Gervasio Sánchez y el porqué del basket yugoslavo
Los que somos aficionados (o fanáticos) de esto del basket sabemos que el área de los Balcanes es un territorio que ha dado una excelentísima y extensa nómina de grandes jugadores (y sólo por mencionar uno mentaremos al croata Dražen Petrović, que el demiurgo tenga en su gloria). Asimismo, todos sabemos que esa zona del mundo es una de las más convulsas que han existido (con el permiso de Afganistán, por supuesto), y que la antigua capital de Yugoslavia, Sarajevo, fue duramente castigada en lo que se considera el asedio más largo a una ciudad de la historia de la guerra moderna (casi cuatro años). Si juntamos, pues, el basket y la guerra, y metemos en la coctelera a un enorme fotógrafo y periodista como es Gervasio Sánchez, obtenemos este resultado: una instantánea tomada durante el asedio antes mencionado, en octubre de 1993, y recordada con buen tino por el interesante proyecto Fronterad:

Sólo un niño de los Balcanes es capaz de tirar con tanto estilo a canasta con las balas silbando a cien metros de su cabeza.
En fin, estentoreidad de ententoreidades, ahora que todo es fútbol. Y cuando algunos (que nos alegramos, no se crean) aún no nos hemos repuesto del asombro de que los vecinos de la capital se hayan tomado el triunfo de la selección española de fútbol en octavos como si fuese la final. Nosotros, los del baloncesto, lo vivimos con tanta intensidad cuando la cosa se pone en semis. Será por eso que somos distintos.



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