La Coctelera

Las manos en los bolsillos

Yo quiero

Yo quiero levantarme todos los días leyendo lo que la prensa dice de mí.

Yo quiero descolgar el teléfono y que al otro lado una voz me anuncie que quieren entrevistarme en la radio, o en la televisión, o invitarme a la enésima conferencia al otro lado del globo.

Yo quiero aprender a enarcar bien las cejas cuando me pregunten algo interesante mientras sujeto las gafas por una patilla con gesto preocupado durante esas entrevistas.

Yo quiero polemizar con Sánchez Dragó en su programa, y poder levantarme de la silla tomando las de Villadiego mientras le espeto que es un pedante de mierda y que se puede meter su programa por el orto (deseando a la vez que no le guste).

Yo quiero escribir con pluma Montblanc en el mismo rincón de siempre del Gijón, observando con gesto adusto a los pobres desgraciados que vienen a vernos a los grandes, como si de monos de feria se tratara (¡insolentes!).

Yo quiero aparecer en algunos libros de texto como integrante de la última de las últimas tendencias de la literatura hispana, y observar al serme preguntado que la nueva generación no tiene nada que envidiar a los sobrevalorados ismos del XX.

Yo quiero escribir a máquina sólo por joder, esperando con deleite las primeras pruebas de la editorial para acusar sin motivo al amanuense de que "eso no estaba en el original". Yo quiero que el ruido de mi Remington quede amortiguado (pero no del todo, por joder a los bañistas) por el ruido de las olas de mi fastuosa casa a orillas del Mediterráneo gerundense, tal cual fuese Capote preparando los borradores de mi gran obra.

Yo quiero que Villa-Matas quiera ser mi amigo, y que me llame por teléfono para quedar, y yo aduzca cierta indisposición porque prefiero quedarme en casa con mi santa viendo una película de catástrofes.

Yo quiero, en fin, ser santo bebedor en el bar del Palace mientras meto prisa a la enésima becaria que reparte mis novelas en la mesita, ocupando a duras penas una tercera parte de ésta por mi poca deferencia a la hora de usarla como improvisado atril de mi periódico. Y quiero interrumpirla en el momento más interesante para excusar imperiosamente la necesidad de fumarme un cigarro, porque los hoteles ya no son lo que eran antes, porque cómo está el servicio.

Pero quiero sobre todo que no se cumpla esa hermosa máxima que dice cuidado, porque pueden cumplirse tus sueños. Y entonces, sí, entonces tendríamos un problema.

1 comentario

  1. De algo así hablaba uno de los últimos libros que leí, La velocidad de la luz de Javier Cercas, del éxito que te transforma sin saber cómo ni hacia dónde.

    De todas formas, yo quiero leer la primera novela que escribas. :D

    Un abrazo

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