La Coctelera

Las manos en los bolsillos

La omisión de la familia Coleman y lo inaudito

Hay cosas que sólo pasan los fines de semana. Pertenecen a las vivencias de los días de asueto, aunque en ocasiones los viernes noche sean tan arduos como los lunes por la mañana. Es lógico, el cuerpo se resiente, y cuesta dios y ayuda hacer cosas como la que hicimos este viernes pasado: cogernos el metro y el metro sur y atravesar un desabrido y lluvioso Móstoles en busca de un teatro como sólo pueden ser los teatros de las ciudades dormitorio: incómodos, con más aspecto de salón de actos escolar y un público poco acostumbrado (dicho con el mayor de los respetos) al teatro en mayúsculas. ¿Qué por qué se representaba allí La omisión de la familia Coleman, de Claudio Tolcachir?; es un misterio que no tengo muchas ganas de resolver.

Entre el mal cuerpo propio de esas alturas de semana, lo inaudito del lugar (butacas pequeñas, viejas, público de zarzuela local, teatro setentero y ausencia de programa de mano) y que la obra arranca de forma extraña, cuesta, me costó, cogerle el aire. Todo parece indicar que pudiera ser una comedia, pero hay algo que flota en las frases y en los ademanes de los personajes que no termina de decantarse hacia la risa o el rictus cuasi agrio. Los movimientos de una familia extraña, en la que no se sabe muy bien al principio qué lugar ocupa cada personaje, hace de la trama una montaña rusa de situaciones delirantes mezcladas con momentos de franca ternura. Luego poco a poco centras a cada uno de los papeles: una abuela juguetona, unas hijas de distinto padre y dos nietos extraños que se van centrando a la postre en la insolencia de algo cercano a la delincuencia en un caso, y en la demencia desternillante y amarga en otro.

Algún que otro personaje más, pero no muchos. Ocho en total, y un escenario que, dadas las circunstancias, parecía incluso demasiado repleto, pues es una obra que bien podría representarse con una escena prácticamente vacía. Los seres que la pueblan, tremendamente "argentinos" en sus costumbres, modo de hablar y presencia, dan giros sobre sí mismos en dos escenarios alternos: la casa y el hospital donde es ingresada la abuela. Y en ellos se desatan las tragedias hasta un desenlace abrupto y pasmosamente trágico que nos hizo salir del teatro con un cuerpecito de jota importante. No quiero deciros más, por si alguno tiene ocasión de verla. La experiencia es desoladora y maravillosa.

El respetable mostoleño se lo tomó más que nada a guasa. Así que es difícil convivir con el peso que te abruma ante obras como éstas y las prisas por abandonar la sala de un público, me temo, poco acostumbrado a las obras que te hacen pensar y que te plantean dilemas en la parte más recóndita y jodida del subconsciente. Sé que se nota demasiado mi malestar, pero no puedo evitarlo. Vetusta está en muchas partes, y duele reconocerlo cuando vienes del centro de la ciudad.

En fin. Os dejo con el blog de la obra (porque ahora las obras también tienen blog). Desconozco los detalles y la vida del autor, pero prometo salir de mi ignorancia.

En cualquier caso, viva Argentina y los argentinos, esos italianos que sueñan con ser franceses y hablan español.

Polidori dixit.

P.D.: Quizá estas cosas no debería escribirlas los domingos. No le sientan bien a mi inopinada tendencia a la melancolía. Si a alguien ofendí, ya saben a quién dirigir las quejas.

4 comentarios

  1. innes

    Claudio Tolcachir. El director. ;-)

  2. Juanita

    Querido Polidori, lo siento, pero voy a ser sincera; como habitante no de Móstoles, sino de Alcorcón, te digo lo que me parece tu último post: sencillamente insultante (dicho con el mayor de los respetos).

  3. Sólo puedo decir que lo siento, pero es lo que sentí aquella noche. Fuimos a ver una obra cojonuda, que es un tiro al corazón, y la gente se levantó de sus butacas como si fuera una película. Es la primera vez que me pasa, y yo sólo pedía un poco de respeto por los actores y algunos sectores del público.
    En fin, que lo siento.

  4. Juanita

    No te preocupes, era por polemizar un poco.
    Buen fin de semana (largo)!

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