Red-dependientes
Esta mañana un fallo en el sistema ha dejado a buena parte de mi empresa sin red, es decir, sin acceso a internet ni a intranet, lo que, en mi caso y en el de muchos de mis compañeros, supone quedarse de brazos cruzados. Lo curioso del tema es que la cosa es aún más frustrante, pues cuando, por ejemplo, se va la luz, sabes que no hay nada que hacer; sin embargo, cuando puedes encender tu ordenador, esa ventana que te conecta al resto del mundo, y no puedes abrir el cristal, pues no hay acceso a la red, todos esos "olores cibernéticos" se quedan al otro lado, y sólo puedes dedicarte a tareas secundarias (repasar algún documento interno, preparar una labor futura y, sobre todo, limpiar la mesa de papeles, que buena falta le hacía), a meros remedos de olores, esperando a que la ansiada conexión vuelva y tu pituitaria digital se ponga loca de contenta. Sin embargo, no volvió en toda la mañana, por lo que la extraña sensación ha durado toda la jornada.
Observando esa moderna y espaciosa oficina (en la zona en la que yo trabajo la altura de techos es enorme) no he tenido más remedio que acordarme de aquella en la que trabajó mi padre durante más de treinta años, con sus tremendas mesas de metal, sus pesadas máquinas de escribir, aquellas calculadoras inmensas que tan curioso y rítmico sonido producían al apretar el botón de "sumando"... Aquellas oficinas donde se fumaba mucho y se era siempre muy serio, donde el jefe era un ser aislado e inasequible escondido en su despacho, y los compañeros no sabían vivir sin un espíritu competitivo y hosco. Oficinas mal iluminadas, mal ventiladas y feas (con esa fealdad que sólo se ha podido lograr con el estilismo de los sesenta y setenta), que están tan alejadas de estos pulcros, luminosos y funcionales centros de trabajo como los trenes de alta velocidad a las viejas máquinas diesel.
En aquellas paredes sucias de humo de tabaco, y ante esas persianas ennegrecidas, se encierran muchos recuerdos de mi infancia. Mi padre solía tener guardia, pues era encargado y tenía que atender las posibles demandas de servicios. Aunque, claro, sabiendo cómo era mi padre, e
s muy probable que fuera allí porque su adicción al trabajo le hacía estar más cómodo que en casa. Recuerdo perfectamente cómo me dejaba sentarme en una de esas inmensas mesas de la oficina, vacía en ese momento, donde soltaba mis clips preferidos y me montaba la película propia de los niños que gustan de jugar solos. Y, a la hora de marchar, solía producirse uno de los episodios más mágicos que recuerdo de mi infancia: mi padre me llevaba hasta un gran armario que, al abrirse, dejaba al descubierto un tesoro de cuadernos, lápices, rotuladores, gomas de borrar, bolígrafos, reglas, sacapuntas y demás material de oficina. Lo recuerdo como si el armario al abrirse refulgiera como si tuviera una intensa luz interior. Mi padre, ante mi mirada absorta, me decía "sólo puedes coger dos cosas", y yo me debatía entre los nervios de poder acceder, aunque fuera en una pequeñísima parte, a ese tesoro y la frustración de ver tan exiguo mi trofeo.
Ahora, que somos red-dependientes, nos parece tan distante esa oficina "analógica" que choca pensarlo. No sabemos, no sé vivir sin el apoyo de internet. ¿Gran hermano? No lo sé, pero, desde luego, un axioma fundamental es que lo que más nos divierte puede ser también con lo que más no aten. Ellos lo saben, y nosotros también. Yo mientras prefiero recordar aquellas gomas de Milán, blanquísimas e inmaculadas, a las que daba pena infligir una sola muesca en su prístina superficie.
En fin, nostalgias de septiembre.

6 comentarios
Así es, vivimos red-dependientes. En días en los que falla la conexión al mundo digital cuesta creer que hace una década raro era quien ya tenía cuenta de correo electrónico. ¿Cómo lo hacíamos antes? Casi hay que hacer un esfuerzo por recordarlo, pero lo cierto es que antes nos parecía que la sitiuación era perfectamente sostenible y hoy, sin embargo, un apagón nos hace preguntarnos casi en un un grito: ¿y ahora qué hacemos!
16 sep 2009 | 11:27 PM
Al leer tu articulo me han venido a la cabeza dos cosas: 1.- Yo he pasado por esa situación varias veces -me refiero al apagón informático- y 2.- Recuerdo a mi padre ofreciendome la posibilidad de tomar de su escritorio algo del material que recopilaba, creo que solo con la intención de sentir aquello que esa circunstacia desperatba en nosotros.
Pero, al mismo, tiempo me he preguntado,¿qué has hecho tu en los momentos de apagón? Y por más que lo intento nunca me he encontrado ocioso. Siempre he encontrado algo que hacer. Es más, creo que han sido los momentos en que más he hablado con mis compañeros. Así que no hay bien que por mal no venga. Algo que desgraciadamente y debido a la Red.dependencia estamos dejando de lado, las relaciones personales con nuestros compañeros de al lado.
Yo de vez en cuando y siempre que puedo APAGO EL ORDENADOR.
Saludos cordiales
17 sep 2009 | 01:28 AM
Disculpa, Absorto en mis recuerdos un olvido imperdonable: Felicitarte por tu post
Firmado: Alguien que todavia sigue utilizando agenda de papel
17 sep 2009 | 01:31 AM
Amén, Marta, amén...
Gracias por los elogios, José. Yo también uso una agenda de papel, aunque a decir verdad nunca he utilizado la agenda mucho...
Gracias a ambos por pasaros por aquí.
18 sep 2009 | 11:44 AM
...como me gustaban la gomas de borrar! bueno y todo el material escolar sin estrenar... todavía ahora cuando entro en un "todo a cien" toqueteo las gomas, los rotuladores y pinturas, y abro los estuches con muchos compartimentos !! En una papeleria me corto más porque tampoco es plan de que el dependiente me tome por loca...
Saludos querido Polidori !!
18 sep 2009 | 03:30 PM
Tenéis razón, vivimos red-dependendientes. Aunque, como Jose dice, siempre hay alguna cosa que hacer, inventar o simplemente, recordar que somos humanos y que hay otra forma de relacionarse aunque sólo sea durante los apagones.
20 sep 2009 | 12:05 PM
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