La Coctelera

Las manos en los bolsillos

Concursos literarios

Tan antiguo como es el arte de escribir, o de pintar, o cualquiera otra elevación del espíritu más allá de lo útil, es también otro arte menos sutil y elegante, pero más, increíblemente más práctico y beneficioso para el artista: la conductividad eléctrica, que no es otra que saber encontrar el enchufe adecuado para que la energía fluya y llene tu cartera y tu ego de maravillosos electrones de energía positiva y fresquita que iluminen tu camino como si de un puto gusiluz te trataras.

Muertos de hambre ha habido tantos en el mundo del arte que podríamos llenar gruesos volúmenes con ellos. Para que todo el mundo me entienda, voy sólo a nombrar dos casos paradigmáticos y reconocidos: Vincent van Gogh y John Kennedy Toole. El primero (a pesar de no ser santo de mi devoción) es el más preclaro ejemplo de artista que se comió los mocos (literalmente) y que, sin embargo, ha sido elevado a los altares ad nauseam. El segundo es el caso del puto genio que sabe que tiene una bomba de relojería en sus manos pero que no encuentra a nadie con los testículos necesarios para publicar lo que todo el mundo ahora mismo reconoce como una puñetera obra maestra, quizá la mejor novela, o al menos la mejor sátira que se haya escrito en el siglo XX.

¿Y en el caso de los pésimos ejemplos de lo contrario? Bien, con ellos llenaríamos una segunda Enciclopedia Británica. ¿Sabéis cuál es el problema?; que pasados cinco años (incluso mucho menos tiempo) nadie se acuerda de ellos. En concreto, son tantos y tantos los ejemplos en el "mundillo literario", tantos ejemplos en los cenáculos de las letras que sería hasta triste tirar de nóminas. De hecho, la historia de la literatura está repleta de nombres de segundones, tercerones, que se han creído algo durante su algodonada vida y que, a poco que pase el tiempo y sean tenidos como lo que son, han pasado a ocupar los anaqueles del más absoluto de los olvidos, hasta el punto de que solemos reconocerlos como "oscuros narradores", u "oscuros poetas", que nada aportaron en su momento y que nada aportan hoy día.

Todos tienen una cosa en común, claro: el mecenazgo. Su posición ha sido ganada a pulso de lustrar hombros ajenos y bien posicionados. Lo que en castizo se suelen llamar lameculos. Gente que ha sabido pegarse cual lapa al preboste de punto, y que ha hecho del trepar en el escalafón de peloteo una virtud. O peor todavía: simplemente son hijos, sobrinos, amigos o hermanos de... Es por eso que casi siempre que descubres (con honrosas excepciones) el nombre que está detrás del ganador de algunos de esos concursos que pueblan nuestros periódicos y tiras de biografía te das de bruces con el mismo corte de personaje: el sabio trepador, figura ilustrada, que no ilustre, que saca pecho de sus conquistas en cuantito que se le da la oportunidad. En resumen, un verdadero asco.

Si alguna vez soy alguien en esta vida por mi arte, sólo quiero estar seguro de llegar porque me lo merezco, porque sea bueno también para la posteridad, aunque sólo sea por una de mis obras. Y si no lo soy, una vez pasado el intolerable regusto a rancio de reconocer la terrible mediocridad, al menos estaré satisfecho de no haber engañado a nadie.

Y es por eso que me arrepiento de haberme presentado a concursos que han sido ganados por alguno de estos personajes. El último, lo reconozco abiertamente, lo he perdido a manos de un tipo capaz de escribir cosas como ésta:

Pecos en un suspiro;
llegar antes que usted,
bañarme en un barreño
-dejar el agua negra-,

mandar la ropa al tinte
a que la lave un chino,
y esperarla en la cama
fumándome un cigarro.

Quien quiera investigar, que investigue...

Siempre que pierdo espero encontrar a alguien mejor que yo, pues en ese caso simplemente me moriré de envidia. Pero cuando ocurre, como casi siempre, lo contrario, a mí simplemente se me queda la cara de tonto.

Será que simplemente lo soy.

4 comentarios

  1. No, no eres tonto. Pero aquí entran en juego muchos factores, no siendo el menor la envidia. Si tienes talento y no tienes nombre, te hundirán en el fango. Si no tienes talento, pero te has ganado un nombre a fuerza de arrimar el hombro, tal vez consigas publicar y salir a la luz como una bengala. La cual dura lo que dura. Y si tienes talento y la suerte de haber nacido con un buen nombre, entonces el mundo (literario) será tuyo. Por desgracia, muy pocos se ajustan a las condiciones del último grupo. Yo soy de los que piensan: "escribe como puedas (que ya es de por sí un arduo trabajo) y ya veremos luego si hay acuerdo entre las musas y las parcas."

    Saluguiños,
    Jo

  2. ...

    Kennedy es el segundo nombre de JKT. Su apellido es, simplemente, Toole.

  3. Estimado ...:

    Sí, tienes razón, pero es como siempre le llamamos en mi círculo. En cualquier caso, lo corrijo, en aras de la corrección.

    Saludos.

  4. Anímese, Polidori, este no es solo un mal endémico de la literatura.

    También lo es de la música e imagino que del cine, la danza, la pintura, la escultura y la cocina.

    ¿Quién no se ha dado una vuelta por el myspace para descubrir que hay grandes grupos que tienen menos visitas y proyección que otros truños cuya música convierte los gases fecales de cualquiera de los aquí presentes en una de las mejores sinfonías jamás firmadas?

    Consuélese señor Polidori, somos los muchos los que tenemos cara de tonto. Quizá deberíamos montar una asociación.

Escribe un comentario