Algo más de mil días
Todo comenzó con una declaración de intenciones que aún no se sabía muy bien por dónde iba a salir, y una visita a Huelva y los albores de una relación modesta con la fotografía.
Pero este blog quiso aferrarse a lo intrínsecamente humano desde sus comienzos, y para ellos su autor se sinceró más allá de lo esperable para un blogger. Pues esa fue la vocación primigenia, hablar de lo divino y de lo humano, de lo que subyace dentro y de lo que subyace afuera, más allá de las creencias. El arte, así, comenzó a aflorar, y a ocupar un espacio presente en toda su andadura. Polidori habló de sus gustos, aquellos que le vienen acompañando desde siempre, preguntándose qué es el arte en todas sus manifestaciones, pero sabiendo dosificar lo serio de lo intranscendente, aunque fuera los avatares de su recién bienvenida gata.
Pero, a poco que le conozcáis, sabéis que Polidori es un ser reflexivo, así que no es de extrañar que se preocupara por saber eso, qué es un blog, mientras atendía a sus referentes musicales. Aunque también hubo tiempo para agradecer el nombre a quien lo hiciera posible, siempre a vueltas con el diccionario, su compañero inseparable, y sin descuidar los problemas de cada día, hablando de una crisis más de moda ahora que entonces. Y atento a la realidad y sus incongruencias. Incluso hablando de ciencia, o de algo que se le parece. Pero la música continuó teniendo un papel destacado, así como los rincones para la nostalgia, aunque fuera en forma de árbol carcomido.
Sin embargo, la actualidad producía los más numerosos comentarios, algo que siempre le pareció extraño; y mientras hubo tiempo para la buena televisión, y para hablar de amor con mayúscula. Con la mirada puesta en los viejos maestros, y en los nuevos grandes artistas y sus cuitas, algunas de ellas deliciosamente bellas.
Pero Polidori fue un día reconocido por su labor de difusión musical, que pretendía hacer de los sonidos un placer participativo. Y por qué no hablar del teatro con mayúsculas...
Hubo también tiempo para las conmemoraciones más sentidas, y suspiros por un pasado que se esfumaba. De todo hubo, como el gran cine, fuera y dentro de nuestras fronteras.
Polidori no es historiador, pero le gusta jugar con la historia y sus recovecos. Pero, sobre todo, Polidori es un nostálgico, aunque sea de un parking y no es extraño que le guste hablar de los pequeños fetiches. Y es tal su nostalgia que no duda de hablar incluso de manos, de unas y de otras... Incluso los cadáveres y los cementerios se asoman por estas páginas, lugares propicios para la melancolía acompañada de sus ilustres moradores.
Y de vez en cuando Polidori atacaba los problemas más nefastos de esta nuestra sociedad, ya fueran los energúmenos, los maleducados, las peores tragedias y la situación de las aulas. Pero siempre ha vuelto a lo que más le gusta, recrearse con esos pequeños milagros que nos ofrece la vida, o esas pequeñas e inconfesables cosas, o las más hermosas anécdotas a pie de calle, o esas costumbres inauditas que no queremos nunca que desaparezcan, o algunas manifestaciones y celebraciones hermosas que hacen de la ciudad un lugar mágico por unas horas.
Incluso personajes tan peculiares como Tarzán y su compañera se han asomado por aquí, así como genios musicales en minifalda o peculiares nostradamus de la música indie. ¡Y crónicas de conciertos...!; de todo tipo y condición. Incluso Polidori se atrevió a recomendar algunas canciones inolvidables, y en ello está, aunque lo que quizá pese más en el recuerdo sea aquel concierto del bueno de Sylvian, todo un referente. Pero todo sea por la música, y su conmemoración punkarra; pero Polidori atiende siempre que puede a todas las manifestaciones artísticas, reivindicando aquellas cosas que caen por su propio peso.
Pero claro, no todo iba a ser fácil, pues no siempre se tiene fuerza para ser siquiera estentóreo, ni para hablar de crisoles. Y la culpa no es siempre de la propia experiencia, ni de los pequeños milagros de la ciudad, ni del infierno sueco al que siempre volvemos, ni de las increíbles cosas de esta vida, ni al fin ni siquiera de las injusticias poéticas, pero como todo en esta vida los blogs cobran vida en la cabeza del bloguero, y no es extraño que tenga que replantarse qué es realmente un blog, y, por qué no, sentir la sombra del abandono...
Al final todo se recompone, todo se reubica, la vida vuelve a reinventarse y uno no se quita el blog ni en vacaciones, y se encuentra momento para hablar de tantas cosas, incluso (claro, cómo no) de sexo, y de réquiem por quienes se han ido, de la nostalgia de la niñez o de por qué nos gusta lo que nos gusta.
Últimamente Polidori, de la mano de Innes, se ha embarcado en el vandalismo de baja monta y bolígrafo rojo en mano; el Comando Filológico ha hecho de las suyas dentro y fuera de la red, pero las cosas han continuado más o menos igual, con nostalgias, historias curiosas, denuncias, asombros y amor, mucho amor...
Más de tres años (mil ciento un días, para ser exactos), 516 posts, 1.897 comentarios y 90.892 visitas más tarde, aquí sigue el viejo Polidori. ¿Hasta cuándo?, eso nunca podrá saberse. Hasta que sus lectores quieran. Este no es un blog de referencia, ni lo pretende. Ni siquiera es un simple blog personal, ni temático, ni siquiera de actualidad. Este blog es la madre de todos eclecticismos, y como tal no tiene un plan A, ni un plan B. Por eso no puedo pediros más, lectores. No puedo hacer como hacen otros, pidiéndoos que votéis al mejor post, o preguntándoos cómo llegasteis aquí, o si francamente os gusta, o si tiene esto sentido... "Las manos en los bolsillos", el blog de Polidori, es lo que es, y no se le puede pedir más.
Quizá, eso sí, os agradecería que os manifestarais, de la forma que sea, en vuestro propio nombre o de forma anónima, para saber que, si habéis sido capaces de llegar hasta aquí, saber que queréis que continuemos el camino juntos con tanta ilusión como en un principio. Para poder seguir brindando con todos vosotros...
¡Por la cándida adolescencia!


K dijo
Pues que sea por la cándida adolescencia.
Salud
27 Octubre 2008 | 05:17 PM