La Coctelera

Las manos en los bolsillos

Un día histórico en la red española

Hace unos días Fogonazos, el blog de Antonio Martínez que sabéis que tiene muchísima aceptación, nos habló de la última maravilla de la red: la posibilidad de visitar, a través del "street view" del Google Maps, nada más y nada menos que Pompeya y Stonehenge. En el caso de la primera es importante porque al fin y al cabo no todos los días se tiene la suerte de estar ante esa maravilla de la arqueología mundial (yo en cuarenta años, de hecho, aún no he tenido la oportunidad de visitarla, y no sabéis lo que me arrepiento de ello), pero en el segundo caso hablamos de un monumento que tiene un acceso muy restringido y que es imposible, a no ser que seas un tipo con verdadera suerte, que puedas ver de cerca (de hecho, pasas "cerca" de él, pero siempre a unos prudentes veinte metros, como podéis ver en la captura siguiente, con vigilante incluido; o al menos así lo recuerdo yo).

Todo el mogollón que se ha montado estos días con el asunto del famoso anteproyecto de ley me ha hecho dar un paso atrás y mirar todo no sólo como parte integrante de la primera parte, sino como mero espectador del fenómeno. Se ha dicho, y no con cierta razón, que el anteproyecto, de llevarse a cabo y convertirse en ley, podría llegar, en España, a cerrar sitios de una importancia tan impactante como la wikipedia o spotify. Y sé que es una exageración, pero el mero hecho de mencionarse, o el mero hecho de que la libertad de elección pueda ser cercenada por un gobierno democrático suena tan, tan grave que no me extraña que se haya montado la que se ha montado.

Y, en fin, echando la vista atrás, como saben que suelo hacer mis lectores, pienso en el vértigo que da todo esto, de lo que supone hoy día internet, esa cosa con ese nombre tan anglo y con ese peso ya en nuestras vidas. Como dice Rosa María Artal en su periscopio (y con esto hago otra cosa típica de la red, la referencia, que en este caso, a su vez, he llegado a ella a través del twitter de escolar.net; espirales propias de la cibercosa), cada vez son menos los que dicen eso de que "no sé qué es eso de internet", ni "eso de los blogs". Aún recuerdo meridianamente cómo una prima mía y yo mismo discutíamos acaloradamente con uno de mis tíos sobre que "eso de internet" jamás cambiaría el sistema de ventas del mundo mundial, porque nadie iba a comprar "a través de la pantallita", pues eso era una locura. Mi tío, el no creyente, es hoy el que me dice que busque cosas por internet, que seguro que las encuentro, o las encuentro mucho más baratas...

Es, en definitiva, absurdo continuar hablando, como dice también Artal, de "nuevas tecnologías". La expansión de la red va mucho más allá de lo que muchos aún quieren ver. Hoy mismo os escribo esto para los que me conocéis y para los que no, tomando como bueno este juego de identidades que me da el escribir bajo pseudónimo, lo que en sí ni es ni bueno ni malo, sino una más de las increíbles posibilidades que ofrece la red. Y es, además, un anonimato que sin embargo, y sin mediar ningún ánimo, ni de lucro ni de ningún otro tipo, ha permitido que se haya hecho clic sobre mi página en más de ciento veinte mil ocasiones. Esa es la magia de la red, y quien no quiera verlo, quien pretenda ponerle puertas a este campo inmerso, va a darse de bruces siempre con la misma realidad: esto es mucho más grande que ellos, y el tiempo lo dirá.

Será incluso, si las cosas avanzan como debieran avanzar, el nacimiento de un nuevo modo de pensar que, a lo mejor, y quiera el demiurgo que eso sea posible, arrastre todo el fango de lo enquistado y lo casposo. Quizá sea, pues, el nacimiento de un nuevo orden, de un orden utópico y esperanzador: el de una sociedad que se rija por lo que todos queremos, no por lo que cuatro que se sienten dueños de la conciencia colectiva crean. Así que eso de las descargas ilegales es una simple cortina de humo: los que tienen o ansían el poder no parar mientes en cercenar todo aquello que huela remotamente a libertad individual o individualismo, en un mundo en el que lo que vende es la borreguez, la línea bien definida y preclara. Pero la red supuso ya una verdadera revolución hace diez o quince años, y nada ni nadie conseguirá pararla.

Esa jornada en la que por primera vez "representantes" de la red (la lista de Sinde) se reunió con la ministra fue un día histórico. Suena pueril y tópico, pero todos nos vimos de algún modo representados aquel día. Para mí fue realmente especial, porque además coincidía que me estrenaba en twitter, y qué mejor estreno. Si de algo peca este blog es de romántico, así que cómo no iba a sentir que mis quijotes luchaban contra gigantes, para incluso darse cuenta al final de que las aspas no eran aspas, sino verdaderos brazos de gigante. Fue emocionante, y así lo quiero recordar.

Nota: algún día de estos hablaré de la piratería. Lo prometo.

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