Verano asintomático (y 2)
Vuelta al cole. Y como tal vuelta al cole, primero mojar la oreja a El Corte Inglés: maravilloso cartel de niños sonrientes y pizpiretos, todos de uniforme, y ninguno con facciones que dejen lugar a dudas sobre su origen ibérico; vamos, desde luego un vivo ejemplo de la realidad de todos los días, pues en los colegios no existe inmigración ni niños feos, ¿no? ¿O es que realmente no les importa hacer notar que sus clientes son de un determinado estatus social, económico y racial? Los carteles están por las calles; juzgad vosotros mismos...
El onanismo está bien, pero con el coito conoces gente. Las piscinas están bien, pero donde esté la playa que se quiten las acequias. Y si la playa es como deberían ser todas, en la que se mezclan nudistas y vestidos, mejor que mejor. Yo no tomo el sol en pelotas, y menos me baño, por cuestiones higiénicas (o pudorosas y culturalmente higiénicas, debería decir), pero me encanta que cada uno haga lo que le entre en gana. Claro, que la cosa era en Cataluña, en la recoleta y hermosa playa de Caldes d' Estrac (conocida como "Caldetas", adonde iban a veranear los esnobísimos miembros de la "Gauche Divine"), y ya se sabe que Cataluña es Cataluña. Tan es así que, antes de una cena con amigos, vimos a dos individuos en pelota picada (bueno, en chanclas, exactamente) bajando por la Gran Vía condal. Y, hombre, digo yo que todo eso está muy bien, y me dejo arrastrar por las carencias propias de mi educación judeocristiana, pero... ¡qué necesidad!, ¿no?
Otra cosa portentosa que he visto este verano, y que marca mi condición de urbanita frente a los cada vez más avanzados miembros del ámbito rural (ya se sabe: menosprecio de corte y alabanza de aldea), sublimados en ese fastuoso programa llamado Granjero busca esposa, ha sido nada más y nada menos que una máquina expendedora de leche fresca (uperisada y todo, no os creáis) en el barcelonés pueblo de Caldes de Montbui. Lo que os cuento: una máquina en la que podías comprar un envase, de plástico o de cristal, o traértelo de casa, y rellenarlo con una estupenda leche recién ordeñada, fresquita y riquísima, con decidido sabor a leche de vaca, de aquellas de las que bebíamos cuando éramos niños. Sé que no debe de ser nada nuevo, pero a mí me fascinó, qué queréis que os diga. Tengo pruebas gráficas, pero tampoco hay necesidad de tanto empirismo.
Y, bueno, también puedo decir que nuestra progresiva regresión emocional hacia la niñez nos lleva incluso hasta a llevarnos alguna de nuestras mascotas a la playa, al modo de, por ejemplo, el enanito de Amelie. Bueno, no hace falta que os riáis: bastante lo hicieron ya los afortunados que compartían arena con nosotros. El caso es que esta rana es ya como de la familia, y cómo no nos iba a acompañar para tomar el sol. Mirad qué contenta estaba cuando llegamos a la playa...

Por último, pues este breve período vacacional no ha dado para mucho más, puedo adelantar un tema que tocaré un poco más adelante, cuando procese las fotos. Después de pasar muchas veces por el desvío y no tener tiempo de parar, por fin he hecho algo que tenía muchas ganas de hacer: visitar las ruinas de Belchite. Ahora no os voy a contar mucho porque haré un post especial sobre el tema. Sólo os dejo la primera de las fotos.

Vuelta al cole con el nuevo disco de Arcade Fire. Parafraseando al personaje de Pepe Rubianes, "¡qué queréis que os diga, a mí me ha gustao!". Odio decirlo así, pero me parece un disco más "maduro" (joder, me chirrían los dientes al escribirlo). Es un disco sin estridencias, lo que es asombroso en estos chicos. Sí claro, tienen tres o cuatro temas muy acelerados (incluso un rock'n'roll bastante ortodoxo), como sólo pueden acelerarse ellos, pero podemos considerar éste como un disco "tranquilo", y en ocasiones ciertamente hermoso. Como ya sabrán los fanes, hubo una presentación en el Madison neoyorquino apoteósica, y que si mis fuentes son fiables estuvo dirigida en el aspecto visual por el mismísimo Terry Gilliam (cágate lorito). Y como las imágenes dicen que valen más que las palabras (ellos sabrán), os dejo con un enlace al tutubo. El bailecito de Régine Chassagne es, bueno, pues eso, apoteósico...
Vuelta, pues, al cole. El verano se nos va, con la promesa de un hermoso otoño. Porque todos los otoños son hermosos.
P.S.: De baloncesto, por ahora, mejor no hablamos. Ya nos jode a los aficionados estar tan acostumbrados a lo bueno, y más después de la resaca futbolera. Cruzaremos los dedos a ver qué pasa, porque por ahora no podemos decir que estemos precisamente entusiasmados con la otra "roja".



2 comentarios
Me gustan Arcade Fire (pero qué feos son los hijos de la gran puta), me gusta el último disco, me gusta que disfrutes veraneando por esos mundos de dios, me gusta que hayas tomado leche recien ordeñada (y que encima estuviese fresquita), me gusta la foto de Belchite y me gusta que hayáis vuelto.
Bienvenidos y a ver si nos vemos (que también me gusta)
2 sep 2010 | 01:57 PM
¡Qué casualidad! Ayer, en la estación de Plaza de España, mientras esperaba al tren, me dio tiempo a descubrir que la mitad de los niños del anuncio de El Corte Inglés tenían los ojos claros, y yo pensé: "Joder, esa media no era así cuando yo iba al cole"; ni lo es tampoco ahora, claro que no.
Con esta publicidad lo que extraña es que no haya muchos más traumas...
3 sep 2010 | 02:24 PM
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