La Coctelera

Las manos en los bolsillos

Guardarraíles y cordura

A raíz de los comentarios que he podido leer aquí y en muchos otros sitios de la web me he decidido a escribir estas notas sobre algo que me preocupa mucho: el sentido común, los guardarraíles, la estupidez humana y el respeto.

Llevo casi diecisiete conduciendo. Bicicletas, ciclomotores, motos, coches y alguna que otra furgoneta han pasado por mis manos. He tenido una pequeña Derbi Variant, una vespa de doscientos (negra y preciosa), una Special, una CB de dos y medio y, por fin, una BMW K100 (amén de haber usado otras de mi hermano, como una GS 500 y una K75; e incluso una Harley, como algunos lectores recordarán). Y en coches he probado también decenas de modelos, de todo tipo y condición. En suma, cerca de medio millón de kilómetros recorridos, así que podemos decir que tengo “algo” de experiencia.

Para hablar de este tema hay que partir de dos premisas: el hombre no ha evolucionado para ser un conductor (es un triste mamífero, y bastante lento, en comparación con sus compañeros de clase animal); y las carreteras dependen en su uso de lo más básico del comportamiento humano como ser social: respeto, educación y sentido común. Para terminar de cerrar el círculo, debemos tener en cuenta que es deber de gobernantes y autoridades mantener en buen estado las vías, algo casi quimérico, como bien sabemos.

Bien. Si pudiésemos, pues, descartar los errores producidos por la primera de las razones, pues el hombre no ha nacido para ser capaz de controlar en todo momento un vehículo de una tonelada de peso lanzado a más de cien kilómetros por hora, podría afirmarse que, de ser prudentes, no habría en nuestras carreteras más muertos que los atribuibles al error mecánico (por desgracia, los menos). Pero somos humanos, y como tales, animales no siempre racionales. Todos somos muy civilizados de puertas para adentro, pero no lo somos, o al menos no siempre, cuando traspasamos dichos umbrales. Somos muy capaces de poner en peligro nuestras vidas y las de los demás con una facilidad y un hábito pasmosos.

Motos y coches comparten carreteras desde hace más de cien años. Ante los continuos accidentes, causados por estos factores, las autoridades tomaron cartas en el asunto e implantaron unas normas en su momento que se han ido adaptando con el correr de los tiempos. Así, los usuarios de motocicletas, como los de coches, poseen los mismos derechos y obligaciones que el resto de conductores. Sin embargo, por su gran movilidad y su reducido espacio, las motos pueden permitirse ciertas licencias que suponen el verdadero motivo de ese odio latente en algunos de los comentarios leídos en distintos medios, como el poder aparcar en la acera, el poder utilizar el carril-bus (tanto en Madrid como en Barcelona) y el poder meterse entre coches cuando éstos están parados en un atasco. Los motoristas compramos motos porque nos gusta conducirlas, pero TAMBIÉN para beneficiarnos de esas ventajas. La hora y media larga que me ahorro en comparación con otros años en los que sólo he usado coche no se paga con nada, os lo aseguro.

La moto, además, está asociada a una suerte de búsqueda de libertad, pendenciera y altanera, surgida hace décadas. No todos los motoristas somos locos que arrasamos las carreteras con un ruido ensordecedor, pero sí que es cierto que compartimos algo de “espíritu indómito” (y perdonad la licencia), pues podemos sentirnos un poco más libres que quienes se constriñen en un habitáculo de cuatro ruedas. Así es, guste o no a quienes no comparten nuestra visión de la conducción.

Mezclemos todo el cóctel. Descerebrados al volante los hay, pero no es algo exclusivo de los motoristas. Yo (como diría Roy en Blade Runner) he visto cosas que no creeríais por las carreteras del mundo. He visto motos cometer imprudencias, sí, pero he visto coches, furgonetas, autobuses y hasta camiones cometiendo tropelías que ponen los pelos de punta. Por eso, leer en estos comentarios que los motoristas seccionados por los guardarraíles lo tienen merecido me produce tal hastío que pienso que sólo pueden ser propios de personas enfermas, tan enfermas como la que desea la muerte de un semejante por motivos políticos, sociales o, por qué no, deportivos. Y si una persona es capaz de desear eso, apostaría un brazo a que en la carretera trata a los motoristas como estoy más que acostumbrado a ver. ¿Mi tropelía favorita?, la más peligrosa: entorpecer la marcha hasta el punto de invadir un carril por el hueco que queda entre la moto y el quitamiedos. Eso me ha pasado a mí más de una vez, y os aseguro que es espeluznante; ver, de repente, a un coche, a esa tonelada de hierro, apenas a cinco centímetros de la maneta izquierda pasar como una exhalación es como para cagarse de miedo.

Las motos son frágiles. Los motoristas, además, estamos a expensas de las inclemencias del tiempo, algo que los conductores no tienen en cuenta cuando van cómodamente instalados en un coche y se topan con una moto un día de viento, frío intenso o lluvia. Nuestro cuerpo es nuestro chasis, y ya sólo por eso deberían tenernos más respeto. Y ni que decir tiene que toda clase de baches, imperfecciones de la calzada, restos de grava, aceite o una simple pintura que no sea antideslizante puede ponernos en peligro por el mero hecho de circular por encima de ellos. Esto en un coche es menos perceptible, pero en una moto, os lo puedo asegurar, te hace blasfemar cada vez que te ocurre. A eso sumamos el ir con el rabillo del ojo calibrando si los guardarraíles de la carretera por la que vas están o no protegidos; es tan desquiciante como si fueras comprobando si todas las marquesinas a tu paso están bien afianzadas.

Las motos son una excelente solución para los gravísimos problemas de tráfico de nuestras ciudades, al margen de significar una forma de desplazarse y circular sin igual. Si a eso unimos un factor importante, quizá los conductores de coches desaprensivos a lo mejor se lo piensan más a la hora de criticarnos: por cada moto que ven circulando significa un coche menos, pues no olvidemos que la mayoría de motoristas son también conductores de coche (como pueda ser mi caso).

Me fascina conducir. Me fascina tener la posibilidad de desplazarme, en coche y en moto. Supone (pensadlo un poco) uno de los mayores avances para la libertad del individuo. Además, conducir una moto tiene un componente añadido que no lo tiene el coche. Cuando dos motoristas hablamos sobre ello solemos hacer gestos de reconocimiento mutuo, de saber que compartimos una vivencia muy especial, seamos conductores de "hierros" (como es mi caso) o de nerviosas motos japonesas o italianas.

Así que, respetémonos todos y construyamos unas vías más inteligentes y seguras. Y eso pasa porque los guardarraíles desaparezcan. Sencilla y llanamente. Y pensar lo contrario por mero despecho es ruin y perverso.

La moto es mucho más. Como ejemplo, os dejo con un vídeo que es la envidia de todos aquellos que nos desplazamos a dos ruedas: la vuelta al mundo que han hecho Charley Boorman y Edward McGregor a lomos de sendas BMW.

Polidori dixit. Y perdonad por lo extenso, pero este es mi blog y...

3 comentarios

  1. torombolo

    Hay que ver, lo que pasan los pobres moteros....

    Yo no tengo nada contra los motoristas, de hecho soy de los que apartan el coche para que pasen cuando yo no puedo hacerlo y que intenta facilitarles al máximo la vida. Pero por desgracia, los moteros no son todos tan prudentes como eres tu, querido Polidori.

    Hay tantos (o más) motoristas que circulan mal, como conductores de coche capullos. Si una moto va a salir de una calle es más que probable que no te ceda el paso; que si quiere adelantar, le de lo mismo si tu lo vas a hacer y has señalizado la maniobra antes. Da igual, es un pobre motorista y tienes que dejarle hacer lo que le venga en gana.

    Lo de pasar entre los coches está muy bien, pero no mola nada cuando te rompen un retrovisor por ir a toda leche, y a mi me ha pasado ya dos veces. El retrovisor me costó una pasta y a los del taller no les sirvió de nada decir que el de la moto levantó la mano en señal de disculpa mientras desaparecía (es que es tan libre...) entre los coches del atasco antes de que pudiese tomar la matrícula para dar un parte.

    Insisto en que no tengo nada contra los motoristas. He viajado alguna vez de paquete y he sufrido el miedo de los movimientos imprevistos de los coches, de hecho tuve una caída por culpa de una niña que abrió la puerta sin mirar. Lo que no me mola nada es el rollo víctima de "pobre de nosotros, que somos libres como pájaros y los demás son malos".

    Las reglas son para todos (libres o no), y las cosas está permitidas o no lo están, pero eso no lo decide un conductor. Si no se puede conducir en dirección contraria no se puede y punto, eso de que "hay mucho tráfico y es una tontería que una moto se quede parada en un atasco" no me vale. Por ejemplo, en la Gran Vía de Madrid, hay una zona en la que los coches tenemos que apartarnos para que las motos que suben en dirección contraria puedan pasar. Por eso creo que los motoristas son los primeros que se deberían concienciar de que son la carrocería y asumirlo como una desventaja, no como un argumento para poder hacer lo que les venga en gana.

    Por supuesto me gustaría que no hubiese cuchillas en las carreteras como son los quitamiedos, ni puntos negros, ni curvas peligrosas (esta señal es de mis favoritas, como si las curvas saliesen solas) y hay que presionar a "los que mandan" para que hagan mucho más de lo que hacen limitándose a multar y meter miedo. Pero también pienso que todos debemos de pensar en lo que hacemos mal y no ir de víctimas ni echar la culpa a los demás de todos nuestros males.

    Perdona la charla, Poli.

  2. Queridísimo Torombolo:
    Claro, entiendo tu postura, porque imbéciles al mando de una moto hay muchos. Así que, no te disculpes. Me alegro de que estemos de acuerdo en que la imbecilidad no debe entorpecer la cordura.
    Abrazos.

  3. K

    Yo pienso que la solución no es nada complicada. Evidentemente, estúpidos irresponsables a los mandos de un vehículo los hay y los habrá siempre, independientemente del vehículo del que se trate, pero no es tan difícil evitar algunos riesgos.

    Los actuales guardarrailes se pueden sustituir por otro modelo que no sea una sierra para un motorista que rueda por los suelos. Y no me vengan con que no hay dinero, que supongo que algo menos que el rescate de la banca costará cambiar estos chismes. Los coches pueden llevar, de serie, esos espejitos tan majos que tienen cuando estás en la autoescuela y que hacen que el famoso punto negro no sea un agujero cósmico que se traga cualquier moto que esté detrás nuestra. Ya puestos, también se podía cambiar la pintura de las carreteras, mantener limpios los arcenes...

    Y sí, las motos deben circular en el mismo sentido que el resto de los vehículos y los coches deberían acostumbrarse a usar los intermitentes, esas lucecitas parpadeantes que parece que no vienen de serie.

    Vamos, que hay que tener un poco más de sentido común al volante, sea de lo que sea, y que no es tan complicado eliminar unos cuantos problemas estructurales que facilitarían la vida a todos.

    Salud

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