La Coctelera

Las manos en los bolsillos

Duke at Newport y el Cifu

Revisitar. Es bueno cuando de la realidad poco se puede sacar. Es bueno desempolvar viejos tesoros para volver a paladearlos cuando los tiempos se vuelven aciagos.

Pero realmente no sé qué quiero hacer primero, si revisitar un clásico entre los clásicos o hablar de cómo reinterpretan (y disfrutan) los más insignes los mejores tesoros. Porque momentos míticos de la historia de la música, y sobre todo del jazz, los hay, y muy grandes, pero éste que os acerco es grande por muchas
razones. Primero, porque estamos hablando del viejo Duke Ellington, indiscutiblemente uno de los enormes de la historia del jazz, y uno de los últimos grandes nombres de un estilo que ocupó muchas décadas de la historia de la música, y que desapareció por todo lo que vino después: el de las grandes bandas.

El jazz, más que ninguna otra música, tiene una primera ventaja: el que cualquier oyente, sea profano o duchísimo en la materia, pueda disfrutar de una audición independientemente del conocimiento que se tenga de ella. El experto explorará los rincones para paladear esa redonda o esa semicorchea, o el modo en el que aquel baterista o saxofonista coloca las manos para tocar y su "buen pito" en los solos; pero el profano tomará todo el conjunto y lo deglutirá con fruición y a grandes bocados, tomando el todo como una parte y relamiéndose después como león satisfecho del Serengueti tras una buena caza. Y encima, si lo desea, no parará de bailar o dar saltos.

Empero, este concierto es grande por más motivos. Es un acontecimiento histórico, reseñado en todas las antologías del jazz y de la música del siglo XX en general, y del que tenemos la grandísima suerte de conservar una grabación de una calidad más que aceptable para ser un directo del año 56. Es ya famoso el momento bajo que atravesaba el viejo "duque" a mediados de la década de los cincuenta, cuando el momento de las big bands estaba tocando a su fin, o al menos estaba en franco declive. Duke tenía serías dificultades económicas, pero su temperamento y su orgullo, heridos, estaban dispuestos a dar un golpe de efecto que no sólo fuera destacado por los críticos musicales de los periódicos que tanto le vituperaban, sino por toda la prensa, a la que quería tener a sus pies. Y con estos antecedentes se presentó con su banda en la coqueta (eso cuentan las crónicas; yo no tengo el gusto de conocerla) localidad de Newport, en Rhode Island, en un festival nacional que llevaba muy poco en activo, pero que gozaba ya de una enorme reputación. Y allí Duke y sus "chicos" la liaron parda. Es famosérrimo el momento en el que el saxo tenor Paul Gonsalves, en un momento de locura colectiva, llegó a dar veintisiete redondas consecutivas durante el clímax de "Diminuendo and Crescendo in Blue", uno de los momentos, sin duda, más increíbles de la historia del jazz. Y sabéis lo mejor: que el "Duque" lo sabía, y se le oye perfectamente en el directo, jaleando desde el piano a Gonsalves, especialmente cuando una espectadora no pudo aguantar más y se puso como una loca a bailar desenfrenadamente delante del escenario. Un momento inigualable que pasó doce años antes del mayo del 68, y trece antes del mítico Festival de Woodstock. No hace falta decir más.

En fin, lo que pasó allí fue tan extraordinario que quiero que sean voces infinitamente más autorizadas que la mía quienes se encarguen de narrarlo. Y aquí entra el siguiente actor de esta pieza: Juan Claudio Cifuentes, "Cifu", uno de los más grandes del jazz hispano, y no es un músico. Todavía en activo a sus sesenta y nueve años, con dos programa en Radio Nacional: A todo jazz y Jazz porque sí. En este último hace poco revisitó de nuevo el famoso concierto. Y digo "de nuevo" porque ya lo hizo hacía unos meses, pero ahora, para disfrute de todos, lo ha vuelto a subir a la red en formato podcast en un solo programa de dos horas.

Aquí lo tenéis:

Programa especial: Duke Ellington en el Festival de Newport de 1956 (Jazz porque Sí)

Y, al modo de Halón disparado, como bola extra va un vídeo del tutubo con los protagonistas contando cómo fue la cosa. Imprescindible:

Que disfrutéis en este domingo más domingo que ninguno. Y de paso, y en otro orden de cosas, echad un ojo al último disco del dandy por excelencia del actual pop inglés, Neil Hannon y sus The Divine Comedy. Si estáis nostálgicos escuchad "Had you ever been in love". Me lo agradeceréis...

Polidori dixit.

2 comentarios

  1. torombolo

    Llevo desde ayer con un ataque de Glenn Miller increíble. Junto con él, Benny, Duke, Count y Frank eran fijos en las selecciones musicales de mi casa desde la infancia hasta que me independicé. Cada vez me doy más cuenta de lo afortunado que fui en ese aspecto, lo malo es no tener a quién agradecérselo ahora.

  2. Tú bien sabes a quién tienes que agradecérselo. Aunque supongo que qué mejor agradecimiento a su memoria que reconocer ahora la suerte que has tenido.
    Abrazos

Escribe un comentario