La Coctelera

Las manos en los bolsillos

La teoría del embudo

Los motivos no siempre vienen al caso, pero todos, en un momento dado de nuestro periplo existencial, pasamos por una etapa en la que estamos superados por los acontecimientos. Para estas ocasiones suelo rememorar la teoría del embudo, esa que dicta que cuando tienes una presión tremenda en tu cerebro por la importancia de las cosas que "pasan" a tu alrededor, tiendes a apretar la perspectiva que percibes del mundo hasta tal punto que creas un embudo que constriñe la realidad y la destila, tomando sólo aquellas cosas que, o bien sean estrictamente necesarias (para llevar a cabo las tareas cotidianas mínimas, por ejemplo) o bien sean oportunas para el momento psicológico al que te enfrentas.

La realidad en toda su extensión, el cúmulo tremendo de estímulos que provienen del mundo exterior y que afectan a tu cuerpo y mente, no puede ser asimilada cuando estás sometido a dicha presión, y así tu cuerpo suele ser visto por tu propia mente en un plano distinto de lo habitual, y suele darse aquello que en los pacientes esquizofrénicos se acentúa ad nauseam, pero que en pacientes sanos suele entenderse como un simple "alejamiento de la realidad" que hace que te sientas un titiritero de tu propio cuerpo, a pesar de que éste esté dando señales de alarma como un loco (con síntomas parecidos a los de la gripe, que es a lo que te agarras, cual clavo ardiendo, para intentar dar una explicación a la situación).

Todo esto es, evidentemente, una psicosomatización de un estado de alteración nerviosa, producido simplemente por el estrés al que se está sometido por dicha circunstancia. Y todo eso se sabe, y se intenta actuar en consecuencia (con ejercicios de respiración, o achuches de auto-ánimo frente al espejo), pero joder, cuánto cuesta tirar de ti mismo en tales circunstancias...

Nuestros abuelos dirían que ¡zarandajas!, lo que pasa es que somos unos blandos, unos "hombres blandengues", que diría El Fary. Y puede; es más, es muy probable que así sea, pero ya me gustaría a mí verles en estas tesituras "modernas". Demasiado a menudo idolatro la sencillez en este complicado mundo, pero, en definitiva, es el que me ha tocado vivir, y por eso no hay más remedio que joderse, aguantarse y tirar para adelante.

Ante estas circunstancias, no queda más remedio que apelar al descojone...

Escribe un comentario