Qué hacer si has cumplido la misión
Mis lectores, a quienes tengo por avezados, se habrán dado cuenta de que los dígitos del contador de visitas de mi página han girado, en las centenas de millar, del 0 al 1. Cuando empecé a escribir aquí me hacía ilusión ver cómo iba subiendo poco a poco ese contador, quizá sorprendido de que tanta gente fuera entrando en la página sin ningún tipo de publicidad y con un resuelto caos de temas e intenciones a lo largo de esta larga retahíla de post. De hecho, ya me cansé un poco de ir anunciando los hitos cumplidos: que si diez mil, que si cincuenta mil... Pero sí debo reconocer, y algunos lo habréis leído (incluso algunos más cercanos escuchado) que me hacía especial ilusión llegar a cien mil. Es un poco absurdo, me consta. Qué son las cifras de páginas vistas, qué son cien mil, cuando hay blogs que cuentan con esa cantidad todos los meses o semanas, o qué importan, realmente, ese tipo de cuentas. Lo sé, y sé incluso que la cuenta de páginas vistas no es la importante frente a la de usuarios únicos. El caso es que, de una forma o de otra, rebasar esa cifra se había convertido en una especie de reto, o de meta, una especie de línea de llegada que se vislumbraba al fondo del camino, y que parecía a menudo demasiado ambiciosa.
Pero ahora que he llegado a esa meta me está ocurriendo algo parecido a lo que me ocurrió cuando aprobé la última asignatura de la carrera: me pregunté "¿y ahora qué?".
No voy a ponerme, como suele ser mi costumbre, nostálgico. ni soñador, ni críptico. A decir verdad, debo reconocer que, ahora que he llegado hasta aquí, como diría san Nacho, me pregunto el porqué de ese largo camino. Ni siquiera pienso en si ha merecido o no la pena. Al fin de cuentas, si cerrara hoy mismo esta página nada en el universo cambiaría un ápice, pero tampoco lo haría si toda la humanidad desapareciera de un plumazo. También siento el cosquilleo vanidoso de querer intentar, de una vez por todas, la redacción de algo más "serio" y con pretensiones literarias (que el demiurgo me perdone el atrevimiento) al fin, pero me resisto a creer que todo esto de "Las manos en los bolsillos" ha terminado, aunque lucho también por darle un sentido que demasiadas veces sé que no lo tiene. Los blogs, dicen muchos, parece que tocan a su fin, pues están muriendo de éxito. Ya no es nada enorgullecedor decir que tienes un blog porque todo el mundo tiene uno, y en algunos casos perfectamente prescindibles (y sé que en otros ciertamente excepcionales, y aún continúo leyéndolos con deleite). Puede que sea simple desidia, o que todo toca a su fin, o vaya usted a saber por qué, pero quizá sienta que una etapa más se está cerrando, y se abre otra en la que esté reflexionando sobre muchas cosas en mi vida y, por supuesto, en la que tenga que tomar también una decisión sobre qué hacer con este espacio en la red. Puede que pare máquinas, puede que simplemente elimine ese contador, o puede ser, y a esta hora me parece lo más plausible, que simplemente escriba menos y más espaciado en el tiempo, puesto que ya no tengo esa pulsión de retratar la realidad con urgencia, como antaño, y porque debo reconocer que no tengo fuerzas, ni ganas ni empeño en especializar aún más este rincón, una de las opciones primordiales que según todos los manuales de blogs se debe hacer para ganar recurrencia.
Mis lectores más fieles dirán, con razón, que éste es el enésimo post de Polidori anunciando su marcha, y tienen todo su derecho, y les pido perdón, pero creo que esta vez va en serio. Necesito relajarme, tomarme esto con menos urgencia y más deleite, necesito priorizar cosas en mi cabeza, ahora que mi carnet de identidad me dice que estoy a punto de pasar la barrera de las barreras psicológicas. Necesito, al fin, creer que esto valió la pena, y que hubo gente allí, por el camino, con la que fue un gusto caminar, pero necesito también saber que soy capaz de enfrentarme a una meta mucho mayor.
Sea como fuera, Polidori sigue aquí, con las manos en los bolsillos, asombrado por el mundo, y sabréis de él siempre que sea menester, aunque a partir de ahora sea mucho más costoso sentarse en este viejo salón para charlar sobre lo asombroso del camino con los viejos y los nuevos amigos.
Gracias por todo y hasta pronto.



5 comentarios
Valió la pena Polidori, valió la pena...
Un fuerte abrazo.
8 feb 2009 | 05:16 PM
Por supuesto que valió la pena, Polidori. Si en último término no lo fue para ti, sí para muchos (evidencia). Que quieras especilizar el blog, que prefieras no tener prisa por contar lo que te apetezca no significa que desaparezca "Las manos en los bolsillos". Al menos para mí no desaparecerán estas reflexiones, a veces complicadas, otras divertidas, algunas inquietantes y excepcionales...
Y sólo puedo darte una vez más las gracias por este maravilloso rincón donde esfumarse a respirar hondo.
Un fuerte abrazo y que tengas mucha muchas suerte.
Una amiga. Antares.
8 feb 2009 | 08:15 PM
Los blogs no mueren, no te engañes, siempre necesitaremos espacios en los que pensar y ser pensados. Mueren los augures, sobre todo los del Apocalipsis, pero esos están resucitando siempre, para nuestra desgracia.
Esto nació sin reglas y se equivoca quien trata de ponérselas. Da igual cómo y dónde, sigue escribiendo y sigue contando lo que ves, incluso aunque no quede nadie para leerlo. Es mentira que se escriba para ser leído, se escribe para seguir vivo, poco importa si hay alguien al otro lado capaz de entenderlo.
Salud
9 feb 2009 | 03:36 PM
-_-,
Espero que se entienda. Un fuerte abrazo.
12 feb 2009 | 06:41 PM
Pues a mí me costará acostumbrarme, aunque espero que sigas ahí y de vez en cuando te asomes para dejarnos algo tuyo.
Lo que me pide el cuerpo es darte las gracias y también pedirte que no nos abandones...del todo...
12 feb 2009 | 07:45 PM
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