La Coctelera

Las manos en los bolsillos

Así que pasen cinco años

Por mi trabajo, y por las vueltas y revueltas que ha dado (y tendrá que dar) este blog, sabéis que me muevo siempre entre efemérides, alguna alegres, y otras vitandas. El lento paso del tiempo, que se torna vertiginoso en cuanto te detienes a pensar las cosas que pasan no ya en un día, ni en una semana, sino en el transcurso de los años; se demuestra siempre deudo de las celebraciones y festejos conmemorativos, aunque bien sepamos que el tiempo, el calendario, es una convención humana que inventamos para que no fuese más caótica aún nuestra singladura por este mundo. Cada año tenemos motivos para pensar que somos realmente unos supervivientes, añadiendo más dígitos a nuestra edad, y al margen de las efemérides más o menos oficiales, todos guardamos las nuestras. La fecha en la que iniciamos la relación con nuestra pareja, una boda, un nacimiento o simplemente el día en el que decidimos hacer algo que cambió nuestras vidas.

Hoy hace cinco años (todo un lustro ya) desde que muriera mi padre, y cuatro años, por tanto, de que escribiera esto en una jovencita aún Coctelera.

Este tiempo lluvioso ayuda a procesar la melancolía de tantos y tantos recuerdos que tengo de él. Al fin y al cabo, ya nunca jamás podrás ser el mismo cuando pierdes tu referente generacional. Y gracias al demiurgo, mi madre está estupendamente, con sus setenta y cinco años recién cumplidos, pero aquel 25 de febrero de 2005 perdí algo por el camino que no he sido capaz de encontrar, y sé que jamás seré ya capaz de encontrarlo. Por todo eso, por tantas y tantas cosas, elevo de nuevo mi copa por ti, mi querido padre, y susurro al viento que te echo mucho de menos, tanto que duele, y que te tendré siempre presente, viva los años que viva.

Y perdonadme, mis queridos lectores, este arrebato personal. En días como hoy se hace más necesario que nunca.

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