La Coctelera

Las manos en los bolsillos

Gripe

Hay algo insano en pasar varios días sin salir de casa por una gripe, y no lo digo, obviamente, sólo por los síntomas de la enfermedad. Uno se regodea en su insano estado, por lo que adopta un hueco en el sofá, en la cama y, en general, en todos los rincones de la casa con aspecto de aquellos tuberculosos ahogados en toses de ultratumba que iban a curar sus males a los balnearios decimonónicos. Ya se sabe: el mismo jersey, el mismo chandal (quien esté libre de pecado que me atice en toda la frente) y el mismo dolor de riñones durante varios días. Se coquetea con la fatalidad, con aquello de "sí, ya sé que es una simple gripe, pero...", y enseguida se piensa en lo peor, o en cómo debe de ser lo peor.

Aún recuerdo una gripe cruenta que hace un par de años me asustó, antes de "gripes a" y esas cosas, y que me tuvo dos días postrado en la cama con fiebres rayanas con el delirio. Ésta, sin embargo, a costa de ser rara, ni siquiera me ha hecho tener mucha fiebre, sino más bien poca, pero sí un dolor de corvas y articulaciones como ninguna. La cosa parece remitir, y mañana ya volveré a la rutina del trabajo y el frío de la mañana. Se pasó, pues, uno de esos días en los que uno debería estar ocupando su sitio en el entramado social y, sin embargo, se queda en casa observando la vida pasar tras los cristales, viendo en la televisión esas cosas que no da nunca tiempo a ver (en este caso, la serie Cosmos del viejo camarada Sagan) y, en general, perdiendo miserablemente el tiempo.

Ha llegado el horario de invierno, y las gripes, y todo lo demás. Qué bien.

1 comentario

  1. innes

    Así no se levanta un país...

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