Un silencio empecinado
Qué manido está lo de la página en blanco. Todos lo sabemos. Así que no voy a mentarlo, ni siquiera a intentar explicarlo. Mi mente ha estado en otros sitios, en otros mundos poco divertidos, pero si queremos tirar de cosas manidas, sabemos que "de todo se sale", así que no quiero parecer compungido ni apenado, aun sabiendo que el problema de fondo es el de siempre: solemos los tipos como yo no echar las culpas a las circustancias orteguianas, sino enfangarnos en nuestra propia incondescendencia, apretando un poco más cada vez la tuerca de nuestra culpabilidad, apelando a lo bien que sabemos compadecernos de nosotros mismos, e indagando en la sempiterna manía de ver en los demás toda lo bueno que no hay en nosotros, la capacidad de reírse de la adversidad o de ser capaz con total displicencia de frecuentar la autofellatio (tradúzcase en egolatría, si se quiere ser más correcto) cuando a muchos nos sobran demasiadas costillas. En resumidas cuentas, ahora que veo la luz al final del túnel de la adversidad, necesitaba este "post puente" para tener una excusa que me permita seguir sin dar más explicaciones. Sea, pues, así. Y gracias a los que habéis leído hasta aquí; va a ser que, al final, hasta os gusta.



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