Resurrección
Entre escombros, polvo y sangre, cuerpos sanos se afanan por buscar en cada rincón, luchando contra el reloj. Una semana es demasiado tiempo, pero hombres como castillos uniformados escudriñan con perros y sus propios sentidos el amasijo retorcido de algo que un día fue un edificio y ahora nos es más que eso, escombros, polvo y sangre. Ese contraste entre la fortaleza y la supervivencia suele traer buenas noticias en forma de niños o jóvenes rescatados de los restos después de varios días entre tierra y lamentos de malheridos. Afortunados que aguantan contra toda esperanza y que, cuando pasa el tiempo, sólo pueden escuchar en el silencio su propia voz que grita pidiendo auxilio. Pero rara vez ocurre el milagro con una anciana, de casi setenta años y que ya tiene nombre: Ena Zizi, refugiada en una iglesia y que ahora, contra todo pronóstico, respira y saldrá de ésta con heridas que sanarán en el cuerpo, pero con el miedo y el horror taladrados en el cerebro de por vida. Pero hoy está viva, gracias a unos rescatadores (esta vez mexicanos, como los hay españoles, estadounidenses, o de cualquier otro rincón del globo). Su grito es un grito de esperanza ante la destrucción y la catástrofe. Es el colofón a este infierno, y el principio de una larga marcha hacia un futuro incierto para esta mitad de una isla del Caribe.
(Foto de El Siglo de Durango. Vídeo en Cope.es.
Polidori abandona Haití. Debe hacerlo. La vida sigue, y este blog también.



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