La Coctelera

Las manos en los bolsillos

Izquierda utópica y bobalicona

Leo Bassi ha pasado por Madrid, y no ha pasado nada. Ocho semanas de espectáculo llamado Utopía y nada ha cambiado. Ocho semanas para recordarnos que un obsoleto modo de entender el mundo ha caído por su propio peso y que es el momento del cambio y nada ha cambiado. El bueno de Leo nos conminaba desde el escenario a que abanderáramos la causa que nació hace ya doscientos años en la Europa ilustrada, con el firme propósito de despertar conciencias dormidas ante el ocaso del neoliberalismo, pero nada se ha despertado, y eso le deja perplejo. Nos deja perplejos. Muchas representaciones que reclaman, con ese humor del bufón de siempre, desde la alegoría del payaso blanco sempiterno que se atreve a decir lo que nadie se atreve, pero que ve cómo su esfuerzo es inútil en una sociedad anestesiada por la desidia; muchas representaciones en definitiva que apelan al nacimiento de una nueva conciencia y a la postre nada es nuevo bajo el sol. Vivimos en una sociedad taciturna y bobalicona que sólo se preocupa por lo material, y es ahora más que nunca el momento de reclamar más implicación, más acción, más protesta, pero aquí no se mueve nadie.

Leo, te estamos fallando, todos y cada uno de los que nos acercamos a abrazarte al acabar la representación. Como tú bien dijiste, nos fuimos a tomar cañas como si nada estuviese pasando, como si no tuviésemos conciencia histórica, y nos diese igual que las patrañas del otro lado se estén desenmascarando sin remedio. Pues tú bien lo dices alto y claro: la izquierda que nos ha tocado vivir es bobalicona, indolente, inoperante y perversamente adocenada, y ahora es necesaria más que nunca. Pero no hacemos nada, y así nos va.

Leo, desde aquí te decimos que hemos captado el mensaje, y que queremos más que nunca reclamar lo que es nuestro: la alegría de vivir, de sentirse vivo y de sentir el orgullo de ser diferentes. Pero tú bien sabes que es una quimera, una utopía en un mundo gris y perverso. Por eso tomamos con ilusión la bandera de la utopía relativista y progresista, para plantarla en las narices de los que tienen que decir tantas cosas y sólo saben callar.

Leo, te damos, pues, las gracias, y te pedimos que continúes el camino con la esperanza de que las cosas cambien, ahora más que nunca, mientras rogamos que tu mensaje tenga el eco que no ha tenido. Pero bien sabemos que todo es inútil y que tenemos lo que nos merecemos.

Gracias, pues, Leo. Te necesitamos. Te queremos.

1 comentario

  1. No hablaré de Leo mientras no le conozca en la antinomia de ser zurdo, por el mismo principio que origina todo génesis; mientras tengamos la necesidad de comportarnos,digo, complotarnos, asumimos el nudo para utilizar la consciencia colectiva y deconstruirlo. Por supuesto, acato la culminación de mis necesidades bȧsicas, según Maslow quien se revolcaba por el cieno con una aspereza provocativa de resumir no sé que andamiaje sociológico, materialista e histórico si la cuerda floja de su trapecio presentía que en lo dialéctico estaba la vida. Allá los pobres con sus manos de siempre, estiradas en la "pedidera", como si bostezaran, queriendo emigrar a la fuerza porque en otra sociedad no hacía falta consciencia social, estaban seguros que el socialismo nacía en ellos como calavera en el auspicio de aquel otro lugar donde Leo metía la mano y regalaba su sudor capitalista o proletario, porque cada gota de sudor se congelaba en aquellas manos tan agrícolas y llenas de monedas; pero no eran tal, escarbaban la tierra buscando lo suyo, que tampoco yo sabía lo que era. Jejejeje.

Escribe un comentario