Nel mezzo del cammin di nostra vita
Aún albergo cierto temor a ponerme manos a la obra y sumar un nuevo post de este blog. La razón: quizá sea simplemente el estío, que adormece. Lo cierto es que me siento extraño. No mal, sino extraño. Y parte de la culpa la tiene la, ya por fin, sosegada toma de conciencia de ese medio camino de mi vida. La esperanza de vida del hombre occidental sobrepasa, al menos en el primer mundo, los ochenta años. En otras épocas sería ya un viejo, y ahora estoy “en la flor de la vida”. Lo curioso es que Dante escribió los tan famosos versos (o al menos los inició) con una edad similar a la mía, año más, año menos, pero no fue precisamente el medio de su vida, pues murió con sesenta y pocos años. Así que más parece que hiciera un ejercicio poético (evidente, claro está) que una descripción de lo que sentía con esa edad. Me cuesta creer que a los cuarenta años se sintiera joven, tanto como todavía me cuesta escribir que yo tengo esa misma edad. Sé que parecerá irrisorio, con todos los problemas que tiene el mundo, pero debemos ser conscientes de que el mundo tal y como lo conocemos empieza y termina en nosotros mismos, y salvo error de cálculo ateo o broma existencial, nuestro mundo termina cuando exhalemos el último aliento, y os juro que los cuarenta años (y los estragos de la edad, que haberlos hailos) es un momento muy propicio para darle vueltas a ese momento, hay que joderse.
Estoy en deuda con este blog, pero ya advertí hace tiempo que las cosas tenían necesariamente que cambiar. Tengo la cabeza ocupada en demasiadas cosas, y la perspectiva de las vacaciones me hace ser más vago aún de lo acostumbrado. He conseguido, incluso, ponerme a ratos a escribir en serio, y, maldita sea, no lo recordaba tan endiabladamente difícil. Digamos que atravieso una de esas etapas, y suerte tenéis, queridos lectores, de no tener que soportar un ataque de furibunda melancolía.
En fin, seguimos aquí, de nuevo en tránsito. Esto no es una despedida vacacional, pero no esperéis grandes dispendios de aquí al 8 o 9 de agosto. Aunque, bueno, algo caerá, eso es seguro.
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