Lo malo de la costumbre
Debe de ser muy difícil gestionar el ser hacedor o "desfacedor" de ilusiones colectivas, sobre todo cuando tienes un prestigio que mantener, pero es también muy difícil gestionar la desilusión ante lo que ha pasado en Turquía cuando eres un aficionado. Las ideas que me bullían ayer en la cabeza después de ver entrar ese lejano triple en la canasta española eran nefastas, fruto de la tremenda desilusión del momento, incluso cuando se veía desde el principio del campeonato que ese era el final lógico ante tanto desatino, tanto ir con la lengua fuera durante todo el torneo.
Claro, que ser aficionado a cualquier deporte tiene estas cosas. Sabemos a los que nos gusta eso de diez tíos (o tías) botando una pelota de cuero y lanzándola por encima de sus cabezas para meterla en un aro que este juego es así, y que por eso nos suele gustar mucho a la gente "de letras", pues en la mayoría de los casos la suerte del ganador no depende de estrategias ni controles de tempo muy estudiados, sino que el talento, la fuerza, las ganas, la ilusión y el saber hacer en los momentos decisivos suelen ser los responsables de la victoria en un partido (y más aún en un campeonato). Por eso mismo nos desesperaba no sólo la falta de acierto o la pérdida de la "magia" que había sido la seña de identidad del equipo español en los últimos años, sino el ver al equipo perdido en cuestiones precisamente tácticas, y la desubicación que esto acarreaba, cuando precisamente la táctica debería ser la que facilitara las cosas.
Pero claro, no se puede echar la culpa sólo al técnico, a pesar de que la tiene, y en gran medida, pues los jugadores son, a la postre, los que juegan los partidos, pero todos sabemos que ha habido muchos errores de concepción en este campeonato, además de que ha habido ausencias cruciales que no se han podido (o no se han sabido) compensar como es debido. Y no me refiero sólo a Pau y Calderón (la lesión de este último fue mucho más dolorosa, porque lo de Gasol se sabía de antemano), sino a cuánto se ha echado de menos a Carlos Jiménez, jugador que siempre parece pasar desapercibido, pero que ha sido un 3 fundamental en el equipo que nos ha acostumbrado a lo mejor durante tanto tiempo.
En fin, que me perdonen mis lectores no aficionados este pequeño exabrupto deportivo, pero tienen que entender que en este año "futbolero" sienta aún peor una vuelta atrás en el tiempo de la otra "Roja". Además con el añadido de que en este deporte los campeonatos mundiales obligan a pasar por dos partidos extra, sonrojantes e inútiles, que dilucidan (¿a quién le importa?) los puestos del 5º al 8º, por lo que ahora estamos con el dilema de si encender o dejar la tele apagada, que bien está así.
Estábamos, pues, mal acostumbrados, y ahora la bofetada de realidad es demasiado intensa como para arremeter contra un combinado que tantas y tantas alegrías nos ha dado. El mundo, claro, no se ha parado, ni se ha acabado con el hambre y con las desigualdades sociales, así que habrá que mirar al futuro con esperanza, y procurando no agujerear demasiado el póster de un tal entrenador italiano (y de un comentarista de cierta cadena) con los dardos de la decepción. Pasaremos página sin rencor, deseando que el futuro vuelva a ser brillante, mientras veremos de nuevo la ya mítica final ante Estados Unidos, y aquel mate de Rudy que nos hizo vibrar aquella mañana de verano.



1 comentario
Totalmente de acuerdo... El otro día sufrimos con estos chicos como nunca, creo yo que no tanto por la desilusión de la afición, sino por la desilusión que sufrirían ellos mismos en caso de perder. Mucas veces han demostrado lo que valen y son capaces de hacer, y el otro día Serbia jugo bien y tuvo mucha suerte con los triples, todo hay que decirlo...
Me da pena que hayan perdido no porque ya no sean campeones del mundo (que ya lo son) sino por no poder disfrutar de su juego una semanita más, pero el partido del otro día y su derrota no ha hecho más que confirmar la humanidad de este equipo, un equipo imperfecto que puedo rozar la perfección, un equipo humilde que puede rozar lo soberbio (en su juego), un equipo de personas que pueden rozar la magia... Cualquier otro equipo, según se estaba desarrollando el partido, lo hubiera dado por perdido y se hubiera relajado, sin embargo lucharon hasta el final con un empate a tan solo 3 segundos del fin, por esto a mí no me desilusionó su juego... son grandes en talla y en genio.
Un caluroso saludo Polidori!!
10 sep 2010 | 03:47 PM
Escribe un comentario