La Coctelera

Las manos en los bolsillos

Milésimo octingentésimo vigésimo séptimo

Mil ochocientos veintisiete, mil ochocientos veintiocho si contamos el día de hoy, pues ya es la madrugada del día 22. Ése es, en días, el tiempo que ha transcurrido desde que pusiera mi primera palabra en la blanca pantalla del ordenador e iniciara la andadura de Polidori y sus manos en los bolsillos. Es decir, es el milésimo octingentésimo vigésimo séptimo día que escribo en La Coctelera, que así puesto no dice mucho, pero que escrito en años y en mayúscula sí: CINCO AÑOS.

Cinco años es un lustro, y en un lustro pasan, siempre, muchas cosas. A este servidor le han pasado muchas, pero muchas, muchas. Puede decirse que la vida que llevaba entonces no tiene nada que ver con la que llevo ahora. Han pasado tantas cosas que necesitaría (esperad que lo mire) seiscientos setenta y nueve post como éste, o mejor dicho, tendríais que volver a leer todos ellos, que se dice pronto. Lo cierto es que por julio hice un backup de los contenidos del blog y la cosa, contando toda la morralla de código y todos los comentarios (gracias) que habéis hecho, se me fue a más de dos mil quinientas páginas. Algunos datos más, para no ser más pesado: dos mil ciento noventa comentarios; y analytics me dice que, aproximadamente, las páginas vistas ascienden a casi ciento cuarenta mil. Son datos, simplemente datos, pero son los datos empíricos que ha generado esta página en ese período de tiempo, ni más ni menos. Ni más de lo que puede esperarse de un blog personal sin publicidad ni tema específico, ni menos de los que jamás hubiese pensado que sumaran aquella noche del 21 de octubre de 2005 (pues de noches se ha alimentado casi siempre este blog). Es sólo el producto de los dedos que escriben y el cerebro que piensa, y de los ojos que leen y los cerebros que comprenden. Pura química, y pura magia.

No supe a dónde iba a conducir esto cuando empecé, y no tengo ni puñetera idea de adónde se dirige. Estoy tan sorprendido de que haya llegado hasta aquí como agradecido de saber que hay gente al otro lado. No mucha, o quizá sí, depende de cómo se mire. Una media de setenta y seis visitas diarias, aproximadamente unas cuarenta y cinco en los últimos tiempos. Sí, no es mucho, pero es mucho más de lo imaginable. Si éste fuese un proyecto empresarial (el demiurgo me libre), diríamos que ha sido un completo éxito que ha cumplido, con creces, las expectativas. Pero como no lo es, puedo decir que ha sido un viaje fascinante que aún no ha terminado. Eso no me lo va a quitar nadie.

Estoy haciendo esfuerzos por no ponerme trascendente, ni nostálgico, ni empalagoso, como suele ser mi costumbre. Pienso en las vidas que se han cruzado en el camino, en las que están por venir (de eso hablaremos pronto), y en las que se fueron. Pienso en las chanzas y alegrías, y en las desilusiones y las penas. Pienso en que este alter ego que me sigue acompañando, con el nombre prestado del viejo John William Polidori, ha sido tan criatura como lo fue su lord Ruthven, a veces, como ahora, succionándome la vida y el sueño, pero siempre tan apetecible de retomar como una buena copa de vino tinto con cuerpo y buqué. Bien pensado, no ha sido fácil a veces mantener ese doble juego, esa doble personalidad que necesariamente, al menos por mi parte, necesita un proyecto como éste. Muchos lectores me ponen cara y carne, pero otros no conocen nada más de mí que esto que leen, y en un juego que me gusta (¿os gusta?) jugar. Es inevitable, dado la propia naturaleza de lo que escribo y la suma exponencial de fuentes de información de la nube (forma más cool y actual de llamar a la vieja red), que el número de comentarios sea ya exiguo, pero os sé ahí, a los incondicionales y a los recién llegados; siento, en palabras esotéricas poco propias de mi ser escéptico, vuestra "energía" más allá de la pantalla, y es algo, creedme, muy reconfortante.

En fin, es éste un punto y seguido que hago en el camino para celebrar de nuevo, copa en mano, esta bacanal de comunicación que mantengo con vosotros. Así, pues, quedáis de nuevo invitados a pasar a esta humilde morada donde podéis acomodaos y sentíos a gusto, si es vuestro deseo, por cuanto tiempo quieran los dioses de la existencia mantener esta aventura. Y queda sólo agradecer a los amos de La Coctelera, con todo lo que ha pasado ya desde que abrieran sus puertas, la oportunidad que nos brindan para que sigamos aquí. Firmes ante el desaliento, os invito a continuar el camino, sin echar demasiado la vista atrás. Apuro, literalmente, mi copa de oporto y digo hasta muy pronto.

Siempre vuestro, Polidori.

3 comentarios

  1. K

    Felicidades, viejo. ¡Un lustro en Internet es una cantidad inmensa de tiempo! Y, teniendo en cuenta la cantidad de cosas que han pasado de 2005 hasta aquí, va a ser que también lo es en la vida ;-)

    Por cierto que lo de los comentarios tan pequeño y allí arriba puede estar detrás de su escasez...

    Salud

  2. Muchas gracias, mi querido viejo amigo K (que no mi querido "y" viejo amigo). Efectivamente, un lustro es mucho en internet, tú bien lo sabes. Y en la vida también, tú también lo sabes bien.

    Mira, no se me ha ocurrido lo de los comentarios, no eres el primero que se queja de lo mismo. Es lo que tiene usar una plantilla. Intentaré arreglarlo, pero lo veo complicado.

    Un abrazo

  3. posts

    no le entendi a nada PERO GRACIAS SAQUE 10 EN MATEMATICAS

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