedestal… ¡qué profesionalidad! Así que bien las bebidas, mal la comida (no por calidad, sino por escasez de expendedores) y bien el resto de cosas como accesos al escenario, servicios (incluso limpios, algo inconcebible), sitios para sentarse (casi infinitos), acceso al recinto con el coche (casi en la puerta) y visibilidad del escenario. Un bonus fue el poder ver a éstos descansando tras los conciertos a través de una valla poco resguardada, un aliciente inusitado. Soy consciente de que tuvimos esa suerte porque el aforo no estaba completo, pero bueno, así son las cosas. Lo único en lo que perdimos con respecto al Summer Case fue en el tema calor, pues pasamos una carolina que era aplastante. Pero bueno, no todo iba a ser bueno.

Música, que me desvío. Mis amigos me convencieron para “madrugar” y ver a los Babyshambles. Ver a Pete Doherty de día no me entusiasmaba demasiado, peor debo reconocer que fue un estupendo aperitivo. Mucha actitud (no sólo de Pete, sino del resto de la banda, incluido –o sobre todo- el bajista punkie que le acompañaba), buen sonido y suficiente entrega viniendo de quien venía. Lo peor: las cámaras y mucho idiota buscando la carnaza de siempre ante este tipo de artistas. Los mismos que quisieron ver caer redonda a Amy Winehouse en el Rock de Garrafón Río querían ver alguna espantada y/o pasote politoxicómano en el muchacho, y así coreaban cada vez que daba una calada a un porro previamente pasado por el solícito público, o cuando se echaba al coleto un buen trago de cualquier brebaje. Pero lo cierto es que estuvo correcto, casi entregado; coño, diría incluso que muy profesional, mal que le pesara a algunos. Lo dicho, un buen comienzo.

El mundo viejuno se aprestaba a darse el primer atracón de nostalgia. Con un exasperante adelanto (sí, la falta de puntualidad puede ser molesta, pero que en un festival te adelanten los horarios puede ser irritante) en el horario, a todos se nos saltaron los ojos de las órbitas ante la aparición de una Siouxsie vivita y coleando, y coleando de qué forma. Con un estilismo imposible, embutida en unas mallas siderales que hay que saber ponérselas (y atreverse) con veinte, cuánto más con cincuenta, escuchamos atónitos un "Israel" punzantemente nostálgico e increíblemente evocador. Pero lo cierto es que en los primeros compases Siouxsie, deseando agradar, estuvo un poco pasadita, caso histriónica, demostrándonos (ella, que no tiene absolutamente nada que demostrar) el poco español que sabe y las horas que se debe pasar haciendo aerobic. JJ soltó un "me está dando un miedo que ni Nuria Espert" que hizo que soltara una sonora carcajada. Sin embargo, la sabia alternancia de nuevas canciones con los himnos de siempre ("Happy house", "Dear prudence" y sobre todo "Hong Kong garden") hizo que todos, incluida ella, nos centráramos en un concierto homenaje a todos nosotros, y la cosa quedó en algo a parte iguales entrañable, divertido, notorio en cuanto al aspecto más puramente musical y, claro, inolvidable. La fuerza, a veces impostada, de ese animal de escenario, felino incluso con la edad, fue el primer plato fuerte de una noche que aún prometía mucho.

Tras zascandilear un rato y saludar a mucha gente, la hora avanzaba y ya el nulo glamour de la tarde (al menos para esto de los conciertos) dio paso a la tímida noche y al también adelantado concierto más esperado por muchos de nosotros. Hacía veintitrés años de un concierto al que muchos, por simple cuestión de edad, no pudimos acudir. Hacía toda esa cantidad de años que el señor Morrissey no se subía a un escenario a suelo madrileño, y mucho me equivoco que ni a suelo hispano, exceptuando las dos únicas citas en lugares tan poco esperados en aquellos tiempos como Fuengirola y Benicassim. Pero así era. Y allí estaba. Con muchos más kilos, claro, que antaño, pero no precisamente gordo. Incluso saludando en español, y teniendo en cuenta su pasado en las tablas, incluso simpático, jocoso y cercano. Con un "aún no sé hablar español, pero sé hablar mexicano" terminó de meterse al público en el bolsillo, y aquellos que no podíamos creernos lo que estábamos viendo, nos deleitamos con los acordes de tantos temas de todas las épocas en ese escenario. A mí me toco especialmente la fibra sensible algunos (e inesperados) temas de Vauxhall and I, pero sobre todo un "How soon is now" que hizo que se me estremeciera todo. Morrissey por fin. ¿Qué más se puede decir? Ah, bueno, el sonido: una banda de joveznos a sus órdenes que sonaron a las mil maravillas y que estuvieron en todo momento correctos (sin estridencias, claro, que para estridencias ya estaba la camisa empapada del divo, y su ausencia, en ese torso desnudo y desafiante a sus cuarenta y nueve años). Algo que va a quedar ya taladrado en nuestro cerebro, vivamos lo que vivamos.

Y después de eso... ¿qué? A mí me toco una de esas escenas maravillosas que a veces tienen este tipo de eventos: el reencontrarme con unos viejos amigos que hicieron que me sintiera francamente emocionado. Los años pasan, las cosas cambian, pero un buen día, en uno de estos saraos, el tiempo se detiene, da marcha atrás de manera vertiginosa y te trae a mano recuerdos tan intensos que hasta da miedo sentirlos. Qué emoción. Pero no fue la última.

La última píldora sonora para la nostalgia fue la que nos proporcionaron los maestros del shoegazing, revividos de manera sorpresiva para una gira en la que los viejunos que tuvieron la suerte de verles años atrás contaban las excelencias, resumidas en una sola palabra: estruendo. Hermoso estruendo, claro está, pero estruendo, las trompetas del infierno que iban amartillando la noche con férreo y doloroso devaneo y que acabaron, como ya estábamos advertidos, en más de veinte minutos de una cortina de sonido, de ruido aplastante que me obligó a tomar la técnica usada en las mascletás para no quedarme sordo: la boca abierta, lo más posible, y los ojos cerrados. Ensordecedor, estruendoso, épico, homérico. My Bloody Valentine en estado puro, revividos a nuestra honra y honor, machacando nuestros oídos con esas maravillas y aplastando con su inusitada fuerza sonora las almas de los descarriados que acudimos a ver el espectáculo. Simplemente inolvidable.

¿Y después? ¿Qué se podía ver, escuchar después de eso? Lo intentamos un rato con Hot Chip, pero no había nada que hacer. Os dejamos a Mika, porque qué necesidad. Yo ya había tenido bastante. Viva el mundo viejuno, arriba los ochenta, viva la madre que los parió.

En resumen: me acordaré de ese día en el que volví a tener veinte años.

1 comentario

  1. Yo estuve en el summercase de boadilla, y eso parecía más el SummerdesiertoCase, era casi infrahumano el calor que hacía alli, y qué decir de la tierra que tragué..

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