La Coctelera

Las manos en los bolsillos

Los libros arden mal (o no se dejan)

Los viernes por la noche el cuerpo suele decir basta, sobre todo cuando después de trabajar aprovechas para ir a comer un menú de terraza en los estertores del buen tiempo y luego te vas al cine a una sesión vespertina (hace mucho que no hago de crítico cinéfilo, pero sólo puedo decir que ya le vale a Woody; esta vez se ha columpiado). Por ende, cuando llegamos a casa no sabemos muy bien qué hacer, y aunque habíamos planeado otras cosas, acabamos tumbados en el sofá picando algo y cogiendo el mando perverso lleno de botones deseosos de ser usados. Y así, porque no tienes ganas ni de pensar mucho ni de tragarte lo que sea, solemos echar mano de los programas "de actualidad", en concreto "Comando actualidad" y "123 Emergencias". No sé, ya nos pasaba con "Callejeros"; supongo que es algo así como despertar el voyeur que todos llevamos dentro. Y ni siquiera me quiero plantear su calidad, o el hecho de que no dejen de ser programas intrínsecamente obscenos, pues no dejas de "entretenerte" con las desgracias ajenas. En fin, plan de viernes por la noche cansado..., qué más puedo decir.

Pero, lo sorprendente del tema es que nunca esperas emocionarte con estos programas, teniendo en cuenta además lo poco que vemos televisión, pero este viernes ocurrió. Pues la cosa fue más o menos así, y perdonad que adopte un tono más épico para narrarlo.

Un equipo de bomberos atiende a la llamada de un incendio en un buen barrio de Madrid. Las llamas salían por la ventana a bocanadas, lo que era aterrador. Los vecinos, que estaban siendo evacuados, se encontraban muy nerviosos, y los bomberos tenían que emplearse a fondo. La humareda era muy intensa, y temían que el fuego pudiera extenderse a las viviendas anejas, pero lograron dominarlo con mucho esfuerzo.

Cuando ya estaba sofocado, y un retén se afanaba en controlar los rescoldos, apareció el dueño del piso. Un hombre de mediana edad, algo desaliñado y con barba poblada fue conducido por el jefe del equipo. Su expresión de incredulidad y desazón era una imagen desoladora. El bombero intentaba tranquilizarlo, explicándole que ellos estaban acostumbrados a enfrentarse a cosas así, y que comprendía su desconcierto. Recorrieron las habitaciones calcinadas, y el dueño sólo podía observar el desastre con incredulidad, la mano apoyada en los labios con expresión compungida. Gracias a la espléndida página de Rtve puedo mostraros un par de instantáneas del momento:


Entonces, ocurrió el milagro. Tras una puerta cerrada apareció una habitación repleta de libros, películas y fotos enmarcadas. El hombre no podría creerlo; sólo acertaba a decir que el pintor que iba a arreglarle el piso había amontonado todos las cosas que podían mancharse en una habitación que milagrosamente se había salvado de la quema. El jefe de los bomberos le explicaba que una puerta cerrada puede hacer de barrera para las llamas, pero nosotros sólo podíamos atender a la cara de satisfacción que tenía, el rostro iluminado por el milagro que acababa de presenciar. Podía haberse quedado sin las ropas, los muebles y demás enseres, pero ser consciente de que toda su biblioteca y sus recuerdos del pasado se habían salvado hacía que el resto, el evidente desastre y desolación, fuese menos terrible. Así, la cámara recorría marcos con viejas fotos en blanco y negro, y objetos tan personales como viejas pipas ya gastadas por muchas horas de uso. En definitiva, una vida encerrada entre cuatro paredes en las que se obró el milagro.

Fue verdaderamente emocionante. Sin poder evitarlo, recorrimos los anaqueles repletos de volúmenes que conforman nuestra biblioteca, los discos y películas, apilados en las baldas con irreductible desorden. Un escalofrío me recorrió la espalda. Pensar que todo eso un día podría ser pasto de las llamas me produjo una empatía con ese hombre que hizo que se me saltaran las lágrimas.

Podéis pensar que peco de sensiblero, y no os lo reprocho, pero esa noche me dormí pensando en ese milagro, y pensé que el mundo, en el desastre, a veces puede albergar un lugar para la esperanza.

1 comentario

  1. innes

    Atenea se hizo presente y protegió lo que era suyo.

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