La Coctelera

Las manos en los bolsillos

Ficod: contactos con el "animal ferial"

Las ferias tienen mucho de irreal. Supongo que será como las convenciones, aunque de esas no he ido a muchas. Además, nunca he abandonado mi ciudad para asistir a una; claro, porque mi ciudad es feriante por excelencia.

Aún me siento raro diciéndole a un guardia jurado que voy a "acreditarme". Sé que la acepción correcta es la tercera del DRAE, "Dar seguridad de que alguien o algo es lo que representa o parece", pero me hace gracia pensar que realmente fuese la primera: "Hacer digno de crédito algo, probar su certeza o realidad"; o la segunda: "Afamar, dar crédito o reputación". Siendo el primer caso, sería estupendo que el susodicho me hiciera digno, pero mejor sería que me diese fama o reputación. Ya me lo imagino con un megáfono anunciando mi llegada. Sería divertido.

No me voy a extender en lo que he podido ver, porque sólo he estado en una conferencia y en una sesión matutina (bueno, y viendo a mi jefe en directo desde la oficina; cosas del directo). Tuve a bien ver como Jacqueline Hernández cantaba las excelencias de series como Pasión de gavilanes o Sin senos no hay paraíso (sic), y comprobar entre asombrado y horrorizado como una latina experta en contenidos digitales y de entretenimiento para latinos, que habla (se ve) perfectamente español, da una conferencia en Madrid en inglés; suerte que mis últimos avances en la lengua de Shakespeare hicieron que casi no me hiciera falta la traducción simultánea, así que me alegré de no coger el pinganillo.

También comprobé como el último gurú de la cibercoisa, Gerd Leonhard tiraba de powepoint para explicarnos lo inexplicable, la cuadratura del círculo de sacar pasta por servir contenidos gratuitos; me hubiese encantado ver la cara (el careto) de Tedy Bautista y el sin par Ramoncín (aka Ramona Pechugona) en esa tesitura, cuando se habló específicamente de música y de que si "todos nuestros hijos son delincuentes por bajarse música", je... La respuesta fue no, claro, pero eso no importa.

También asistí a dos estupendas mesas redondas sobre los contenidos multimedia y los dispositivos que nos los acercan, y la eterna pregunta de cuáles deben adaptarse a los otros. Pero lo mejor fue ver de nuevo a la fauna de estos eventos, el ir y venir de gente encorbatada entre otros que parecen sacados de una tienda de frikies. Los profesionales del café con leche y los bollos de balde, y los camareros que sólo saben responder con borderías y que siempre tienen mucha prisa. Las simpáticas azafatas que, las pobres, están ahí para repartir flayers de informáticos hoy y charcuteros mañana. Y el "staff" al que le da todo un poco igual mientras el calvo ese no se meta en medio de la cámara, que bastante tiene con sortear las cabezas de los asistentes para que salga medio decente la emisión simultánea del evento...

Lo dicho, ¡esos congresos!, qué bonitos son.

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