Buena fe, comúnmente
El DRAE suele ser certero y justamente pertinente. Cuando define al sentido común, en una de esas adendas a los vocablos con las que tanto disfrutamos los linguo-trastornados, lo hace de la siguiente manera:
1. m Modo de pensar y proceder tal y como lo harían la generalidad de las personas.
Por su parte, cuando ataca la definición de de buena fe, se refiere a lo siguiente:
1. loc. adv. Con verdad y sinceridad.
Para este, vuestro blogger, en estas dos definiciones se centra el meollo de la cuestión de toda la ética, la moral, los valores y la esencia de lo que nos define, o mejor de lo que nos debería definir, como seres humanos, en cuanto a que somos, o deberíamos serlo, distintos del resto de mamíferos. El problema radica en dos palabras: "generalidad" y "verdad", incluidas en dichas definiciones.
¿Qué es generalidad, qué se esconde en este vocablo? Tiremos de nuevo del DRAE:
1. f. Mayoría, muchedumbre o casi totalidad de los individuos u objetos que componen una clase o un todo sin determinación a persona o cosa particular.
O sea, lo que viene siendo la "masa", letrada o iletrada, docta o indocta.
Pero no os lo perdáis, que aquí viene el temita libertad:
1. f. Facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra, y de no obrar, por lo que es responsable de sus actos.
7. f. Condición de las personas no obligadas por su estado al cumplimiento de ciertos deberes.
Vaya, la cosa se complica, y mucho. Estamos mezclando la masa en bruto con la responsabilidad de los actos de cada uno, es decir, la vieja máxima de que "mi libertad termina donde empieza la de los demás", y "los demás" son, encima, legión.
Sé que estas son cosas de la misantropía, pero desde hace ya bastantes años desconfío brutalmente de lo que opina la masa. Si por sentido común entendemos aquello que tiene en la sesera (y desde donde emana su criterio para actuar) el común de los mortales, sorprende que aún estemos sobre la faz de la Tierra. Pero si encima la libertad de cada uno se rige por la responsabilidad para con los demás, el mundo está repletito de hijos de la gran puta (con perdón de las meretrices, que no tienen la culpa de nada de esto). Eso sí, hijos de la gran puta MUY libres.
¿Y por qué santas puñetas pienso todo esto? Porque acostumbro a utilizar entre mis deudos y personas de bien que me rodean aquello de que "esto es de sentido común", o simplemente adopto un rictus de condescendencia cuando afirmo que las cosas pasan porque no se rigen por el sentido común (ejemplo, zigzaguear entre coches a toda hostia con la moto; es de sentido común que acabarás hostiándote). Y no digamos nada de la necesidad de que la buena fe se adueñe de nuestros actos, cuando vemos que el "torticerismo" campa a sus anchas, con más y más fuerza cuanta mayor sea la cantidad de dinero que hay en el bolsillo del susodicho tipo que lo representa.
Si el sentido común, el de verdad, estuviera acompañado por la buena fe de los miembros de la raza humana, otro gallo cantaría al mundo. Pero, como dice Innes, el sentido común es el menos común de los sentidos, y la buena fe es más complicada de encontrar que la santidad hoy día.
En resumen: estamos apañados. Y aún así resistimos.
El ser humano es extraordinario, aunque esa frase (incluso con delicioso acento porteño) rechine como ninguna otra. Es extraordinario y un puñetero superviviente.



Escribe un comentario