La T es el martillo del abecedario
Controvertido, genial. Rocambolesco, absurdo y, a la postre niño pijo, pero también divertido, chispeante. Leer sus greguerías es siempre sorber poemas en versos muy cortos, antes de que nadie hablara de micropoemas, haikus y demás zarandajas (nota: un tal Losantos acaba de publicar un libro de haikus; aviso para navegantes).
Ramón fue contemporáneo de don Ramón, el Nobel, pero éste era más histriónico, y para nada encorsetado y remilgado como el segundo. Se reía hasta de sí mismo, pero al final no supo reírse de quien más debiera, apoyando con pasta para armas y un doblar de rodillas al golpista que luego se tomó muy en serio eso de que su apodo terminaba en "ísimo", y así estuvo cuarenta años.
Hoy hubiese cumplido ciento veintiún años. 121. Sobre la cifra, así escrita, según lo viera, hubiese dicho que son dos soldados, muy firmes, que custodian a una serpiente. Lo curioso del caso es que ¡cómo podía imaginar el bueno de Ramón que a todos nos ha recordado su cumpleaños una cosa llamada Google! Le hubiese dado un vértigo.

Vayan sólo diez greguerías escogidas. Buscad más, que no os arrepentiréis.
- Aburrirse es besar a la muerte.
- La noche que acaba de pasar se va al mismo sitio en que está la noche más antigua del mundo.
- El amor nace del deseo repentino de hacer eterno lo pasajero.
- A las doce las manillas del reloj presentan armas.
- Cuando la mujer se quita una media parece que va a mirarse una herida.
- Carterista: caballero de la mano en el pecho... de otro.
- Los presos a través de la reja ven la libertad a la parrilla.
- El Pensador de Rodin es un ajedrecista al que le han quitado la mesa.
- La Y es la copa de champaña del alfabeto.
- Estamos mirando el abismo de la vejez y los niños vienen por detrás y nos empujan.



1 comentario
¡Hola, Polidori!
Las greguerías de don Ramón son como los huevos Kinder, un juguete envuelto en chocolate que esconde una sorpresa.
Lo primero que te pide la greguería es que juegues con ella, que te rías, que pilles la broma. Luego te das cuenta de que está cubierta de chocolate y que se pueda saborear, tan intensamente como el chocolate. Y al final, resulta que descubres que venía con sorpresa, que detrás de una frasecilla aparentemente inocente y casi infantil, puede esconderse una reflexión tan potente y tan grande como un camión.
Creo que todas las que has puesto pueden ser buenos ejemplos de lo que digo, pero me gusta especialmente la última: "Estamos mirando el abismo de la vejez y los niños vienen por detrás y nos empujan." ¡Impresionante! Rectifico: las greguerías son mucho mejores que los huevos Kinder.
¡Saludos!
Antonio
25 jul 2009 | 08:45 AM
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