La Coctelera

Las manos en los bolsillos

Kmfdm en la Heineken (pero yo tenía que estar en Barna)

Yo ni siquiera tenía que estar ahí. Tenía que estar en Barna, en el Primavera Sound, pero los hados no han sido benévolos, e incluso me encontré a un viejo conocido (el tipo más entrañable que pueda encontrarte en un festival, cerca de dos metros de generosa carne entrañable) en uno de los bares de siempre de Malasaña que me dijo que él tampoco tenía que estar ahí, que tendría que estar en Barna, pero estaba en paro, y en fin, que qué se iba a hacer. Pero eso fue el sábado, y el viernes aún era más patente que yo no debía estar ahí, pero ya era tarde, y habíamos ido, como casi siempre, al cine la tarde del viernes, y no sé siquiera por qué, porque no había otra cosa supongo, nos metimos a ver la previsible causa de mal humor de Ángeles y Demonios, un lugar común tras otro, exasperante uso continuo de obviedades y temas manidos. Y dejamos la moto, y subimos a casa, y aún flotaban en el interior de mi cabeza las angustias arrastradas de toda la semana, de todo el mes, y el cansancio propio de los viernes, y el cabreo por la mala película, y los líos del trabajo. Y de repente un mensaje. Y otro. Vente tío, a ver a los makarrakes guitarreros, vente tío, vente con los amigotes, que tengo ganas de verte. Y una llamada, y joder, tío, veinticinco napos, esa es mucha pasta. Y yo tenía que estar en Barna, pero eso es lo que tiene vivir en el centro, y tener amigos de los buenos, y guardar ese viejo corazoncito post punk en el fondo del costado, y por qué coño no, ya está bien de poner pegas. Y yo tenía que estar en Barna, pero acabé delante del escenario de la Heineken, tan cansado que se me iban las piernas, con un mini en la mano y cerveza en el buche, mucha cerveza, y saltando incluso con “Megalomaniac”, y riéndome como loco por los botes al mejor estilo de aquellos pogos de antaño, que le tuve que explicar a un chaval que se estrellaba una y otra vez contra nosotros que estábamos mayores para esos menesteres, y que viva el punk, joder, o el post punk, o el raca-raca electrónico-guitarrero, y qué graciosa la cantante, y mira ése, coño, parece que Kiko Veneno ha venido a ver a Kmfdm, y cómo nos reímos. Y allí estaba yo, saltando, aunque tenía que estar en Barna, pero hasta estuve riéndome por lo enrollados que fueron todos los del grupo, que parecía que estábamos en familia, que hasta el cantante, qué bueno, cogía la cámara y nos hacía fotos a todos nosotros con Lucy, y Wilie ya estaba con que si le había tocado salva sea la parte (el bueno de Willie, siempre igual), y así fue hasta que el gorila del sitio nos echó, y luego fuimos al Rádar, como en los viejos tiempos, y reímos, bebimos cerveza y hablamos de música, de Muchachada, de Little Britain, de las series de siempre, de motos, qué se yo. Y bebimos cerveza, y al salir iba dando tumbos por la calle, y me costó subir una eternidad los cuatro pisos, y es la última que me bebo dos litros de cerveza sin cenar, así de improviso...

Sólo sabía que yo tenía que estar en Barna, pero sé que ese concierto inesperado lo recordaré toda mi vida.

3 comentarios

  1. torombolo

    No Poli, tenias que estar en Madrid, y estuviste. Y nos emborrachamos, y nos abrazamos, y saltamos, gritamos, reimos...

    Por desgracia eso no pasa mucho, cada vez con menos frecuencia pero, por suerte, con más intensidad.

    Los tipos más duros en el escenario resultaron ser los más tiernos fuera de él.

  2. innes

    Así me gusta, que te diviertas.

    (Este... ¿nos vamos a vivir a Barna? Así para el próximo ya te pilla allí)

  3. Flanagan

    Maravilloso relato. Qué grande, tener amigos y no sentirse solo.

    Un abrazo.

Escribe un comentario