Larra y el Museo Romántico
Hoy lo he escuchado en la radio, y lo cierto es que resulta curioso que no lo mencionara en estas páginas a su debido momento, pero en fin, así son las cosas. Quizá fuera que los idus de marzo hicieran de nuevo de las suyas, pero se me pasó recordar una fecha clave en el imaginario madrileño: el duocentésimo aniversario del nacimiento de uno de sus hijos predilectos por muchas razones, don Mariano José de Larra.
Pues bien, como oportunamente me han recordado esta mañana, los próceres a los que compete el asunto pusieron al más alto por testigo de que este año, este año sí, se iba a volver a abrir al público, con motivo de ese aniversario, uno de mis museos más queridos, el Romántico de Madrid, sito en la calle San Mateo 13, y que lleva cerrado luengo tiempo, más concretamente desde 2003, con esa excusa eufemísitica de que se están llevando a cabo "obras de acondicionamiento" de un
edificio que ya ha sido "acondicionado" tantas veces desde su inauguración como museo, allá por 1924, que resulta irrisorio recordarlo.
A pesar de que los expertos en museística imagino que se llevaban las manos a la cabeza entre sus muros, yo recuerdo su atmósfera, su crujiente suelo, sus vitrinas, su aire de salón de baile decimonónico, el ligero olor al rancio de las cosas congeladas en el tiempo, sus cuadros (con especial recuerdo, y ya han pasado por aquí alguna vez, a la Sátira del suicidio romántico y la Sátira del suicidio por amor, ambos de Leonardo Alenza) y su pistola con la que se suicidó Larra (¡tan pequeña!). Pero todo eso son recuerdos, y mucho me temo que más me pueda el miedo de ver cómo lo han dejado cuando lo reabran que las ganas de verlo reinaugurado. Tanto me sé el cartel que reza esas obras de reacondicionamiento de la puerta que no me creo que algún día se vuelva a reabrir. En cualquier caso, al Ministerio, que es al fin y al cabo a quien compete, le quedan sólo cuatro meses para lograr aprovechar la oportunidad, ya que no fueron capaces en su momento, pero mucho me temo que les traiga sin cuidado.
En este Madrid nuestro, que, por mucha modernidad con la que se le quiera vestir, sigue siendo de charanga, pandereta y zarzuela (Dios nos la dé todos los vera-nos de la Villa, amén), no queda sitio para las cosas añejas que no den dinero. O al menos no corren demasiada prisa.
Os dejo con las palabras del maestro:
Muchas cosas me admiran en este mundo: esto prueba que mi alma debe pertenecer a la clase vulgar, al justo medio de las almas; sólo a las muy superiores, o a las muy estúpidas, les es dado no admirarse de nada.



1 comentario
http://www.revistadearte.com/2010/06/09/el-museo-nacional-del-rom...
17 jun 2010 | 11:38 AM
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