La Coctelera

Las manos en los bolsillos

Realidad suicida (Miguel Delibes, in memoriam)

La Tierra da vueltas mientras nosotros nos seguimos empeñando en avanzar en esta loca carrera a ningún sitio. Bien, es ésta una forma como otra cualquiera de comenzar un análisis de la realidad, toda vez que este invierno está haciendo de las suyas más tiempo del esperado. Los idus marcean, cuando parece que este mes está siendo el marzo impredecible que debe ser, y aquí este blogger está viviendo acontecimientos en su vida trascendentales y de los que el pudor y la privacidad condicionan las ganas de gritar a los cuatro vientos alguna que otra cosa. Pero no es el momento, y sí el de hacer hincapié en alguna noticia que sobrevuela tragedias en el continente americano de sobras conocidas por todos vosotros. No ando con mucho tiempo para casi nada, así que extenderemos la vista al horizonte como método eficaz para no dejarse sobrepasar por una realidad repleta, como pocas, de eventos y efemérides. Vamos, pues, allá.

Y es que no deja de ser curioso que nos despertáramos el lunes con la coincidencia de ser el Día de la Mujer Trabajadora (sic) justo cuando salta a los rotativas la noticia de la primera mujer que gana el Oscar a la mejor dirección (con una película controvertida que, por cierto, Trueba ha puesto de vuelta y media). Kathryn Bigelow, pues, ha sido la primera afortunada en conseguir el galardón, algo que en sí es una buena forma de celebrar semejante fecha. Son notas curiosas en ese inframundo que es Hollywood, y esperaremos a ver la peli para opinar. Aunque para mí la triunfadora ha sido una Sandra Bullock que ha tenido los ovarios (y el humor) para recoger el Razzie a la peor actriz justo antes del día en el que consigue su primer Oscar. Puede criticarse mucho su trayectoria (pero mucho) y su valía, pero ese momento ante los atónitos miembros del jurado de los Razzies ha sido impagable. Un aplauso para ella, desde luego.

Y no puedo dejar de mencionar a Dulcinea, la entrañable perra que veló durante quince días a su pareja atropellada. Es una historia tan commovedora que no puedo por menos que mencionarla.

Y no quiero olvidarme del día en el que, por unos momentos (puñetera prensa sensacionalista) pensamos estar ante el mayor acontecimiento filológico en décadas: nada menos que saber que el Lazarillo no es anónimo. Pero un análisis más sosegado y una consulta a un buen amigo experto (de los de verdad) en el tema puso los puntos sobre las íes. La cosa está en la más absoluta de las cuarentenas, a la espera de saber qué es lo que realmente nos depara el libro que está a punto de salir. Eso sí: al menos nos llevamos para el cuerpo el notición de que un personaje tan fascinante como Diego Hurtado de Mendoza sea el corrector de una de las obras capitales de la literatura española. Ahí es nada...

Pero todo este post no deja de ser una excusa para mencionar un tema que sí que realmente me ha estado dando vueltas en la cabeza de todas las formas posibles: gracias a un rápido repaso a las estadísticas del INE, y teniendo en cuenta que estamos de muy enhorabuena porque las víctimas mortales en nuestras carreteras descienden su número a pasos agigantados (vivirlo para creerlo), se ha dado la circunstancia (cágate lorito) de que la actual primera causa de muertes "externas" (es decir, cuyas causas no son enfermedades ni motivos más o menos naturales) es, nada más y nada menos, que el suicidio (ver noticia). Jooooder. No puedo por menos que recordar un post que hice hace poco tiempo, y me reservo el tema para tratarlo con más profundidad, aunque como adelanto puedo decir que somos otro de los países hipócritas que mira a otro lado ante la verdad desnuda de que el suicidio está mucho más presente en nuestras vidas de lo que nos imaginamos, y eso es algo que da mucho que pensar.

Y, por último, pero claramente más importante, no puedo dejar de cerrar este post con la noticia con la que nos desayunábamos esta mañana, y que ha sobrevolado todo este día de manera omnipresente, a pesar de que, creedme, ha sido un día con demasiadas emociones como para poder afrontar esta noticia con toda su viveza: ha muerto Miguel Delibes. Y entre todas sus obras maestras voy aquí a recordar dos que me hacen temblar sólo de rememorarlas: Los santos inocentes y Cinco horas con Mario. De la primera tengo frescas en la memoria su texto y la magnífica adaptación cinematográfica que hiciera Mario Camus en 1984 y que contara, entre otros monstruos de la interpretación (en un estado de gracia abrumador), con Alfredo Landa, Agustín González, Juan Diego, Terele Pávez y el espectacular Paco Rabal y su "milana bonita". Os dejo un impresionante fragmento como recuerdo:

Y de la segunda, qué decir... Mi querida amiga Cris, en aquellos tiempos despreocupados de la facultad, gustaba de ver de vez en cuando una de las muchas interpretaciones que Lola Herrera hizo de la Carmen en un papel que siempre va a ser sinónimo de esta enorme actriz. Y yo una de las veces le acompañé, hace ya demasiado tiempo como para recordar una fecha exacta. A mí no me atraía demasiado la obra, hasta que fui a ese teatro y me quedé epatado con lo con que vi en escena. Es uno de los grandes recuerdos de mi juventud, y ahora viene de nuevo a mi memoria como homenaje a uno de los más grandes que también se nos ha ido (con la cantidad de hijos de su madre que quedan vivos). Por ti lloramos, Miguel, y ya te estamos echando de menos.

Muchas cosas, y casi ninguna buena. Peste de tiempos que nos ha tocado vivir.

1 comentario

  1. pitry

    "Al palpar la cercanía de la muerte, vuelves los ojos a tu interior y no encuentras más que banalidad, porque los vivos, comparados con los muertos, resultamos insoportablemente banales"
    Miguel Delibes.

    Aquí en su ciudad, donde siempre quiso estar, se le llora y se le echa de menos, sintiéndonos un poco huerfános... Que triste no verle más pasear por el parque del campo grande, con gesto satisfecho, con discreción, con humildad... nos queda su recuerdo y sus obras, gracias don Miguel.

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