Aquella adolescencia, esta adultez
El sábado por la tarde unos alumnos de Innes se pasaron por casa, ya que estaban paseando por el barrio. Tienen diecisiete años, e Innes es para ellos nada más y nada menos que la profesora de literatura, con todo lo que eso conlleva. A mi cabeza, nada más iniciarse el encuentro, vino el púber preuniversitario que era cuando, por ejemplo, me fui con mi profesor de literatura a la ruta típica de vinos de Madrid (ya sabéis, esa que pasa por El Abuelo y La Abuela), allá por el año del señor de, aproximadamente, 1986, con más o menos la misma edad que los susodichos alumnos. Encuentro en el que, por cierto, acabamos bastante achispados, lo que es lógico suponer.
Los dos muchachos parecen sacados de un libro de buenas costumbres, y por el demiurgo juro que esto no es peyorativo. Bebieron uno un té de coco y otro una coca-cola. Y charlamos cómo no de literatura, estudios y perspectivas de futuro. Sin apenas darnos cuenta, y dadas las afinidades de ambos, empezamos a sacar libros, películas y demás cachivaches que rondan por la casa. Uno de ellos afirmó, desde su extrema timidez, que pretendía estudiar Filología hispánica o inglesa, y que también le interesaba hacer un módulo de japonés. Como os decía, dos buenos muchachos sacados de un libro de buenas costumbres, fascinados (y con envidia reconocida) por la casa en el centro y la vida "adulta".
Por mi mente, insisto, se paseó toda una serie de vivencias y recuerdos de aquellos tiempos en los que toda una vida estaba por estrenar. Y pensé en el mundo que van a heredar estos aprendices de todo, tan distinto a aquel por el que yo empecé a caminar hace ya más de veinte años. Me recuerdo a mí mismo pensando en esos adultos a los que envidiaba, y de los que tanto me gustaba aprender. Y me veo a mí mismo hoy, recapacitando sobre si aquello que hube imaginado antaño se ha cumplido o no, sobre si se sentiría orgulloso aquel muchacho del adulto que me mira ahora desde el espejo, con todos los problemas y las miserias del mundo en que me ha tocado vivir. Si todos esos sueños exitosos de la adolescencia soportarían estrellarse contra el muro de la complicada realidad a la que me enfrento todos los días y su reino de terror, injusticias y atrocidades, o las simples dificultades del día a día o las frustraciones cotidianas de alguien que un día soñó con ser un autor de éxito, aclamado en medio mundo. Y entonces es bueno agarrarse al clavo ardiente de la buena suerte de estar vivo, ahora, aquí, ante mis amigos, mi familia, mi media mitad. Y entonces sólo te queda suspirar cuando los muchachos se marchan, consciente de haber tenido con ellos una actitud quizá demasiado paternalista, pero inevitable dadas las circunstancias, ahogando un grito de advertencia, de que disfruten al máximo la vida, de que sean conscientes de todo el camino que les queda por recorrer, que nunca pierdan la curiosidad, ni el afán por aprender, y todas aquellas cosas que tantas veces te has repetido a ti mismo que hubieses hecho mejor si hubieses tenido la oportunidad.
Pero sé que ellos mezclarían la envidia con la condescendencia, y volverían la primera esquina fascinados por el mundo que les rodea, alejado de las inmundicias y de las bombas que hieren otros extremos del mundo y que tanto asfixian a adultos como nosotros. Y con ávida hambre de conocimiento volverían a casa comentando la jugada, charlando sobre las cosas que les interesan y de la perspectiva de aquellos a los que les queda poco para abandonar el instituto.
Y por un instante fugaz tuve que reconocer que sentía envidia, mientras descorchaba por enésima vez una botella por la lejana, querida y cándida adolescencia.



5 comentarios
Yo pienso en ella casi todos los días...
19 ene 2009 | 05:42 PM
Polidori, la media mitad equivale a la cuarta parte...
19 ene 2009 | 10:26 PM
Va a ser que nos hacemos viejos, porque ya empezamos a ser sabios o algo parecido. La adolescencia pasa igual que pasan estos días y al final sólo nos queda hoy y un ayer sepultado bajo el maquillaje que queramos ponerle.
Si lo de ayer ya está hecho y lo de mañana no existe, quedémonos aquí y ahora con todas nuestras botellas descorchadas y que el incierto futuro nos encuentre bebiendo.
Salud
23 ene 2009 | 02:22 PM
Bellas y sabias palabras, K, bellas y sabias.
Salud.
24 ene 2009 | 11:13 AM
Tengo pocos lectores, pero no sabéis lo orgulloso que estoy de los pocos lectores que tengo.
Gracias a los tres.
24 ene 2009 | 08:57 PM
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